
Por Manuel Gutiérrez
Ayrton Senna fue un prototipo del caballero moderno, del cristiano de firmes convicciones que vive cada domingo su encuentro. Su frase final para el mundo es un epitafio que dice: “Nada podrá apartarme del amor de Dios” en su lapida, su encuentro fue a más de 190 kilómetros por hora en curvas en Suzuka, y duró segundos que para él fueron un asomo de la eternidad.
Eso y más lo dijo el hombre del casco verde-amarello, que era la esperanza de un Brasil que padecía inflación, populismo y desesperanza, pero estaba Senna para alegrarlos, hacer caridad y ser un símbolo en el mundo moderno, un piloto feroz en la pista, determinado a ganar y con un manejo supra-humano en que los límites eran imposibles.
Senna convirtió a Dios en aficionado presente en la Fórmula Uno, de hecho estaba en cada una de sus fibras sensibles. En 1988 al ganar a Alain Prost, el “profesor” dijo: “Dios estaba conmigo en el coche” inexplicable que un moderno piloto se hiciera tan místico.
Si otro piloto, y todos los expertos coinciden en ello, así como autoridades de la prensa mundial reconocen que si otro piloto lo hubiera dicho, el mundo se le habría venido abajo. Pero era Senna, y todo mundo lo tomó en serio, tuvo el respeto a sus opiniones y revelaciones personales.
Como Villenueve, era el maestro del manejo bajo la lluvia. Así lo demostró desde debut. Lo hizo entrenando intensamente empapado, hasta dominar los secretos con un kart. Este caballero medieval, llegaba a los 300 kilómetros por hora pero aún con la diferencia de trajes, era un hombre de una pieza, con una cultura de vivencia religiosa, que paradoja moderna.
Su grial era el amor de Dios en Suzuka momentos antes de ser campeón mundial, vino otra revelación, tal vez su camino de Damasco: “Rezaba agradeciendo a Dios, que iba a ser campeón mundial. Cuando concentrado al máximo, abordaba una curva de 180 grados. Vi la imagen de Jesús, grande, allí suspendida, elevándose al cielo. Este contacto con Dios fue una nueva experiencia maravillosa”.
Dios se hizo socio de Senna, y le explicó a su nuevo socio la importancia del gran premio de Mónaco y Senna tenía un auto desequilibrado, inferior y Dios lo entendió. “ La importancia de entregarse a la oración” declaró y Senna ganó con auto inferior totalmente. El socio, sí responde. Los creyentes entenderán esto a su profundidad.
Prost era creyente, pero racional. Lo que lo llevo a declarar: “ No solo es bueno pilotando sino que haber dicho que había estado con Dios, lo hace peligroso”.
Prost dejo McLaren y se fue a Ferrari donde fue campeón en el 90. Durante la confrontación en pista y fuera de ella con Senna, Prost contó con el apoyo de Jean Marie Balestre, presidente de la FIA, el panorama se le puso muy negro, pero Senna aguantó todo porque las presiones fueron mundiales.
“Yo soy creyente, pero ahí de decir que manejé con Dios….” Terminó Prost. Pero Senna tenía un corazón inflamado de amor divino, intenso, total, y cuando se ama así Dios es más proclive a manifestarse a esos dilectos espíritus.
Todo piloto sabe que en ocasiones toca la puerta de la eternidad, con insistencia. Y que el riesgo, el dolor y la muerte, están presentes y que hay algo más que te espera, te consciente, te arropa, te comunica…
Senna no pasaba la semana encerrado en la Iglesia, aunque nunca hacía a un lado al socio divino, se sometía a riguroso entrenamiento físico y psicológico, su fuerza mental era indiscutible como su certeza interna. Dio testimonio en un mundo hedonista, en un deporte de élites de que el espíritu sopla donde y como quiere.
Durante el choque con Prost que llegó a traducirse en un campeonato para cada uno exactamente en la pista de Suzuka, Senna embistió Prost, este fue descalificado y el francés se llevó la corona mundial.
La siguente versión de su choque, fue para Senna con la victoria.
Senna veía la muerte, no la temía, ni la buscaba. Como el ideario del caballero de García Morente, la muerte la respetaba, pero no temía, del piloto Martín Donelly lo conmovió pero decidió continuar.
Senna decía que hay que verla como un nuevo principio, pero estar preparados para ocupar un buen sitio. Nunca olvidarla, pero no temerla ni crear en ella, la idea del final.
Otro momento de éxtasis – místico o deportivo- fue al ganar en casa el GP de Brasil, “Dios me dió la carrera” venció al león inglés Nigel Mansell.
Otro momento de abducción por lo divino. Los que saben de la velocidad meditarán sus comentarios del piloto brasileño en Mónaco 88: “Llegó un momento en que yo era dos segundos más rápido que cualquier otro. De repente me dí cuenta que estaba pasando los límites de la conciencia” tuvo un fuerte accidente.
Sigue Senna: “El accidente me dio a pensar muchas cosas, me hice muchas preguntas. Creo que no sabemos de las cosas que tenemos, tanto como de las que no somos conscientes que tenemos, pero todas, nos las dio El. El accidente sólo fue una señal de que Dios estaba ahí esperándome para darme la mano”.
Con 161 carreras, 91 victorias, 80 podios, 65 poles, 19 vueltas más rápidas tuvo tres campeonatos del mundo. Era la época en que la F-1 implicaba mayores riesgos que en la actualidad. Frank Williams, siempre fue seguido por la sombra de que el auto presentaba defecto y así fue cedido a Senna, no por negligencia, porque así era la Fórmula Uno, te daban un monstruo que en algún momento te podía arrastrar a dónde no querías.
Los dictámenes lo absolvieron, la duda persistió. Mucho le dolió a Williams confinado a la silla de ruedas a consecuencia de otro accidente automovilístico.
Primero de mayo 1994, en GP San Marino, una jornada fatídica, primero muere el austríaco Roland Ratzenberger, al que quería homenajear Senna, ondeando la bandera austriaca, más con la victoria en la vuelta triunfal, cuando llegó a Tamburello y en el golpe en un segundo, un fragmento parte de la suspensión salió directo a impactar al piloto. Pese a la velocidad del choque, de no haber recibido ese golpe mortal, hubiera salido ileso. Pero era su hora
Cuando se hizo el documental, hermoso, maravilloso de “Senna” , Asif Kapadia el productor y el hindú Manish Pandey pasaron grandes problemas para superar los obstáculos. Finalmente Bernie Eclestone, aceptó ceder cintas originales de la F-1 y otras clasificadas, y se pudo realizar su película post morten, con mucho de suerte, decisiones inesperadas, cambiadas al último momento, como le gustaría a Senna.
Pandey, aunque de origen hindú comprendió algo sobre el caballero Senna: “ Era como un monje shaolin, pero en lugar de tocar tambores, manejaba en F-1. Aunque no soy de su religión, fue mi ídolo y compartíamos espiritualmente su esperanza. Todo Senna fue un acto de Dios, su vida fue un acto de Dios, su muerte fue un acto de Dios”. Kapadia lo llamó “su héroe” pero lo entendia como resultado de la influencia del John Wayne, y del sistema de Hollywood de crear modelos de valor ante las crisis.
Senna no fue suave, fue un guerrero. Luchó por mejor las condiciones de seguridad de muchos circuitos, ni el anterior trazo del Gran Premio de México, se le escapó. No le gustaba la peraltada, en que Mansell, de manera imposible la dominó para alcanzar una victoria legendaria, cuando el gran premio fue logrado por los Hermanos Abed hoy es el Foro Sol.
Toleman, Lotus, McLaren, Williams, podríamos decir que no eran las más grandes salvo McLaren, en su momento, pero con Dios, se puede ganar en una caja de cartón, si se tiene suficiente fe y Senna la tuvo, adicionando calidad, vocación, preparación no había necesidad de un milagro, pero los conseguía mediante su fe.
El Vaticano, jamás se pronunció al respecto de los desplantes místicos del piloto, porque su enfoque era afectuoso y de respeto a la Divinidad, por lo que su silencio fue implícitamente aprobatorio, porque a todos finalmente les daba espiritualidad.
Un duelo grandioso, mente disciplinada de Prost, que media los riesgos, contra mente temeraria; mente metódica contra una mente anárquica, artística, pero capaz de improvisar otra página notable, pero no llegó a salir de lo terrenal, Senna sí.
Pero nada de profundidades a las que se asomó Senna a la velocidad de la percepción y más lejos.
Alguna vez, Adrián Fernández, cuando corrió Indy, me confió que el momento de mayor velocidad, es “Sentir la suprema velocidad, es que todo transcurre despacio, lento, como tiempo detenido,en que un segundo se estira, se alarga en que un momento podría abrigar toda una vida, a pesar de pasar de 250 kilómetros por hora, no sé cómo llamar a eso”, pero me lo aseguró como algo real.
Yo le creí estábamos en su casa en Guadalajara, sede sus promociones, que manejaba el padre de Checo Pérez.
El duelo de Senna con Prost, fue personal, humano, inclemente, pero sin odio. Al final la separación marcó sus caminos, la leyenda, su actuación. No puedo imaginar otro final para Senna, porque el héroe joven parte por la puerta grande, la tragedia nimba su fama y su leyenda.
Pero nunca, nunca se llegó a la conceptualización de otra dimensión como lo hizo Senna, pero puede haber otros grandes campeones, y figuras intachables como Cevert, artista del piano y de la F-1, por destacar personalidades notables, de valores y de caballerosidad estimable en la pista, con certeza, si, creyentes, que hayan admitido su existencia y vivencia del Señor de toda la velocidad… Pero no se aproximaron a buscarlo con esa intensidad de emoción.
De hecho nadie lo ha alcanzado en ese terreno, en que lo hizo ofreciéndonos: El misterioso, perfecto, super-satisfactorio y eterno amor de Dios eso me parece muy concreto, muy lógico. Que vió, lo dijo y algunos le creemos pero escapa a los parámetros de la realidad. Otros pensarán en una alucinación del vértigo, pero como lo interpretó, hizo la diferencia y no tenía necesidad de mentir, era una vivencia auténtica. Yo le creo, Adrián Fernández, le creyó.
Fuentes: Expansión: “Dios, el principal inspirador de Ayrton Senna en su vertiginosa carrera” publicado 15 septiembre del 2011.
PD (Periodismo+Deporte) “El Piloto que manejo con Dios” Leandro Bolano.
EL PAIS: “El extraño Ayrton Senna” 18 de abril del 2011.
ALETEIA: “Ayrton Senna, hombre de Fórmula Uno. Hombre de Fé” 18 abril del 2011.
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