
Por Violeta Moreno Haro
En política hay momentos de épica y momentos de ingeniería fina. Este es de los segundos. La estrategia de la Presidenta de la República en los estados clave no parece estar orientada al aplauso fácil, sino a la consolidación. Y en Jalisco eso significa una cosa muy concreta, privilegiar a quienes tienen oficio político real.
Aquí aparecen tres perfiles que no son menores, Ricardo Monreal, Ricardo Villanueva y Marcelo Ebrard. Dos ex rectores universitarios y un operador con experiencia internacional y visión económica. No es casualidad. La rectoría no es un cargo ornamental, es administración de poder complejo, negociación permanente, presupuesto, sindicatos, academia, legitimidad pública. Es escuela de Estado.
Cuando perfiles así influyen en la construcción territorial, la señal es clara, se privilegia estructura sobre estridencia. Ricardo Monreal entiende el Congreso, las correlaciones de fuerza, el costo de cada movimiento. Ricardo Villanueva ha demostrado que sabe sostener instituciones en contextos de tensión política sin romper puentes. Marcelo Ebrard aporta una lectura que va más allá de la coyuntura local, entiende economía, comercio exterior, proyección internacional.

Si ese triángulo pesa en Jalisco, lo lógico es que se consoliden perfiles con trayectoria comprobada.
En ese mapa encajan figuras como Mery Pozos y Alberto Maldonado, con trabajo legislativo y territorial, disciplina partidista y experiencia acumulada. No son producto de moda digital, han construido paso a paso.
Alberto Uribe representa una capa distinta del mismo fenómeno, experiencia ejecutiva, conocimiento profundo de la administración pública y capacidad de interlocución real. Ha gobernado, ha negociado, ha enfrentado oposición concreta y ha demostrado resultados medibles. Eso en política pesa más que cualquier narrativa.
Raúl Álvarez representa experiencia legislativa y territorial, con capacidad de interlocución y conocimiento del aparato público. Ha estado en espacios de decisión y entiende el equilibrio entre estructura partidista y operación política.
Y si hablamos de perfiles que conectan universidad y política pública, ahí están Tonatiuh Bravo Padilla y Mara Robles, trayectorias que combinan academia, legislación y estructura institucional. Son perfiles que entienden que gobernar no es administrar redes sociales, es sostener sistemas.
Lo que se empieza a perfilar en Jalisco no es una revolución discursiva, es una depuración estratégica. La Presidenta necesita estados estables, interlocutores con lectura fina y operadores que sepan medir consecuencias. Jalisco no es una plaza sencilla, es un tablero con élites formadas, universidad fuerte, empresariado activo y opinión pública exigente.
En ese contexto, privilegiar oficio no es un gesto de grupo, es una decisión de gobernabilidad. Es entender que la política se sostiene en cuadros, en formación, en estructura y en capacidad de negociación. No en ocurrencias.
La historia demuestra que cuando el poder nacional apuesta por perfiles con escuela de Estado, el mensaje es institucional. No se trata de excluir a nadie, se trata de elevar el estándar. Y en un momento de reacomodo interno, el estándar parece ser claro, trayectoria, disciplina, resultados.
En Jalisco, eso siempre ha contado. Y hoy vuelve a contar.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.









