
Por Manuel Gutiérrez.
Cuando se detenta el poder en la forma que tiene el presidencialismo mexicano, las teorías políticas de los pensadores como Carlos Marx, y de Montesquieu, autor de posiciones constitucionalistas, división de poderes y frenos saludables al poder en la república, quedaron en ridículo, satirizados por la lectura que hizo López, en que les aplicó su naturaleza de Maquiavelo malicioso, haciendo que se estrellen las teorías, dobladas por su uso del poder, en una escala de obsoletos y fracasados.
En primer término, López ha sido sólo presidente en sus ratos libres. Ha sido un demagogo que se apoya en las denuncias, loco por el poder centralizado, pero se dice víctima de los ataques de la prensa corrupta y conservadora. Se autonombra mártir de una democracia, que de verdad pretende destruir, no en aras del marxismo, o de una revisión constitucional sofisticada, de amplitudes modernizadoras e incluyentes, sino de que es atacado por la separación de poderes, que se crearon como explica Montesquieu para precisamente asegurar la democracia.
Para ello, López ha construido una imagen de gobierno: “Primero los pobres” “Somos diferentes no mentimos, no robamos” en un gobierno que aparenta madrugar, sin resultados tangibles de sus extraños horarios, en que mucho tiempo es dedicado al ejercicio mediático de control de la opinión pública, a la creación de relatos, de narrativas oficiales, pero cuyas mañaneras son solamente de propaganda, no de resultados.
Sus grandes obras requieren reforzamientos, subsidios y apasionadas defensas, porque su funcionalidad no suple en nada lo que se dice, es decir la publicidad de los logros se reduce ante los defectos, las insuficiencias y los altos sobrecostos. Dos Bocas acaba de reclamar otro gasto de 17 mil millones de pesos y no produce nada, y así en todo lo que ha “creado” este sexenio demente.
Su sistema comparativo con otros gobiernos del pasado, es de asegurar que el suyo es mejor, pero sus manejos estadísticos son falsos, porque se descubre que en muchos aspectos no logrado superar al neoliberalismo.
Usa las palabras para dar forma al odio, a la distancia entre los mexicanos, eso ya todos lo saben, incluso los que lo defienden a ultranza, pero el combate a la corrupción emite temas principales como Segalmex, o basta su palabra como garantía de la pureza del funcionario cuestionado. Se acumulan las denuncias en contra de Ana Guevara, o de Jazmín Esquivel, y otros funcionarios por diferentes razones de corrupción, pero él los protege con su manto verbal.
La creación de show reality o de farsas, suponen desde trenes ficticios, ocupaciones de aeropuertos irreales, o van hasta la creación de instituciones ficticias, de membrete, como el “Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado” que ni devuelve, ni queda exento de volver a robarse lo que ya fue sustraído.
Ahora, presenta a Antonio Becerra, como digno de toda la confianza, pero omite que el anterior renunció al ver el cúmulo de operaciones cercanas al fraude y robo que motivaron su renuncia, caso del Doctor en Derecho Jaime Cárdenas Gracia, que en cien días se percató que sería directamente involucrado en la comisión de delitos patrimoniales, por lo que optó por renunciar. Pero abundan los incondicionales que esperan que los pongan donde hay, que de lo demás ellos se encargan y que atienden las órdenes ilegales al pie de la letra.
Dos factores maquiavélicos han sido perfectamente manejado por el emperador tropical y bananero de Tabasco, uno ha sido el control del ejército mediante los mayores subsidios, obras y nombramientos que corresponden a la jurisdicción civil o de otras dependencias; la otra ha sido la descarada manipulación para defenderlos de cargos históricos del pasado, como el 68, el halconazo, o los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, garantizando con su palabra lo que los peritajes del cuerpo de investigadores extranjeros, demostraron que no es verdad, detenidos por los muros que puso el ejército mexicano en sus investigaciones.
El otro factor maquiavélico de control es la prensa, a la que pretende manejar con presupuestos publicitarios, favores, incluso presupuestos directos de más de 780 millones como al periódico oficial La Jornada. Maquiavelo López sabe que todos los golpes a la democracia están permitidos a condición de guardar ciertas apariencias, y se halaguen los prejuicios públicos asi trae campaña total para estrangular al Poder Judicial y la Suprema Corte, como dictador.
Lopez persigue opositores, e impide que participen como Ricardo Anaya, pero a la par llama al voto, dice que ha terminado su injerencia en la política nacional que viola el artículo 134 Constitucional en que como presidente hace política y da el mal ejemplo. La elección del 24 y las etapas previas han sido una elección de estado y de inequidad e intervención del presidente en el proceso, violando las leyes electorales.
La idea que destronó a Marx y Montesquieu, parte de la base que sobre relatos, más el enorme gasto en campañas de su corcholata, que no obedece a factores económicos o un análisis precisamente, ni a la lucha de clases como motor del cambio revolucionario, sino a la demagogia con palabras ahoga las variables de la economía, dejando fuera el devenir histórico, que Marx abrevó de Hegel, y de Federico Engels, para convertir en factores reales, la emoción, la ignorancia, la mentira
Se ostenta como democráta mientras blinda el Palacio sede de su corte, contra los manifestantes, contra las feministas, contra los enfermos de cáncer, contra los campesinos. Se ostenta como demócrata, mientras utiliza una política de máscaras, para generar en la imaginación popular una reversión de la historia, así como una alteración de los papeles de los protagonistas.
Si Hegel dijo que los acontecimientos de la historia pasan dos veces, la primera vez son trágicos, pero en la segunda, son una farsa. Este es el caso mexicano, los populistas que dicen ser de izquierda imponen una escuela sectaria que le llaman nueva escuela mexicana, insuficiente, nada científica y en que la ciencia queda a la par del dogmatismo.
En la restauración de las ilusiones del pasado, como la era del petróleo, cada acto se convierte en un juego de la historia. Este gobierno desprecia el presente, no reconoce sus problemas de desaparecidos, de escaces de medicamentos, de pandemias, de quiebra económica, porque está empeñado en la restauración de un pasado presidencial, mesiánico a la inversa.
Este gobierno tampoco tiene visión de futuro, a no ser la extensión de su poder, mediante el uso de títeres que aseguren verdadera obediencia, de los cuales el primero debe ser la candidato oficial, por razones obvias.
Es decir pretende una reversión de lo que se logró en sexenios pasados de trabajo e inversión, de seguridad y de logros, en aras de dar forma a un estilo ficticio, en que la democracia es usada como ariete en contra de sí misma.
Joy escribió “Dialógos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, el francés autor de la vida constitucional y democrática. En su obra el escritor propina una seria paliza a Montesquieu con sus formas, encima del fondo, superadas por el astuto pragmatismo del príncipe para hacer su voluntad en nombre del pueblo.
Realmente se ve incapaz de hacerse valer la separación de poderes, el sufragio efectivo, no reelección, porque el voto es de aclamación y pretende que sea una crónica anticipada de una victoria rotunda, con dominio del legislativo nuevamente para sujetarlo a sus políticas y bizarras ambiciones.
Sin duda, López no leyó a Marx, pero aprendió más de las marrullerías de porro universitario y de cacique partidista nacional, bajo todas las siglas, menos la del PAN, aprendió más de Maquiavelo que de Marx, por eso mucha de la izquierda no entiende el giro al militarismo, a la sujeción de la historia a conveniencia de los jefes del ejército. Rebasa a Marx, con sus factores deterministas, porque impone un sistema y un rumbo sobre emociones, sobre ocurrencias, sobre el show de rifar un día un avión y otro día, una narco mansión ya rifada en Lomas de Chapultepec, de pelear hoy contra las demás instituciones.
Marx terminó harto de la economía y tomo la política francesa como inspiración, en el XVIII Brumario, pero creyó que establecía principios fundamentales del proceso histórico, pero no sabía lo que un demagogo maquiavelista, como López es capaz de lograr.
Montesquieu, confiaba en los contrapesos de la democracia, en la sabiduría de los legisladores que Marx bautizó como “Cretinismo parlamentario” y eso que no conoció a cada petista o morenista que causan risa. Como la más reciente, en el Congreso como Dionisia Vázquez García del Partido del Trabajo que causó la risa nacional al unir el Tren Maya con el Canal de Panamá…a que feos parlamentarios que dan pena.
El Maestro Jesús Silva Herzog, ilustró con brillantes en su artículo “ Eco de fantasmas” este proceso, en la revista Nexos de septiembre, y realmente deleitó su profundidad y su lectura, advierte que el pasado tiene un emisario activo y poderoso que modeló el regreso de tiempos idos, no de la lectura de la realidad histórica.
Es decir, el confronta lo que dice Marx y Montesquieu en su brillante trabajo, la visión final es que los puso en rídiculo. A base de palabras, de símbolos, de mentiras, López llevó a superar a los grandes pensadores, para meternos en su universo personal, en que las pasiones, las emociones negativas y un instinto destructivo, van deformando al país.
Es decir, el Maestro Jesús Silva Herzog Márquez, aportó la estructura de esta idea, en Nexos de Septiembre, pero no se atrevió a darle conclusión, tal vez creyó que tácitamente sabríamos de que nos estaba tratando, es lo cotidiano en nuestro México: Cacique, dedazo y elección oficial…Maquiavelo sobre Montesquieu y Marx, la emoción sobre la razón.
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