
Por Laura Gutiérrez Franco
Para entender el entramado de negocios y presunto influyentismo que hoy rodea a Rodrigo Gutiérrez Müller, es necesario precisar los tiempos y las figuras clave de esta historia. Rodrigo es hermano de la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, quien fuera la esposa de Andrés Manuel López Obrador durante su gestión como Presidente de México en el periodo 2018-2024. Fue precisamente durante esos seis años cuando el estilo de vida y las actividades comerciales de Rodrigo dieron un giro radical, pasando de la discreción en el extranjero a un imperio financiero bajo sospecha.
Antes del año 2018, Rodrigo Gutiérrez Müller mantenía un perfil bajo y residía desde hacía varios años en los Estados Unidos. Sin embargo, coincidiendo con la llegada de su cuñado a la Presidencia, decidió regresar a territorio mexicano para establecer su base de operaciones en la ciudad de Guadalajara. Su incursión en la vida pública no fue a través de un cargo oficial, sino mediante la gestión de recursos públicos aprovechando su parentesco.
El primer indicio de este influyentismo ocurrió en 2019, cuando el entonces alcalde de Tamazula de Gordiano, Jalisco, agradeció públicamente a Rodrigo por acompañarlo personalmente a las oficinas de la Secretaría de Hacienda federal. El objetivo fue gestionar 25 millones de pesos y el refinanciamiento de una línea de crédito para dicho municipio. Este acto marcó un precedente peligroso, pues a pesar de que el Presidente López Obrador había emitido un memorándum prohibiendo a sus familiares gestionar asuntos gubernamentales, su cuñado operaba como un gestor VIP ante el presupuesto federal.
Con el terreno pavimentado, Rodrigo pasó de las gestiones a la creación de un imperio empresarial. Entre 2021 y 2024, fundó una red de al menos seis compañías. Las más polémicas, por su clara intención de mimetizarse con la marca oficial del gobierno, fueron Envíos del Bienestar y Pagos del Bienestar. Estas empresas, dedicadas a la transferencia de dinero y servicios financieros, utilizaron la nomenclatura de los programas sociales federales para generar una falsa percepción de legitimidad y confianza entre los usuarios.
Lo que hoy eleva este caso a la categoría de presuntos actos delictivos es la calidad de sus socios comerciales. Investigaciones recientes han documentado que Rodrigo se asoció con Carlos Grijalba y Brian Ronald Cleveland. Estos dos sujetos enfrentaron procesos judiciales en Estados Unidos en 2023, donde se declararon culpables de lavar más de 46 millones de dólares provenientes de fraudes con equipo médico durante la pandemia. Mientras estos personajes enfrentaban a la justicia estadounidense, en México fundaban empresas financieras junto al hermano de la esposa del Presidente.
Esta conexión sugiere que las empresas de Rodrigo pudieron haber servido como fachada para el blanqueo de capitales, aprovechando la protección política que su apellido brindaba. El daño institucional es evidente: el acceso privilegiado a altos funcionarios de Hacienda otorgó ventajas competitivas desleales y puso en entredicho la imparcialidad de las instituciones encargadas de fiscalizar el dinero en México.
Actualmente, en este año 2026, la red de Rodrigo Gutiérrez Müller no se ha detenido. A pesar de que el sexenio de su cuñado terminó, sus negocios se han expandido hacia el sector energético, registrando nuevas sociedades dedicadas a la logística de combustibles. Mantiene una fuerte presencia en la región de Tapalpa y Guadalajara, donde se le vincula con desarrollos inmobiliarios de crecimiento acelerado.
Aunque en México no se han iniciado procesos formales en su contra, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos mantiene abiertas líneas de investigación sobre sus socios internacionales, lo que coloca a Rodrigo bajo una lupa que podría derivar en consecuencias legales internacionales. La trayectoria de Rodrigo Gutiérrez Müller queda así marcada como el testimonio de cómo el poder político puede ser transformado en un activo financiero privado, beneficiando a unos pocos al amparo de la silla Presidencial.
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