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Análisis

Se discute la necesidad de emprender una Reforma 2.0 para el Sistema Estatal Anticorrupción de Jalisco, a la luz de sus nulos resultados. Se han consensuado siete puntos que, dicen, son fundamentales para su eficaz funcionamientoBienvenida la reforma 2.0 con sus siete puntos. A la lista al niño Dios se propone la obligación legal de que los gobiernos municipales ¡instituyan sus propios sistemas anticorrupción! [más burocracia]; y crear órganos internos de control en todas las dependencias de la administración estatal central y descentralizada, puesto que apenas 36, de las 76 existentes, cuentan con una contraloría interna. Pero, en realidad, los principales problemas del Sistema Anticorrupción radican en el hecho de que no es «sistema». Sin embargo, resulta ingenuo pensar que la falta de resultados se resolverá con una Reforma 2.0

De hecho, este análisis desde la perspectiva estrictamente estructural, parte de una rotunda obviedad: la ley es siempre perfectible y sujeta de corrección permanenteNo obstanteconceder que la solución a su ineficacia es sólo por la ausencia de una Reforma 2.0 (¿?), otorga el perfecto pretextopara que, por su predecible fracaso futuro, necesitará otra reforma 3.0, 4.0 y 5.0 Lo que no parecen dispuestos a aceptar, nunca, es lo que no han hecho, efectivamente. La falta de resultados, debido a la ausencia de compromiso. Siempre el problema será de lagunas en la ley, exclusivamente. Un problema ocasionado por un mal (¿?) diseño, jamás atribuible en forma alguna a las personas que lo integran. Nadie es, pues, responsable de nada.

Podríamos seguir ad nauseam con reformismos efectistas, pero estériles en resultados. Es decir, el error reside en el hecho de encomendarse únicamente al diseño institucional, propuesto por sus defensores de oficio que NO acreditan la voluntad de hacerlo funcionarSegún esta lógica, los principales problemas de la vida pública derivan de un defectuoso diseño institucionalúnicamente. De hecho, en materia de innovación institucional, los países del Tercer Mundo se pintan solos. En todo el Orbe no existe un sistema anticorrupción tan barroco como el nuestro, con todo y sus deficiencias sistémicas. Hay otros que complejizan más esta engañosa solución, y creen que la eficacia institucional se resuelve a través de la gobernanza. Sus teóricos justifican su constante y hoy innegable fracaso, volviendo dicotómico el concepto: entre la old governance [basada en la «ineficiencia» del Estado] y la new governance [basada en la «ineficiencia» e «insuficiencia» del Estado]El aforismo es más un juego de palabras, a modo de pasatiempo intelectual, que un acierto en su problematización. La ineficiencia e insuficiencia no es propia y única del Estado, también del mercado y de la sociedad. Otro botón de muestra: la exigencia del mercado como de la sociedad en la Reforma 2.0, no ha contemplado la necesidad de atender la terrible impartición de justicia. La mejor manera de prevenir la comisión de un delito, es evitando su impunidad. Pareciera que atajar el problema de la corrupción únicamente proviene de una mala fiscalización e investigación del delito, pero no de su más cruenta realidad: la ausencia de sanción  y por consecuencia, la impunidadIncluso con el mejor sistemacon la mejor fiscalización, investigación y combate a la corrupción, siempre habrá un juez dispuesto a no sancionarla con la argucia legal de una mala sintaxis en su consignación. 

Podría decirse que el más representativo, revelador, reciente y paradigmático caso de la futilidad y fracaso de la gobernanza, es el Sistema Estatal Anticorrupción de Jalisco. Lo fue también la crisis de 2008 en E.E.U.U. [que originó la Gran Recesión, de efectos globales, en alusión a la Gran Depresión de los 30’s por sus devastadores efectos]; o el mismísimo BrexitLa eficacia institucional tiene tres componentes interdependientes que, vistos por separado, son condiciones necesarias, pero insuficientes para afianzarla: 1)voluntad política [sin profesionalismo, genera voluntarismo incompetente]; 2) profesionalismo político y burocrático [sin voluntad políticase vuelve torpe, cómplice o ralentizado]; y 3) diseño institucional [aunque necesario, insuficiente]

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Maestro en Filosofía por la UNIVA. Actualmente es Director General de Canal 44 y Canal 31.2 de la Universidad de Guadalajara (UdeG); Institución en donde además ha ocupado los siguientes cargos: Vicerrector General Ejecutivo, Rector del Centro Universitario de la Ciénaga, Director General de Medios UdeG y fundador de la Licenciatura en Periodismo. Es Presidente del Consejo Consultivo de Notimex y Vocal Propietario ante la Junta de Gobierno de la agencia de noticias del Estado mexicano. Y recientemente fue nombrado director de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas, ATEI. Twitter: Gabriel_TorresE

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Gabriel Torres Espinoza

El obstáculo final de la vacuna

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Gabriel Torres Espinoza*

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que a pesar de las grandes esperanzas depositadas en el hallazgo de una vacuna para el Covid-19, “podría nunca haber remedio infalible contra el Covid-19”. Esta noticia sacudió al Mundo. Podría decirse que el ‘Santo Grial’ de la pandemia del coronavirus lo representa el acceso a una vacuna efectiva. Son poco más de 18.5 millones las personas infectadas y más de 701 mil las que han fallecido a causa del coronavirus.

Laboratorios de todo el mundo trabajan en una frenética carrera contrarreloj, sin precedentes en la Historia, para encontrar una vacuna contra el SARS-CoV-2. Se trata de una disputa científica entre potencias, que emula a las acontecidas durante la Guerra Fría, destacando entre ellas la carrera espacial, que tuvo como preámbulo el lanzamiento del primer satélite, en 1957, el Sputnik por parte de la Unión Soviética. El dato más reciente, advierte que son 177 las vacunas que se encuentran en investigación: 142 en ‘fase preclínica’ y 35 en ‘fase clínica’. Son cinco las que ya se encuentran en Fase 3 [Oxford / AstraZeneca, Sinopharm, Moderna, p. ej.] que también es la que lleva más tiempo.

Un artículo publicado el 15 de julio en la revista científica American Journal of Preventive Medicine, coordinado por Bruce Y. Lee, profesor de la Universidad de la Ciudad Nueva York, destaca en principio que la efectividad de la vacuna “tendría que ser superior al 70% e incluso llegar al 80%”. No obstante, después de desarrollar un modelo de simulación informático arrojó, entre muchos otros datos, dos que son particularmente preocupantes: 1.- Si el 5% de la población ha sido infectado [en mayo pasado se calculó oficialmente que, por ejemplo en España, el 5% de la población ya había sido infectada], una vacuna con una efectividad del 80% podría reducir el número máximo de casos si, y sólo si, la mitad de la población ha sido vacunada. 2. No obstante, si el 15% de la población ha sido infectada para cuando esté disponible la vacuna en contra del coronavirus, esta sólo podrá reducir el número máximo de casos hasta en un 65%, si todo el mundo se vacuna [escenario utópico] y la vacuna tiene [ojo] un 100% de efectividad [una tan exitosa y vetusta, como la del sarampión, posee una efectividad de entre el 95% y 98%].

De acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en ingles), las vacunas actuales contra la influenza ofrecen una efectividad que oscila entre un 40% y un 60%. Funciona mejor con la influenza B, pero ofrecen menor protección contra la Influenza A(H3N2). Al respecto, destaca que al menos dos factores determinan las probabilidades de éxito: 1) las características de la persona [edad y estado de salud]; y 2) la similitud o ‘combinación’ entre los virus incluidos en la vacuna y los que se diseminan en la comunidad (cepas).

Ahora bien, es importante considerar los efectos que pudiera suscitar la eventual inmunización para el coronavirus. La doctora Julie Gerberding, ex directora de los CDC en EEUU, señaló que es de vital importancia “equilibrar la capacidad de la vacuna para ofrecer una protección rápida, pero al mismo tiempo asegurarse de que no estamos creando un daño inadvertido a las personas en el proceso (…) ese es un equilibrio realmente difícil, especialmente difícil cuando se tiene que hacer rápido”. Sin embargo, ahora la urgencia es ponerla a disposición lo más rápido posible, ignorando todo ello.

Como atinadamente sostiene Bill Gates, fundador de Microsoft: la decisión de vacunarse, o no hacerlo, será “el obstáculo final” que habrá de sortear la vacuna del coronavirus. Encuestas recientes señalan que tanto en EE.UU. como en Alemania apenas el 50% de la población estaría dispuesta a inyectarse la vacuna, y en Inglaterra una tercera parte la rechazaría. De forma que el éxito de la vacuna dependerá de la fecha de su disponibilidad [entre más avanzada se encuentre más difícil será contrarrestarla incluso con vacuna], de su efectividad [tendría que ser superior al 70% u 80%] y, por último, de la aceptabilidad de su vacunación entre la población para propiciar lo que se conoce como ‘inmunidad rebaño’ [sólo se alcanzaría si el 60% o 70% quedara inmune al virus].

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Gabriel Torres Espinoza

Análisis- El individualismo encumbrado y el mercantilismo a ultranza

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Gabriel Torres Espinoza*

Todo parece indicar que el ‘Botón de Emergencia’ será activado por el gobierno de Jalisco en cuestión de días. La ocupación hospitalaria y la incidencia semanal –indicadores que por separado definirán su activación–, se encuentran en constante ascenso, lo que convierte a esta drástica medida en un asunto prácticamente ineludible. Este jueves, el gobernador, después de sostener una reunión con la mesa de salud, habrá de informar las medidas a adoptar. Viene bien recordar que, por primera vez en la historia de la humanidad, una pandemia puede ser enfrentada por una sociedad que dispone de los mayores avances científicos y tecnológicos, y que además cuenta con sistemas de salud pública –aunque aún insuficientes–, toda vez que estos eran todavía inexistentes en el contexto de la Gripe Española de 1918 [fueron los rusos quienes crearon la primera red pública de salud, en 1920, a causa de ella].  Esta pandemia por el covid-19, encontró una comunidad de escasa solidaridad, fraternidad y humanismo, respecto de los grupos más vulnerables. Resulta evidente que gran parte de la sociedad no está dispuesta a asumir un mayor ‘sacrificio’, que lo que quieren entender por esta ‘nueva normalidad’. Ni siquiera los mínimos como portar correctamente un cubrebocas, mantener la sana distancia o salir de casa sólo cuando sea necesario. Como resultado, Jalisco registra, en los últimos días, una movilidad superior al 72 por ciento.

Recordemos que, durante la Segunda Gran Guerra, la humanidad asumió varaderos sacrificios que distan mucho de las pequeñas exigencias que ahora se solicitan a la sociedad por el coronavirus [resguardo domiciliario, santa distancia, portar cubre bocas, lavarse las manos]. Por ejemplo: la hambruna holandesa de 1944 propició una escasez de alimentos sin precedentes. Los adultos comían entre 400 y 800 calorías diarias [dos rodajas de pan, dos papas y un poco de azúcar], de las mil 800 diarias que requiere como mínimo un adulto sedentario. En Estados Unidos, las mujeres jóvenes eran requeridas enfáticamente para ser enfermeras militares. En Asia, debido a las recientes epidemias del SARS y la gripe aviar, acaecidas en el siglo XXI, han propiciado que Japón, Corea del Sur, China, Taiwán, Hong Kong y Singapur, hagan del uso de la cubrebocas todo un ritual obligatorio de vestimenta desde hace tiempo. Aquí, simplemente se rehúsan a ello, por ‘incomodidad’. Erróneamente se ha encumbrado la individualidad y el mercado por encima de todo, justo cuando la política de salud pública encuentra a su mayor obstáculo en el individualismo egoísta y mercantilista a ultranza, que se expresa en el funesto ‘sálvese quien pueda’. Habría que replantear hoy la beneficio que reporta en la sociedad del siglo XXI, un principio político que fue olvidado, ignorado y omitido después de la Revolución Francesa: la fraternidad. La proclama de los franceses “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, tuvo hondas repercusiones en el pensamiento político moderno, toda vez que el capitalismo retomó el principio de la libertad, y la ideología estatista-marxista asumió la paternidad de la igualdad. Pero la fraternidad quedó huérfana, y durante esta pandemia, tristemente hoy ausente también de la vida pública.

gabtorre@hotmail.com

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Gabriel Torres Espinoza

Los partidos políticos, ¿tienen futuro?

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Gabriel Torres Espinoza*

Es, en esencia, el futuro de la democracia. Esto porque resulta equivocado asumir la existencia de una democracia moderna y representativa, sin partidos políticos. Se llegó a decir que ante la permisión y legislación de las candidaturas independientes (en realidad son candidaturas sin partido), estas le darían un profundo revés a la vida político partidaria en nuestro país, ante la insurgencia, en 2015, de tres candidatos: El Bronco, Manuel Clouthier (diputado local de Sinaloa) y Kumamoto. Sin embargo, en 2018, tanto Kumamoto como Clouthier perdieron la contienda electoral por la que compitieron, y las candidaturas sin partido pasaron a convertirse en algo meramente testimonial. Por el contrario, Kumamoto y su equipo Wiki –otrora enemigo acérrimo de los partidos– decidió fundar un partido político (Futuro), y Calderón, ante la estrepitosa derrota de Margarita Zavala –otrora candidata “independiente” a la Presidencia de la República– decidió crear uno nuevo partido: México Libre. En el proceso electoral pasado, más del 90 por ciento de los mexicanos votaron por partidos políticos. Bien podría decirse que los partidos son consustanciales a la vida en democracia.

Muy ad hoc al pensamiento de Francis Fukuyama, quien planteó la tesis del “fin de la historia” a causa del fin de las ideologías, en las postrimerías del siglo XX, como fenómeno auspiciado por la Caída del Muro de Berlín, ahora se augura, ‘el fin de los partidos políticos’. No obstante, debe decirse que quien sostiene el fin de los partidos políticos argumenta, ineluctablemente, el fin de la democracia. Ya desde inicios del siglo pasado, el jurista Hans Kelsen, afirmaba que “la democracia moderna se funda enteramente en partidos políticos (…) sólo desde la ingenuidad o desde la hipocresía puede pretenderse que la democracia sea posible sin partidos políticos”.

Entonces ¿por qué los partidos políticos son condición necesaria, más no suficiente, para la vida en democracia? Porque si partimos del hecho de que las democracias modernas 1) son representativas; 2) dirimen la conquista del poder político a través de consensos; y 3) están basadas en el principio de la mayoría –con respeto y garantía de las minorías–; pues la forma más eficaz de afianzar estos tres principios es sólo a través de los partidos políticos (organizaciones públicas), en la medida de que 1) ostentan el modelo de representación política por antonomasia; 2) son grandes articuladores de consensos sociales; y 3) posibilitan la conformación mayorías, coaliciones legislativas y/o de gobierno.

En términos ‘churchillianos’, podría decirse que los partidos políticos son las organizaciones más eficaces para afianzar estos tres principios, en tanto no se cree otra mejor. No se niegan los problemas consustanciales que registran las democracias de hoy y los partidos políticos. Pero éstos son, hasta ahora, el mejor sistema político (Churchill). Por otro lado, pretender el fin de los partidos políticos, a causa de las críticas fundadas que se les hacen a algunos por su desempeño, es tanto como proponer el fin de la democracia, por el desencanto que producen algunos de sus gobiernos electos democráticamente.

 

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