
Por Laura Gutiérrez Franco
El Gobierno de México ha presentado oficialmente el prototipo definitivo del Olinia 1, su apuesta por un vehículo 100% eléctrico de manufactura nacional -hasta el 2030, ahora es 50 por ciento chino- con un precio anunciado desde los 150 mil pesos (IVA incluido).
Aunque la administración promueve este lanzamiento como un hito de soberanía tecnológica e impulsará su comercialización para el verano de 2027, la propuesta despierta profundas dudas sobre su utilidad real, sus graves carencias de seguridad y la viabilidad de operar en las calles del país, llenas de baches y con inundaciones.
Ante este panorama, surge una pregunta inevitable en la mesa de análisis: ¿para qué emprender en un desarrollo tan limitado si existen prioridades más urgentes o alternativas de inversión mucho más eficientes para el presupuesto público?
No se trata de estar en contra del espíritu emprendedor del Estado, sino de exigir que, si se decide competir en el sector empresarial, se haga con proyectos verdaderamente funcionales, robustos y alineados a las necesidades reales de los ciudadanos. El Olinia 1 posee características técnicas que lo alejan drásticamente de lo que un consumidor promedio espera de un automóvil seguro y versátil.
Limitaciones técnicas y el peligro de salir a carretera
El gobierno ha aclarado que no estamos ante un auto convencional, sino ante un “minivehículo de movilidad de barrio”. Su velocidad máxima está topada a tan solo 50 km/h y su autonomía ronda los 125 kilómetros por carga conectada a un enchufe doméstico convencional.
Esta restricción de velocidad convierte al Olinia 1 en un peligro absoluto para las carreteras, autopistas e incluso vías rápidas urbanas del país, donde transitar por debajo de los 60 km/h expone a los pasajeros a accidentes graves. El riesgo aumenta al constatar que el diseño carece de bolsas de aire (airbags) y sistemas de frenado ABS. Al no superar los 50 km/h, el proyecto elude las estrictas normativas federales de seguridad exigidas a los autos nuevos en México, una estrategia legal que deja desprotegidos a sus seis pasajeros ante un impacto.
El reto logístico: baches, inundaciones y refacciones importadas
Las condiciones de las vialidades en las ciudades mexicanas representan otro obstáculo crítico para este modelo. El Olinia 1 presume un piso sumamente bajo para facilitar el acceso a personas mayores o con movilidad reducida; sin embargo, en un entorno lleno de baches profundos, topes desproporcionados e inundaciones recurrentes, la baja altura compromete la integridad del chasis y del paquete de baterías localizado en la zona inferior.
A esto se suma la complejidad de su cadena de suministro. El vehículo arranca con un 50% de componentes importados, principalmente de origen chino. Para los primeros compradores en 2027, la dependencia de piezas del extranjero y la falta de una red consolidada de talleres especializados significan un riesgo logístico mayor ante cualquier avería o necesidad de mantenimiento cotidiano.
La comparativa: ¿Hay opciones más baratas y eficientes?
Si el argumento principal del gobierno es el precio de 150 mil pesos, el mercado actual demuestra que ya existen alternativas más económicas dentro del mismo segmento de micro-movilidad y opciones mucho más válidas por ese mismo rango de inversión:
* *Vehículos de combustión seminuevos:* Por 150,000 pesos, una familia mexicana tiene acceso al mercado de autos usados y seminuevos de marcas tradicionales (como un Nissan March, un Chevrolet Aveo o un Volkswagen Gol). A diferencia del Olinia, estos autos sí cumplen con bolsas de aire, estructuras probadas contra colisiones, refacciones disponibles en cualquier refaccionaria del país y la total libertad de viajar en carretera sin restricciones.
* *Eléctricos formales:* Si el consumidor busca un eléctrico con todas las de la ley para circular en cualquier vía, opciones de entrada como el BYD Dolphin Mini o el JAC E10X arrancan por encima de los 350 mil pesos, ofreciendo velocidades superiores a los 100 km/h, frenos ABS y bolsas de aire estándar. Más precio pero mayor seguridad.
El argumento de que “si no vas a hacer algo mejor, no tiene objeto competir” cobra fuerza al revisar lo que el consumidor mexicano ya puede comprar hoy en agencias establecidas, con redes de distribución, refacciones garantizadas y niveles de seguridad vial validados:
* *Nissan March y Suzuki (Ignis / Swift):* Modelos compactos y subcompactos que, aunque superan ligeramente ese rango de precio, ofrecen motores de alta eficiencia, excelente valor de reventa y plataformas estructuralmente mucho más seguras que un minivehículo eléctrico limitado electrónicamente a 50 km/h (como es el caso del Olinia
La propuesta alternativa de los expertos es que en lugar de destinar recursos públicos a desarrollar un vehículo de capacidades inferiores a las del mercado, el impacto ambiental y social sería inmediato si ese dinero se utilizara para *un fondo de chatarrización*.
Beneficios de esta estrategia frente al “Invento del Gobierno
1. Reducción Inmediata de Contaminación: Se sacan de circulación los motores más viejos y deficientes de manera inmediata, en lugar de esperar a que una fábrica estatal logre producir en masa dentro de varios años.
2. Seguridad Vial Real: El usuario pasa de un auto obsoleto a uno moderno con bolsas de aire y control de estabilidad de línea, protegiendo vidas en las calles.
3. Sin Riesgo Financiero para el Estado: El gobierno no arriesga capital público intentando ser “empresario automotriz” en un mercado hipercompetitivo donde los gigantes asiáticos y establecidos ya tienen dominada la cadena de suministro. Se apoya al ciudadano y la industria absorbe el mantenimiento y la garantía.
Al igual que ocurrió en su momento con debates como el de la vacuna Patria, la urgencia de soberanía tecnológica choca con la realidad del mercado: cuando la oferta comercial ya resolvió el problema de forma más segura y económica, el subsidio a la sustitución es siempre más eficiente que el subsidio a la invención
El desarrollo tecnológico nacional es valioso, pero destinar recursos y esfuerzos públicos a un vehículo que no puede salir a carretera, que sufre ante el estado actual de nuestras calles y que carece de los elementos mínimos de seguridad vial, obliga a reflexionar si no habría sido mejor orientar ese capital hacia las múltiples carencias de infraestructura que aquejan al país.
Por cierto, según la IA cargar el Olinia al mes me podría costar por lo menos 720 pesos, con lo que regularmente el consumidor saldría del renglón de pago con subsidio y entraría a cobros más caros por parte de la CFE. Al año serían por lo menos ocho mil pesos tan solo por cargar el auto.
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