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Tiempo Nuevo

Un alumno de Carlos Fuentes, ese autor con esplendor que privilegió lo mestizo como esencial de lo mexicano, es hoy embajador. Un diplomático que puede protagonizar el puente de comunicación requerido entre nuestro Gobierno y el de Estados Unidos.

Y la historia transcurre más de dos décadas después.

El contexto internacional en el que se realizó la entrega de cartas credenciales del nuevo embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, al presidente Andrés Manuel López Obrador, podría llegar a ser histórico, como inicio de un camino distinto del que hubiéramos pensado ante la polarización tendencial, permanente y grosera, del electoralmente hiperpragmático Donald Trump.

La Presidencia estadounidense ha conseguido tensar los vínculos convencionales que conectan a Estados Unidos con el resto del mundo: el Grupo de los 7 desafió al presidente Trump, al invitar a Irán a la reunión celebrada en Biarritz; las amenazas mutuas de aranceles entre China y Estados Unidos agudizan la preocupación de una recesión económica de proporciones globales.

En ese contexto de múltiples complejidades, una buena relación entre Estados Unidos y México, en contraste, aparece como muy probable contra todo pronóstico gracias a la formación y el pasado familiar de Landau.

De ahí que puede recibirse con gusto el trascendido de que, en versión del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, el tema de la xenofobia pudiera tener al embajador estadounidense y al Gobierno mexicano del mismo lado.

Como nota pertinente, recordemos que el Jefe del Ejecutivo mexicano pidió que en Estados Unidos haya un pronunciamiento amplio intolerante con crímenes de odio como el cometido recientemente en un autoservicio de El Paso, Texas.

Según el embajador Landau, el rechazo al racismo y a la xenofobia ha ocurrido a lo que se le replicó, según informó Ebrard, “háganlo todos los días, háganlo más y sean ejemplares en lo que se va a hacer”.

Landau conoce la xenofobia por sus orígenes familiares.

Su padre, George Landau, era un joven austríaco de origen judío en la Segunda Guerra Mundial.

Escapó del Holocausto gracias a que consiguió una visa hacia Colombia. Luego viajó a Estados Unidos, país para el que desempeñó diversos cargos diplomáticos en Paraguay, Chile, Venezuela y España. Ésta es la razón de que Christopher, su hijo, hable tan buen español.

El nuevo embajador en México forma parte de una de esas corrientes migratorias con la que se integró la población de Estados Unidos. Por eso puede resultar la persona ideal para hacer llegar el mensaje sobre el peligro de la xenofobia y el racismo.

Los resabios históricos que han separado a México y Estados Unidos han sido superados momentáneamente.

Ambos países se necesitan de manera mutua.

Desde su llegada a México, Landau sorprendió a varios cuando refirió “el enorme sincretismo: en mi país no se puede pasar ni siquiera dos cuadras en una ciudad sin encontrar un restaurante mexicano, sea La Michoacana o Cielito Lindo”.

Su primera presentación en público fue en un concurso para seleccionar cantantes mexicanos que participen en los espectáculos de ópera del Metropolitan Opera de Nueva York.

Landau fue alumno de Carlos Fuentes cuando estudió historia en la Universidad de Harvard.

Por todo ello, los buenos augurios de su misión en México son positivamente fundamentados: una historia familiar y académica podrían favorecer el encuentro diplomático de México y Estados Unidos… para dejar de ser “Una Familia (hemisférica tan) Lejana”. 

 

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo
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Carlos Ramírez

Indicador Político- Trump-Biden, lectura estratégica: el resentimiento y los 538 votos reales

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Carlos Ramírez*

Uno de los errores más comunes en el análisis periodístico de sucesos que afectan a la sociedad es asumir la interpretación personal de los analistas como si fueran los estados sociales de ánimo. El debate Donald Trump-Joe Biden se está pasando, en los EE. UU. y México, por el filtro de los que los autores suponen que debe ser la política: la ética y el buen comportamiento.

Sin embargo, hubo dos enfoques ausentes en los análisis posteriores al debate: el perfil del estadunidense medio que se mueve en función del resentimiento, la codicia, la explotación y el bulling social y los 538 votos electorales que son los que elegirán al próximo presidente sin importar los que vieron el debate y decidirán su voto popular en función de los comportamientos de los candidatos peleando a cuchilladas la presidencia.

La sociedad electoral estadunidense, la de la calles, la de los intereses egoístas, la que busca ganancias, es otra cosa: votó antes por el imperio invasor para construir un nivel de vida basado en la exacción de recursos, aceptó derrocamiento de gobiernos que afectaban ese confort, reeligió al tramposo de Nixon y lo derrocó el establishment del FBI, se divirtió con las calenturas de Clinton, quiso a Obama por el color de la piel y se decepcionó por sus resultados y por ello voto enseguida con enojo por Trump y no por Hillary Clinton.

Para esa opinión del establishment, Trump perdió el debate; pero para la base estadunidense enojada con los políticos, encarada contra el fisco del Estado, decepcionada porque no les hacen caso, racista por configuración genética y violenta contra quienes quieren romper el orden interior formal y se encuentran con la brutalidad policiaca como medio de control social de minorías resentidas o radicalizadas a la izquierda, Trump refrendó su propuesta presidencial de 2016.

Quienes van a elegir al próximo presidente de los EE. UU. serán esas bases sociales celulares con sus propias contradicciones. Ahí fue donde Trump hundió a Dormilón Biden: el presidente enarboló, con enojo, el argumento de ley y orden contra los disturbios en ciudades –y lo subrayó varias veces Trump– gobernadas por apáticos y atemorizadas autoridades locales del Partido Demócrata, mientras Biden convocaría a la Casa Blanca a una reunión entre sociedad, policías y gobierno para buscar una salida.

A los analistas liberales suele no gustarles estos métodos sociales analíticos, pero en realidad la función del análisis es la de exhibir la realidad; si imponen sus puntos de vista, entonces se trataría de opinión y su mercado es menor. Y hasta ahora pocos han analizado la realidad de la sociedad estadunidense: Myrdal en el caso del problema negro, Katherine Cramer en el perfil del estadunidense medio resentido con el Estado, Wright Mills con su perfil de la élite de poder que manda e impone gobiernos.

El resultado del debate del martes debe medirse en función del estado de ánimo del estadunidense medio –la mayoría silenciosa que despertó Nixon– que está harto del Estado, que admira a quienes defraudan al Estado, que apoya la fuerza, que es racista hipócrita y que, en fin, sabe que su confort depende de gobiernos que tienen que ensuciarse las manos para invadir países y explotar personas y que se la pasa leyendo los movimientos en la bolsa de valores porque vive de la especulación codiciosa en el mercado accionario y no de sus salarios.

Lo que ha sido tipificado como concepto sociológico como las buenas conciencias –a partir de una novela revalorada de Carlos Fuentes– suelen dictar los enfoques en medios, pero no representan los intereses o las pasiones del estadunidense ahogado por la pandemia, el confinamiento y el desempleo y que no se preocupa por los muertos si éstos significan que la economía deba abrirse para trabajar.

 

 

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Política para dummies: La política, señoras y señores, es Machiavelli. Lo demás es el Manual de Carreño.

 

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Nacional

Provocación sin feminismo

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Salvador Guerrero Chiprés*

La interrupción del embarazo es legal desde el 2007 en la Ciudad de México. Ello hace muy poco creíble que las manifestaciones de presuntas feministas, con la violencia descrita y desplegada en los medios y ante ellos, esté relacionada con esa causa histórica de las mujeres.

Para no variar, hubo más heridas entre las mujeres policías que en cualquier contingente. Hasta este lunes a las 18:00 horas, eran cuatro; ninguna manifestante.
Es obligación de la Policía la doble misión de resguardar el derecho a la libertad de expresión como el de la protección de la integridad de las personas y de sus bienes.

Las mujeres policías, mujeres que son invisibilizadas por las manifestantes y se convierten en cuerpos representativos únicamente “del Estado”, carecen de identidades personales merecedoras de respeto por un simple porrazo de esas células activadas desde las diversas combinaciones de ingenuidad y provocación que son posibles en esta hora del país.

Algo de imaginación política donde cierta forma evolucionada de la retórica, una actualizada narrativa, o un gesto simbólico superior y distinto de aquella violencia desplegada “a favor del aborto” tomara el lugar de la violencia exhibida, fortalecería más el reclamo de esta causa en la que nuestra capital fue pionera.

La protesta es encapuchada. Y a quien no le guste, batazo, gasolina y fuego, molotov y cualquier otro coctel. ¿Hay algo de machismo patriarcal en esa forma de “feminismo”?

Del equilibrio del ejercicio del poder habla la prudencia de la estrategia de contención y encapsulamiento, aunque no incluya el privilegio, para las mujeres policías, de que hay garantías de seguridad.

Paralelamente, existen otros pequeños grupos que invierten en formas de desestabilización de otras capacidades institucionales. Está ahí el caso de la empresa de administración de talento, GINgroup, destapado por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Directamente la titular del Gobierno local reveló, fotos y datos de por medio, el comportamiento de algunos ejecutivos.

A partir de una notificación ciudadana compartida por Sheinbaum supimos de las actividades de María Beatriz Gasca Acevedo, quien entregaba víveres, estímulos reveladores de su maniobra personal y eventualmente del consorcio para el cual trabaja o supuestamente “dejó de trabajar” según el comunicado de este mismo lunes.

Inquietante saber que Raúl Beyruti Sánchez, presidente de la compañía, y Gasca Acevedo, vicepresidenta de Responsabilidad Social y Recursos Humanos, pudieran ser parte de quienes financian la toma de la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el Centro Histórico, en la que también participan mujeres y colectivos feministas con reclamos legítimos.

Beyruti figuró en el puesto 89 como uno de los 100 empresarios más importantes de México de la revista Expansión en 2018. Dos años después se descubre su mano tras algunos grupos “feministas” apoderados de las instalaciones de la CNDH y agresores de mujeres policías. A ver quien los “Frena”.

@guerrerochipres 

(Fotografía del autor, cortesía de Excélsior)

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Complejo militar-mediático-seguridad- inteligencia-espionaje contra Trump

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Carlos Ramírez*

Como no se había visto desde que el subdirector general del FBI, Mark Felt, se alió Bob Woodward y al The Washington Post para forzar la renuncia del presidente republicano Richard Nixon, ahora de nueva cuenta la comunidad de los servicios de inteligencia y seguridad nacional civiles y militares acaban de dar un paso público para pedir el voto a favor del demócrata Joe Biden y contra el republicano Donald Trump.

Detrás de las acusaciones de arrogante, grosero, racista, autoritario, impulsivo y sobre todo antisistémico se localiza el hecho de que Trump ha ido desmantelando y depurando los servicios civiles y militares de inteligencia y seguridad nacional porque se convirtieron en un poder autónomo dentro del Estado estadunidense, con capacidad para arrinconar, acotar e imponerse sobre los presidentes civiles. Con los relevos poco educados de funcionarios del área de seguridad Trump logró demostrar que esos servicios son un nido de intereses y de corrupción.

En este sentido debe leerse la carta abierta del pasado 24 de septiembre de 489 generales, almirantes, altos funcionarios, embajadores y servidores civiles del área de seguridad nacional –todos retirados— a favor de Biden. Leída con enfoques de seguridad nacional, se trató el primer paso de lo que pudiera ser un intento de golpe de Estado de funcionarios de alta jerarquía de seguridad contra el presidente que no les hizo caso ni les respetó.

La carta tiene, además, otro contexto que iría completando el Estado profundo que siempre denunció Trump: una estructura de intereses reales de poder económico, mediático, político, militar y de seguridad para dictaminarsobre posibilidades presidenciales. Aun en el supuesto caso de que todas las acusaciones contra Trump fueran ciertas, la carta de exfuncionarios de seguridad y los pronunciamientos de The Washington Post y de la revista The New Yorker ofrecerían el panorama de un poder oculto que está moviendo preferencias a favor de Biden, justo cuando comienza a declinar en encuestas clave como la de Florida.

The Washington Post ha dedicado ocho editoriales para ofrecer un racimo inflexible de críticas severas contra Trump y ninguna contra Biden; al contrario, el diario pide votar por el demócrata. La tesis central radica en la argumentación de que con Trump “nuestra democracia está en peligro”, aunque los comportamientos del diario violen la objetividad en el tratamiento periodístico de asuntos electorales. Inclusive, dice el diario que uno de los objetivos de Trump es Jeff Bezos, dueño del Post y de Amazon y el hombre más rico de los EE. UU. con una fortuna de más de 100,000 millones de dólares por actividades dedicadas al comercio. La revista The New Yorkerigual pide votar contra Trump y celebra los acercamientos de Biden con el exprecandidato socialista Bernie Sanders.

En este contexto, el principal adversario de Trump no es el demócrata Joe Dormilón Biden, sino el complejomilitar-industrial-mediático-inteligencia que representa el verdadero poder en los EE. UU. y cuyos intereses fueron dañados por Nixon a mediados de los setenta y ahora por Trump. Y en el fondo estaría un asunto oscuro: la posible intervención de Rusia en las elecciones estadunidenses a favor de Trump, presuntamente descubierta por los servicios de inteligencia y seguridad nacional de Washington. Sin embargo, hay otros analistas que señalan que esa versión es parte de la estrategia demócrata de campaña para debilitar a Trump.

Lo grave, en todo caso, fue la carta abierta de 489 exfuncionarios de inteligencia y seguridad nacional civiles y militares contra el presidente en funciones, dejando indicios de una guerra interna en la estructura del poder que sólo tendrá dos opciones: echar a Trump y retomar el poder y que gane Trump y profundice la limpia de funcionarios de inteligencia y seguridad nacional. Esta lectura tiene el contexto del hecho de que Nixon renunció en 1974 por una alianza FBI-The Washington Post.

 

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Política para dummies: la política es la guerra por todos los medios.

 

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