Por Manuel Gutiérrez
Hay una advertencia cuando te acercas a alguien especial, o a objetos místicos. No los toques, así sea en el piso de brujería de un mercado público como el Corona o visites un anillo de árboles sagrados desde los celtas en Bath, Inglaterra.
Esta advertencia aplica para las personalidades que han descollado por asomar la cabeza a la muerte y, en forma repetida, viven bien para contarlo e incluso ser leyendas. No hablaré de poderes hipnóticos que muchos adjudican a personajes así, sea Houdini, o incluso Hitler o Rasputín, el místico monje negro que asoló los últimos días del Zar Nicolás. Pero más que a los ojos, puede darse alguna descarga eléctrica o magnética, natural, pero que todos en alguna forma portamos.
Toda esa advertencia le valió madre a tres estudiantes canadienses que pidieron ser recibidos por el Mago Harry Houdini, de origen húngaro. Estaba en el Teatro Princess de Montreal. Los universitarios afirmaron haber asistido a su conferencia en la semana y eran creyentes respetuosos.
Los recibió, era una cita con la historia. Uno de ellos le preguntó a Harry si era capaz de soportar fuertes golpes sin sufrir, el Mago dijo que su abdomen podría resistir todo.
Pero sin advertencia, uno de los estudiantes le propinó tres golpes como mínimo, porque el número exacto no se conocerá, en el vientre. El autor del desacato era Joscelyn Gordon Whitehead. Houdini reflejó dolor pero no se habló del asunto, en la noche viajó a Detroit en tren, pero murió 9 días después a los 52 años de edad. La ciencia médica no quedó muy bien parada con la atención brindada, lo que generó que alteraran el acta de defunción, incluso el parte médico quedó con lagunas y tachones, porque el hospital temía una demanda cuantiosa.
Oficialmente se dijo que era apendicitis provocada por los golpes de Joscelyn. Sin embargo, las especulaciones fueron desde que vino el Diablo a cobrarle su alma, hasta que una troupe de enanos, (nada que ver con el INE mexicano) entraron a escondidas y pusieron arsénico en su té, y otros que los espiritistas se la cobraron por desacreditarlos.
Sin embargo, las cosas eran favorables a más dinero a la viuda Bess, por muerte accidental y nadie se metió a fondo al asunto. Capaz que se enojaba el Fantasma de Houdini. Incluso tuvieron miedo de hacer la autopsia. Hay versiones de que murió durante uno de sus actos de escapismo ahogado… y engañaron a la gente con un doble… nada es preciso, solo que sí se murió.
Sin embargo, Whitehead comenzó en vida a cargar una maldición. Su falta de respeto al Mago lo persiguió en todas partes por haber asesinado a Houdini, lo que le causó exclusión social, depresión, etc., murió por desnutrición, solo, pobre y desgraciado.
Este hombre que fracasó con su vida a la sombra de los golpes que propinó a Houdini, sin embargo, fue exonerado por un trabajo de investigación que generó un libro de una uróloga retirada que tomó el guante, Larria Gillespie, que narra paso por paso cómo todo se encubrió, incluso la fecha de la muerte no fue precisa. Toda una conspiración para ganar todos.
Esta autora sostiene que la muerte del Mago es burda porque la generó un gran plato de chop suey chino que ingirió el 28 de octubre. Menos mal no fueron tacos mexicanos.
Para el 29 de octubre ya estaba en el hospital, en espera de una enterotomía. Su fiebre se disparó a 40.5 grados, y sufrió un choque séptico, al generarse una severa infección en el mago.
Houdini fue operado en dos ocasiones, la segunda el 30 de octubre, pero fue inútil. Lo increíble es que nunca se reporta la obstrucción intestinal en su enfermedad mortal. Todo en ese tiempo se hizo de prisa y apurados en enterrarlo.
Houdini fue enterrado en Queens, Nueva York, el 4 de noviembre de 1926, en el cementerio Machpelah. La gente que conoce el dato se presenta a la lápida, en espera de algo o de mostrar sus respetos o recuerdo al Mago, como un acto oficial de Halloween cada año. Y hay flores frescas.
Definitivamente, si se acepta la tesis del libro “The man who died twice”, fue más víctima de impericia profesional de los médicos de Detroit, que no pudieron tratar su problema de origen, la apendicitis, y que derivó en un cuadro agudo que causó su deceso. “El Hombre que murió dos veces” ocasionó que la Gillespie colocara una lápida nueva en la tumba de Whitehead, con su nombre, fecha de nacimiento y muerte en 1954, pero con una leyenda: “Libre de acusaciones falsas”, pero para la memoria pública no lo creo, pero eso sostiene el NYT.
Sin embargo, el esfuerzo de investigación de la autora Gillespie naufraga ante el aura natural del misterio del personaje. Incluso había dejado una frase que debería pronunciarse en una sesión espiritista para demostrar si lograba o no comunicarse desde la otra frontera. La esposa cumplió su orden, pero nada llegó del más allá…
“Believe, Belle” era el código, pero ningún médium logró encontrarlo.
Houdini mostró que el camino del más allá es irreversible.
Su personalidad, su masonería, su magia, su cruzada contra el espiritismo que lo llevó a tocar las vacas sagradas del negocio, pero sobre todo su deslumbrante capacidad de sortear riesgos en sus actos, lo habían convertido en algo especial, en una leyenda, y las leyendas cambian, no mueren.
Y los nombres de los villanos, verdugos, ejecutores, o parte de los profanadores, de los escépticos, que participan en un asunto con famosos, nunca son olvidados, así sean magnicidas como el de Lincoln, o asesinos a traición de pistoleros famosos, desde Billy the Kid a Dillinger, ejecutado por el FBI…
Joscelyn Gordon Whitehead debió aprender esa máxima. Y es que aun en plenas funciones científicas en ese tipo de lugares de brujería, de velas, u objetos preparados, tocarlos puede provocar que sus efectos los reciba el desafortunado que interfiere… superstición, o simple precaución.
El mes se prestó para recordar al gran mago maestro de los Shriners, y cuya vida y actos indescifrables de magia siguen siendo una fuente perpetua de especulaciones.
Sinceramente, hubiera sido mejor que desapareciera en uno de sus grandes actos de magia… y no como víctima de un hospital, pero la calaca no te deja escoger la hora y el modo.
Yo quería hacer un cuento de otoño y de brujas y misterio, pero de nuevo la realidad supera como siempre la novela y la ficción palidece, todo lo supera la vida / la muerte / el misterio / la naturaleza humana / la mentira y la verdad.
México lo más cercano que tuvo a Houdini fue el Maestro Zovek, que realizó proezas físicas más propias de rendimiento físico cien, que de magia, pero entre los besos de las vibras que cosechaba de un grupo de agraciadas y desvestidas acompañantes y los desafíos crecientes, así como el impulso de Siempre en Domingo, de Raúl Velasco, lo fueron llevando a buscar más lejanos límites; en los años 70 se intoxicó del éxito. Iba haciéndose objeto de culto… y como temerario ya no supo dimensionar riesgos.
Calculó un acto en que colgado de una cuerda sería trasladado en un recorrido por un helicóptero en una gran hazaña de fuerza.
Pero la fricción, el dolor muscular y el mal cálculo de tiempo del acto realizado más a lo mexicano que rigurosamente científico hicieron que cayera.
Cuando este deceso se produjo, Houdini se quedó sin un imitador mexicano, que iba bien entre estrella de la lucha libre e ídolo popular, y solo le faltó pontificar sobre “misterios”.
La gente no usaba memes entonces, pero los decía y los transmitía en forma oral: “¡¿De qué murió Zovek!? ¡De colgarse!”, pero al menos no en una agonía como la de Houdini, en una cama de hospital luego de burlar toda la vida a la muerte.
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