
Por Manuel Gutiérrez
Este comentario se deriva de los “Retratos Personales”, de Enrique Krauze, en él habla de un antecesor, abuelo Don José Fernando Ramírez, al que titula como héroe de la historiografía, pero al conocerlo, es el historiador mexicanista de ninguna parte.
De familia migrante, que huyo de la intolerancia en Europa, este judío de gran intelecto vivió en México entre 1804 y 1871, su historia corona una labor maravillosa, pero incomprendida.
José Fernando era un jurista destacado que vivía en Durango, rodeado de una maravillosa biblioteca. De una personalidad patricia, había heredado intereses mineros de Parral, en Durango era socio de la fábrica de tejidos El Tunal, y de una tabacalera. En su discurso del 16 de septiembre de 1837 se refirió al virreinato como “tres siglos de despotismo extranjero” “creencias supersticiosas” y anunciaba del derrumbe del imperio Español.
Leyó muchísimo, su cultura era impresionante, pero estaba obsesionado por el México prehispánico. Bernal, Torquemada, Gomara,Clavijero, eran sus mentores hasta encontrarse perplejo y admirado de William Prescott, con su historia de la conquista de México, cuya obra cuestionó las costumbres aztecas de antropofagia, sin destacar el simbolismo del retorno de Quetzatcoatl, que identificó a Cortes ante el imperio azteca.
Ahí concluyó que no se posee en la historia de México, “una versión completa de la historia de la conquista, ni del conquistador”.
Su anhelo fue darle documentos al historiador equilibrado, superior a las mezquinas pasiones, a las posiciones de la época, y buscar la verdad oculta en los archivos, fuentes históricas.
Mientras los Estados Unidos nos invadió y ondeaban las barras y estrellas en Palacio Nacional, José Fernando ocultó documentos del Museo Nacional, así como del archivo histórico. Sin ese resguardo, nada tendríamos. Su empeño en congregar las historias de los siglos XVI y XVII, y sobre la conquista espiritual y material.
Siguió el ejemplo de los grandes compiladores de tesoros culturales, documentales como Fray Bernardino de Sahagún, (Siglo XVI) Carlos de Siguenza y Góngora, en el siglo XVII y de Lorenzo Boturini, en el XVIII, que congregaron fuentes históricas, y como broma del destino, las perdieron.
Ya en 1852 fue director del Museo Nacional, preparó un catálogo de piezas arqueológicas, en una edición de Sahagún, y dio el “Cuadro histórico-geográfico de la peregrinación de las tribus aztecas”.
En 1855 tuvo la fortuna de viajar por París, Berlín, Viena, Bolonia y Roma, pero sus visitas eran para compilar y copiar códices, manuscritos, obras inédita, copio hasta 2 mil geroglificos, a su regreso compilo los anales de Cuauhtitlán, en el convento de San Francisco (centro de CDMX) encontró el Códice Ramírez, con su nombre, con una crónica de la conquista desconocida hasta entonces.
En 1958 era interventor del gobierno juarista en la incautación de bienes eclesiásticos. En plena guerra de reforma, edita al historiador tlaxcalteca, Diego Muñoz de Camargo, y en 1859 su obra cumbre: “Noticias de la vida y escritos de Fray Toribio de Benavente, Motolinia”.
Era curador, filólogo, biógrafo, historiador. También fue un hombre público, actividad que finalmente se volvería contra su vida de historiador. Fue líder social de Durango y combatió a los apaches que asolaban desde Arizona a Durango en 1844, en terribles episodios de salvajismo.
Fue “representante” de Durango ante el supremo gobierno. Fundó la Logia Masónica de Chihuahua, y dirigió feroces periódicos liberales federalistas.
Pero su sabiduría le jugó una broma. Ya en el Congreso de 1833 anticipó la necesidad de la LIBERTAD DE CULTOS, que de haberse consagrado en la Constitución de 1824 nos hubiera evitado la guerra de religión en la Reforma y adicionalmente hubiera permitido la migración de pobladores europeos a México, polacos, alemanes, que se fueron al Norte, por la tolerancia religiosa.
Sin embargo el historiador estaba en el vértigo de la política. Fue ministro de relaciones exteriores, precisamente durante la invasión norteamericana, lo que motivó sus valiosas “Memorias” de ese período.
Intento ser congruente y nacionalista, entre un congreso desgarrado entre pro–yanquis, y rebeldes al gobierno, un México dividido muy feo,en 1847 la conquista de los Estados Unidos, la propicio la “falta de honor” de las clases dirigentes de todos colores, mexicanas. Quedó desolado.
Entre sus obras debemos lo mejor escrito de Nuño de Guzmán, el cruel conquistador de Jalisco que encarnó la Primera Audiencia, sometida a presión por los fueros militares (H.Cortés) y religiosos (Juan de Zumárraga) una paradoja del poder civil.
En un giro sorprendente ante la historia comenzó a revalorar el LEGADO HISTORICO DE ESPAÑA, ya que dejó de considerarla como la plaga nefasta, y con sólidos documentos probó: “ Nuestro continente fue descubierto y conquistado por la nación más culta, más poderosa, más floreciente, y respetable en el siglo de la conquista.
“Esa nación se encontraba a nivel de los pueblos americanos (Aztecas, Incas, etc) junto a la mayor homogeneidad o discrepancia de raza, contribuyó a operar una fusión tan pronta que representa un prodigio de la historia de la destrucción y renovación de los pueblos”. (El mestizaje).
Fernando Ramírez, argumentó que en tres generaciones ya era imposible decir que un habitante no tuviera una gota de sangre mexicana, fue mexicanista.
“No había pasado la conquista y ya en México habían literatos indígenas de raza pura que empuñaban su pluma para narrar su vivo y espantoso cuadro, ante la presencia de los mismos conquistadores. En cambio en Estados Unidos era imposible descubrir siquiera el nombre de las generaciones exterminadas” mejor elogio y de quién viene, imposible. Todavía nos ponemos vendas emocionales ante la verdad histórica.
Pero vendría un episodio muy fuerte. Maximiliano, el emperador lo atrajo con lisonjas y cargos, y Ramírez, estaba desencantado del liberalismo, del federalismo, y lo más desconcertante, Maximilianoaportó la sofisticación liberal de la reforma, definiendo los papeles de Iglesia y Estado. Ahora, ya prefería la monarquía, y el centralismo, habiendo vivido el caos de la república.
De julio de 1864 a 1866 fue encargado de “Negocios Extranjeros” una cartera que había desempeñado como liberal, sumando su talento crear una Academia de Ciencias, así como de investigación arqueológica.
Admiró el indigenismo de Maximiliano, que los respeto y les adjudico propiedades, más querido que Juárez por los indios y sus luchadores, como Manuel Lozada el “Tigre de Alica” de Nayarit.Influyó en el Código Civil y de Procedimientos, así como el decreto de muerte sin juicio para los adversarios del Segundo Imperio.
Las publicaciones liberales le llamaban “Renegado, sin partido político” el Nuncio Apostólico lo encontraba siervo de Satán por llevar adelante las reformas religiosas.
La caída del Imperio, lo llevó a Bonn, Alemania, en que preservó la Historia de las Indias de la Nueva España, de Fray Diego de Durán, pese a las amarguras de la expatriación, muy solitario. Su nombre era anatema para los liberales, pero Altamirano lo publicó en “El Renacimiento” noble gesto. En 2 de octubre de 1869, el puño de Benito Juárez, lo tachó de la lista de los imperialistas que podrían volver, él nunca fue perdonado.
Murió en Bonn, triste y desolado. Su biblioteca, como la maldición de los compiladores, se perdió y sus sucesores la vendieron, muchos libros terminaron inéditos de Sahagún, en Londres.Alfredo Chavero, fue el liberal que hizo negocio con la biblioteca.
Finalmente sus restos regresaron al panteón inglés de la Tlaxpana, ya desaparecido. La Iglesia tampoco lo perdonó y no le otorgó sepultura en sagrado.
Una parte de su acervo pasó al Museo Nacional, y una parte rescató Ernesto de la Torre, investigador de la UNAM. Fue padre intelectual de Manuel Orozco y Berra, al que ante su tache político, se le dio el título de padre de la historiografía.
Historiadores posteriores admiten deuda como Joaquín García Icazbalceta, Francisco Troncoso y el recientemente el desaparecido Miguel León Portilla, ahora queda Héctor Mauleón, entre los famosos.
Cautivo del devenir político, J. Fernando Ramírez, aporta que la historia no puede ser convertida en vértice de contiendas. La historia debe propiciar unidad, no polarizar a la sociedad, va encima de los intereses partidistas o de las manipulaciones ideológicas. La historia no es poder para enfrentar, sino información para reconocernos en la verdad.
Aún en el siglo XXI y en nuestro México, estamos muy distantes de lograr esa convergencia, a posturas diferentes. El México de ahora le hubiera recordado a José Fernando Ramírez, la pugna antes del trueno, que no debe llegar.
Por eso es un hombre de ninguna parte, Herodoto lo encontró puro entre los suyos, creyó en las opciones que se presentaron en México, en las cuales se preconizó la libertad, la tolerancia y reconoció sus errores cuando los hubo como lo de España y la colonia.
KRAUZE HEREDERO DE LA PERSECUSION.
Krauze está orgulloso de su ancestro y con esta tesis entró al Colegio de México. Krauze, maneja nuestra historia con relieves que antes se ocultaban, dando verdades que antes se omitían en la historia de bronce, revelando orígenes, filias secretas, ideas contradictorias en sus biografías,e igual que Ramírez, cayó en desgracia pese a ser gran historiador ante el juicio personal de la 4T y de su caudillo mesiánico que condenó a los “intelectuales orgánicos que no hacen falta en el México de la 4T” y lo quiso manchar de corrupto.
Parece que el tributo de la integridad histórica,cuesta caro como antes, ante la presidencia imperial y de absoluto poder que vivimos ahora su sucesor es perseguido como otros periodistas e intelectuales. Un sino extraño por ser íntegros historiadores.
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