Por Laura Gutiérrez Franco
En Jalisco nos encanta el drama, pero sobre todo nos fascina la comedia involuntaria en la gestión pública. Mientras en las calles del Centro Histórico la oposición se entretiene mandando porros a quemar portones históricos, romper vidrios de hoteles y golpear periodistas para “exigir soluciones”, la realidad económica del estado les acaba de dar un bofetón de agua fría (si es que sale del grifo, claro).
Resulta que Coparmex Jalisco salió a hacer la tarea que en el SIAPA parecen hacer con un volado: medir el impacto real de la mentada “rotación del suministro”, y las cifras son para ponerse a temblar.
Atención a los números: hay 112,801 empresas y negocios atrapados en las zonas de tandeo. Estamos hablando del 57% de todas las unidades económicas de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Más de 820 mil trabajadores que tienen el privilegio doble de no tener agua limpia en su casa para bañarse antes de ir a trabajar, y luego no tener suministro en el negocio para poder operar.
Por eso, el llamado de Coparmex Jalisco y de su presidente, Luis Beas Gutiérrez, ha sido tan contundente como urgente: no se pueden permitir perder empleos ni estrangular los ingresos familiares por la falta de agua.
Las personas que hoy sufren por agua en sus casas son las mismas que salen a partirse el lomo en las 14 mil fonditas y hoteles, en los casi 7 mil salones de belleza o en las mil lavanderías de la ciudad. Negocios donde sin agua, sencillamente no se puede trabajar ni cobrar.
¿A quién se le ocurrió la brillante idea logística de concentrar los mayores cortes los sábados y los miércoles? Justo los sábados, cuando más de 56 mil pequeños comercios esperan levantar las ventas de la semana, el gobierno decide cerrarles la llave.
El riesgo de desempleo no es una exageración empresarial: el 86% de los registros patronales que se han perdido en Jalisco este año corresponden a micros y pequeñas empresas de hasta 5 trabajadores. Si el SIAPA les quita el agua, les está firmando la sentencia de muerte comercial.
Y aquí viene el rasgo supremo de la ironía tapatía:
Por un lado, el sector patronal alerta que el desabasto amenaza el sustento de 820 mil familias y pide que el bienestar de las personas esté en el centro de las decisiones.
Por el otro, tenemos a una oposición irresponsable festejando los destrozos en las marchas, reventando comercios locales a tubazos sobre Avenida Juárez y jugando a la ingobernabilidad, sin importarles si al comerciante lo quiebran los cortes de agua o los petardazos de sus huestes.
Entre la violencia por encargo de los radicales, los parches operativos del SIAPA y la advertencia clara de Coparmex sobre el peligro que corren miles de empleos, a la ciudadanía le queda claro algo: en Guadalajara nos estamos quedando sin agua, pero lo que de plano ya se agotó es la capacidad técnica y la responsabilidad política.
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