
Por Fernando Hernández Casarín
En la antigua Grecia, cuando los dramaturgos se encontraban en un callejón sin salida narrativo, invocaban al “deus ex machina” – literalmente, “dios desde la maquina”.
Era una deidad que descendía al escenario mediante un mecanismo, resolviendo milagrosamente todos los conflictos.
Dos milenios despues, en el Senado mexicano,
presenciamos un espectáculo similar, pero con un giro perversamente moderno.
Miguel Ángel Yunes Linares, patriarca de una dinastía política veracruzana, hizo su
entrada al recinto legislativo como si fuera una aparición divina.
Los aplausos atronadores y vítores que lo recibieron no provenían de sus antiguos aliados, sino de
quienes hasta ayer lo consideraban la encarnación de todo lo corrupto en la política mexicana.
La tensión era incomoda y visceral, recorría la espina dorsal y se albergaba en torno a dudas y sorpresa.
El “deus ex Yunes” llegaba a ocupar la curul de su propio hijo, convenientemente de baja por enfermedad en la víspera de la votación mas crucial del sexenio.
Pero a diferencia del dios griego que descendía para resolver los conflictos, Yunes parecía haber llegado a sembrar el caos y la confusión. “Ni cobarde ni Traidor” dijo al micrófono, que apenas se sobreponía a los gritos de indignación se su propia bancada,
“el cobarde y traidor eres tú Marco Cortez”.
La ironía no puede ser más palpable. El hombre que alguna vez fue señalado por el oficialismo como ejemplo de la corrupción que plagaba el viejo régimen, ahora es recibido como el héroe del pueblo.
Es como si el lobo feroz hubiera sido invitado a
cuidar el rebaño, y las ovejas lo recibieran con una fiesta de bienvenida.
No vengo a discutir los pros y contras de la reforma judicial, pese a los débiles pilares
lógicos que la sostiene, eso ya lo han hecho muchos. Vengo a señalar algo que sobrepasa lo surreal de nuestra política tan cínica y frustrante. ¿Cómo es posible que un individuo con un historial tan cuestionado se convierta en la pieza clave para
aprobar una reforma que supuestamente busca limpiar el sistema judicial?
Me genera una mezcla de indignación y desconcierto. Ver cómo el futuro del sistema judicial mexicano depende del capricho – o de las negociaciones bajo la mesa – de una familia con un historial tan cuestionado es, cuanto menos, surrealista.
En este escenario de lo absurdo, Yunes se ha convertido en el deus ex machina de la
política mexicana: aparece de la nada para resolver el conflicto dramático, pero su
solución es tan inverosímil que rompe la suspensión del relato. Mientras tanto, la democracia mexicana contiene la respiración, pendiente de un voto que podría cambiar el rumbo de la nación.
Ahora que Yunes padre tomó la espada del protagonista. Su llegada al Senado no solo
ha cambiado el equilibrio de las fuerzas, sino que ha puesto en evidencia la fragilidad
de un sistema donde los principios se doblan con la misma facilidad que una servilleta de papel.
Ya sea que estés a favor del resultado dado o no, la reforma judicial ya ha expuesto las
graves deficiencias de nuestros sistema representativo. No solo una cuestión de leyes, sino de la calidad moral de quienes las hacen. Y en ese aspecto, la aparición de Yunes en escena es un recordatorio doloroso de cuanto camino nos queda por recorrer.
En fin, el telón se cierra por ahora, pero no se engañen: pronto se alzará de nuevo para
brindarnos más actuaciones memorables que nos harán llorar. Bienvenidos a la constante tragicomedia de la política mexicana, donde los buenos son los malos y los malos son aún peores. Prepárense, porque lo peor está por venir, y en este
espectáculo, el absurdo es el único interprete que nunca se cansa.
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