
Por: Sandra Karina Ibarra Carbajal
Jueza Segunda de Distrito Especializada en Juicios Orales Mercantiles, Zapopan, Jalisco.
Jueza de profesión; activista por vocación; artista de corazón y escritora de ocasión.
Viajemos en esta ocasión en la máquina del tiempo a 1990, año en el que el poeta Octavio Paz convocó a un inolvidable debate que se transmitió por televisa en México. Acudió a la cita el inmortal Mario Vargas Llosa.
En el calor del debate, Vargas Llosa tuvo la genial irreverencia de refutar la premisa del poeta mexicano, a través de la cual, excluyó a nuestro país de la experiencia dictatorial latinoamericana.
No encuentro mejor homenaje para el inmortal Vargas Llosa que transcribirles aquí el insurgente momento en voz del peruano:
“…espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir, yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas, creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en celebrar y en aplaudir como todos los que creemos en la democracia, encaja dentro de esa tradición con un matiz que es más bien, la de una agravante.
Yo recuerdo haber pensado muchas veces sobre el caso mexicano con esta fórmula:México es la Dictadura perfecta.
La dictadura perfecta no lo es el comunismo, no lo es la Unión Soviética, no lo es Fidel Castro, es México.
Porque es la dictadura camuflada de tal modo, que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene de hecho, si uno escarba, todas las características de una dictadura: la permanencia no de un hombre pero sí de un partido, un partido que es inamovible, un partido que concede suficiente espacio para la crítica en la medida en que esa crítica le sirva.Le sirve, porque “confirma” que es un partido “democrático” pero que suprime por todos los medios, incluso los peores, a aquella crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia.
Una dictadura que además, ha creado una narrativa que la justifica, una retórica de izquierda, para lo cual, a lo largo de la historia reclutó muy eficientemente a los intelectuales, a la inteligencia…”
En eso momento yo era una niña de 6 años y por supuesto no entendía nada de nada, sólo sabía que, el microuniverso de la información a la que teníamos acceso por medio de la televisión, era inexorablemente en la monolítica voz de Don Jacobo Zabludovsky, cuya información un día sí y otro también, me dejaba con un montón de dudas que los adultos no siempre encontraban la mejor manera de subsanarlas, por la sencilla razón de que, (esto lo entendí después), ellos mismos no tenían la información completa.¿Cómo ejercer la libertad de pensamiento y expresión en un contexto en el que, ni siquiera conocemos la verdad de los acontecimientos, o bien, se nos brinda información incompleta o sesgada?
En efecto, en el México de la década de los ochentas en los que viví mi primera infancia, la narrativa oficial era monolítica en voz de un solo comunicador ungido por el poder Estatal omnipresente (Televisa), que a inicios de ese siglo describiría proféticamente el británico George Orwell como “el gran ojo” o el “gran hermano”. Por más difícil que les resulte a las nuevas generaciones, les pido que imaginen un mundo sin computadoras al alcance del común de los mortales, sin internet, sin telefonía móvil, sin teléfonos inteligentes, sin información en tiempo real, pero sobre todo,sin prensa libre.
Ante esa aldea hermética a las luces del entendimiento humano y libre expresión, la niña y adolescente que fui, descubrí el más maravilloso de los hallazgos, aprendí a leer y el primer libro que leí fue “Un capitán de quince años” escrito por Don Julio Verne, libro que me obsequió mi abuelita Rosita quien además hacía gala de la tradición oral y me recitaba poemas con su excepcional memoria de elefante.
El caso es que, la puerta de entrada al universo insondable de la literatura me permitió paulatinamente entender cuál era la insatisfacción que me dejaban los noticieros y programas de la época. Resulta que me di cuenta que, no había razones lógicas para persuadir el entendimiento humano, proliferaban los dogmatismos en la información y posturas externadas, las cuales, debíamosaceptar los destinatarios como designio cuasidivino, pues atrevernos a cuestionar o pensar diferente era una actividad poco menos que “anormal”, “radical” y desde luego mal vista en sociedad.
Una y otra vez, he vuelto a escuchar el legendario argumento del escritor peruano ycomo un munúsculo homenaje a su inmortal legado literario, hoy más que nunca, valoroexcepcionalmente sus irreverentes palabras, su libertad de pensamiento y expresión, su agudeza en el análisis político y sobre todo, el valor que tuvo al atreverse a decir en terrenos del omnipresente gran ojo (televisa) que en México vivíamos en una farsa democrática, que en el fondo padecíamos un régimen dictatorial caracterizado por el ejercicio absoluto del poder a cargo de un solo grupo político perpetuado sin restricción y que, se encargaba de silenciar por los medios más terribles la crítica independiente que pusiera en tela de duda, el ejercicio abusivo de poder que ostentaba el régimen oficialista de la época.
Esas declaraciones en aquél momento preciso de la historia Mexicana, fueron un monumentalescándalo, fueron irreverentes, cimbraron el status quo y sin duda contribuyeron a la eventual democratización de nuestro país, puesto que, muchas personas se dieron cuenta que, ese peruano pensaba lo mismo que muchísima gente en México, pero que, nadie en suelo nacional se atrevía a decir, ya sea por miedo o bien, por no sentirse un paria social, un loco o loca gritando en medio del desierto insondable de la indiferencia o el miedo ante la censura, la cual, podría costarles la vida misma.
No podía faltar a la cita con el paralelismo que presenta esa legendaria frase de Vargas Llosa, y es que, a propósito del golpe de estado que se está ejecutando en nuestro país, hoy me dirijo a mis colegas quienes con tono autocompasivo piden respeto y que nadie critique la tragicomedia electoral.
Pues bien, espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir pero nadie debe tomarse de manera personal las críticas; no es falta de respeto ni falta de elegancia, lo que desplegamos es libertad de pensamiento y expresión. Las críticas son al modelo capturado por el poder político en turno y desprovisto de garantías para salvaguardar la independencia judicial; lascríticas son al golpe de estado ejecutado por el gobierno de Claudia Sheinbaum desacatando cientos de suspensiones judiciales que le ordenan paralizar la ejecución de la reforma; las críticas son a la aniquilación de la República; las críticas son por la muerte de la democracia.
Disculpen ustedes las molestias, pero acá en el México del 2025 nos jugamos la subsistencia de la República y de todos los derechos y libertades de la ciudadanía; disculpe usted las molestias, pero no nos vamos a callar y espero desde el fondo de mi corazón, como lo dijo aquél valiente insurrectono parecer demasiado inelegante.
Hasta siempre al inmortal Mario Vargas Llosa.
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