Por Laura Gutiérrez Franco
El pasado 8 de marzo las calles se llenaron de consignas, pero la realidad del lunes 9 en el sector productivo de Jalisco contó una historia muy distinta a la que algunos grupos buscaban imponer. Pese a la convocatoria de colectivos feministas para el paro nacional “El nueve nadie se mueve”, la respuesta de las mujeres que de verdad mueven la economía de nuestro estado fue contundente: cero ausentismo laboral.
Así lo confirmó Antonio Lancaster Jones, coordinador del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (CCIJ), quien tras realizar un censo exhaustivo entre las cámaras, asociaciones y comisiones de recursos humanos, reportó que las trabajadoras industriales no faltaron a sus puestos. Este dato es fundamental porque demuestra que, mientras hay grupos que dicen estudiar o representar causas sociales, pero que en la práctica suelen mostrarse ajenos a la cultura del esfuerzo y la responsabilidad, la mujer que trabaja “de adeveras” decidió no hacer caso a llamados que solo buscan frenar el desarrollo.
La mujer industrial en Jalisco entiende que el sustento y bienestar de miles de familias dependen de que el motor productivo no se detenga. Es esa dedicación la que realmente construye un estado fuerte, y no las movilizaciones de gente que, muchas veces, solo busca pretextos para no trabajar o para imponer ideologías que no compaginan con la realidad de quienes madrugan para cumplir con sus procesos y liderazgos.
Es lamentable que la supuesta lucha por los derechos se desvirtúe con actos de vandalismo que rayan en lo criminal. En nuestra Guadalajara, fuimos testigos de cómo las marchas terminaron en cristales rotos de comercios que “ni la deben ni la temen”. Estas tiendas, muchas veces atendidas por otras mujeres trabajadoras, son las que ahora tendrán que pagar de su bolsillo las reparaciones, enfrentando pérdidas que no le quitan el sueño a las manifestantes, pero sí a los dueños de los negocios. Estas acciones no dañan al gobierno como ellas pretenden; dañan directamente al ciudadano de a pie y al empresario que genera los empleos que Jalisco necesita.
Más grave aún es lo ocurrido en Campeche, donde la violencia alcanzó niveles intolerables y contradictorios. Resulta incomprensible que grupos que dicen defender el género hayan prendido fuego y agredido brutalmente a mujeres policías. Estas oficiales, que también son trabajadoras, madres y pilares de familia, terminaron siendo víctimas de una saña injustificable que hoy mantiene a algunas de ellas hospitalizadas. ¿Dónde queda la sororidad cuando se ataca a otra mujer solo por cumplir con su uniforme?
Al final, como bien señala el reporte de Lancaster Jones, el liderazgo y la responsabilidad de las mujeres en la industria de Jalisco se demuestran con resultados, no con destrucción. El motor de nuestro estado no se detuvo este lunes, porque las mujeres que construyen el futuro saben que el verdadero progreso se logra con la disciplina del día a día y no siguiendo el mal ejemplo de quienes solo saben destruir lo que otros construyen.
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