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Por Carlos Ramírez*

La afirmación presidencial de que en tiempos del gobierno de Felipe Calderón había habido en México un narco Estado sacudió las estructuras institucionales, sobre todo con exjefes policiacos, militares y políticos encarcelados por aliarse con bandas de la droga y con el poderío criminal in crescendo.

Luego de abrir uno de los temas centrales de todo gobierno de alternancia, el presidente López Obrador lo cerró al día siguiente y el tema salió de la agenda de discusiones nacionales. Pero con un exjefe antinarcóticos en la cárcel, un exsecretario federal de seguridad arrestado en los EE. UU. y comandantes contratados como testigos protegidos para delatar formas y nombres de criminales, el tema quedará como una agenda política latente.

Aunque el tema del narco Estado haya salido de la agenda presidencial, de todos modos, quedó ya instalado en los debates nacionales. Las cifras mensuales de los saldos de la violencia criminal y el lastre de los homicidios dolosos y las apariciones espectaculares de los cárteles delictivos en sus diversas especialidades llevan a tener que discutir el hecho de que ningún grupo delictivo puede funcionar y crecer si no es con el aval, directo o indirecto, de las autoridades del Estado.

El tema del narcotráfico se socializó en 1984 con el asesinato del columnista Manuel Buendía cuando se disponía a publicar informaciones de funcionarios, políticos y agentes de seguridad vinculados al crimen organizado. La fecha no es arbitraria. En 1983 se liquidó finalmente del tema de la guerrilla y la seguridad política del Estado y las fuerzas de seguridad dedicadas a esos menesteres de manera paulatina fueron orientando sus funciones a proteger bandas de narcos. La mente organizadora de esa alianza fue la de Miguel Angel Félix Gallardo, ex policía de la Judicial Federal de la antigua Procuraduría General de la República, exescolta del gobernador Leopoldo Sánchez Celis del estado de Sinaloa en los tiempos de nacimiento del narco en esa entidad. Félix organizó a Caro Quintero y Don Neto, creó el cártel de Guadalajara y lo asoció al colombiano Pablo Escobar Gaviria. Encarcelado en 1989, Félix tuvo tiempo para crear el modelo de los cárteles o asociaciones de comercializadores de droga para fijar los precios del mercado.

En 1983 la Dirección Federal de Seguridad, organizada para defender la seguridad política del estado como policía represiva, terminó su labor persiguiendo disidentes y guerrilleros y comenzó a proteger criminales. Los antiguos policías represores de disidentes se fueron retirando y llegó a la DFS el político José Antonio Zorrilla Pérez a operar esa alianza seguridad-narcos. En 1985, en la búsqueda de los asesinos del agente antinarcóticos estadunidense Camarena Salazar se reveló que capos del narco tenían credenciales legales de la Federal de Seguridad de Gobernación, pero como pruebas desaparecieron entre Gobernación y la PGR de entonces.

De entonces a la fecha hay dos casos superiores: el czar antinarcóticos general Jesús Gutiérrez Rebollo fue arrestado por recibir regalos y dinero del narco, aunque en un expediente de muchas dudas reales. Y en 2019 el secretario federal de Seguridad del gobierno de Calderón, Genaro García Luna, fue arrestado y está siendo juzgado en los EE. UU. acusado de aliarse con el cártel de El Chapo Guzmán.

Los datos revelan que el crimen organizado en sus diferentes características, especialidades y grupo de poder sólo pudieron nacer y consolidarse con el aval directo o indirecto de funcionarios de Estado. Si en 1984 con el asesinato de Buendía se encendió el foco de alarma, en treinta y seis años el crimen organizado ha crecido hasta ocupar espacios territoriales de la soberanía del Estado y capturar áreas de decisión del mismo Estado. El primer indicio está muy claro: el Estado y sus funcionarios son responsables directos del auge de las organizaciones criminales.

 

Ley de la Omertá

Existen ya suficientes investigaciones –libros, ensayos y estudios de caso– que revelan el auge consolidación y expansión del crimen organizado en sus diferentes modalidades que prueban que el Estado como institución y que funcionarios en lo particular han sido responsables directos del fortaleciendo criminal. En 1985, como producto de la corrupción de la Federal de Seguridad de Gobernación en sus complicidades con el narco, se desapareció la Federal de Seguridad y se creó la oficina de investigación y seguridad nacional con diferentes nombres.

Y de 1984 a la fecha, las organizaciones criminales han crecido, han tomado el control territorial de partes territoriales de la república, tienen bajo su poder a áreas importantes del Estado, se han expandido al extranjero y han contribuido a aumentar los niveles de consumo de droga en México. Todo ello ante la mirada pasiva o cómplice o ineficaz del Estado y de sus tareas de seguridad.

La estrategia de seguridad del gobierno actual se ha centrado en tomar el control, operativo de esas tareas, pero falta trabajar sobre las complicidades del Estado en sus tres niveles.

 

Zona Zero

• Derrotado El Marro, la guerra del Cártel Jalisco Nueva Generación para conquistar nuevos territorios bajará de intensidad. Sin embargo, fuentes de seguridad revelan que ahora el CJNG se en fila contra el debilitado Cártel de Sinaloa del encarcelado de por vida El Chapo Guzmán. Den los hechos pareciera que el CJNG quedaría como el factor de estabilidad de los cárteles.

• La limpia de seguidores de Genaro García Luna en los actuales cuerpos de seguridad era necesaria y venía de atrás, aunque fue acelerada por el arresto del exsecretario de Seguridad. La orden del secretario actual Alfonso Durazo Montaño no es sólo separar e investigar a los sobrevivientes del viejo modelo policial, sino construir nuevas formas de control de confianza que eviten que jefaturas de seguridad se conviertan en núcleos transexenales de poder policiaco.

 

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

seguridadydefensa@gmail.com

www.seguridadydefensa.mx

@carlosramirezh

 

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Biden: unidad interna… para reconstruir el imperio; “ya no nos temen”: halcones

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Carlos Ramírez*

Si la lectura progresista del mensaje del presidente Joseph Biden en torno a la unidad interna se leyó en modo Trump, en realidad el sesgo más importante radica en el hecho de que la fractura social doméstica le restólegitimidad al papel de los EE. UU. como el imperio dominante mundial.

A eso se refirieron, en septiembre pasado, los casi quinientos exfuncionarios de inteligencia, seguridad nacional y defensa de los EE. UU. cuando circularon una carta de apoyo al modelo de política exterior dura de Biden, frente al repliegue blando de Trump. En el texto de esa misiva dejaron su principal crítica al presidente republicano: “ya no nos temen”.

De todos los medios mexicanos, solo Excélsior entendió la lógica del conflicto doméstico en los EE. UU. Por ello presentó el discurso inaugural de Biden con este titular: “Unidos, EE. UU. volverá a ser la fuerza principal del mundo”.

Trump careció de un pensamiento estratégico y arribó al poder como un empresario anti Estado, anti fisco y anti seguridad nacional. La renegociación del tratado comercial con México fue un prototipo: no enfatizar la dominación estratégica de seguridad nacional, sino redinamizar los negocios dentro de los EE. UU.

Biden, en cambio, se forjó en la burocracia legislativa y fue durante muchos años presidente de la todopoderosa Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, uno de los tres pivotes de la estructura imperial, junto al Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional.

En este sentido, el discurso de Biden fue muy tucididiano, basado en el modelo de visión de seguridad nacional que narró Tucídides en la Guerra del Peloponeso en el siglo V a. C.: unidad interna para combatir a Esparta porque los espartanos se preparaban para superar a los atenienses en fuerza militar. Guerra estratégica preventiva, le dicen ahora.

Al sacar a los EE. UU. de los grupos multipolares de decisiones estratégicas, Trump debilitó la esencia imperial de la Casa Blanca. El caso central fue la OTAN: Trump vio a este organismo como una especie de fuerza militar subsidiaria de la comodidad de los países europeos para disminuir gasto militar, dejando a Washington con el peso de fondos y tropas. Trump obligó a los países de la Unión Europea a hacerse cargo de gastos y tropas, aunque con ello disminuyó el dominio imperial militar sobre esa parte estratégica del paneta.

Por lo tanto, Biden no estaba pensando en el modelo idealista de unidad nacional para encarar la crisis local, sino para regresarle la legitimidad al poder estadunidense basado en el apoyo interno. Durante decenios los estadunidenses, aun los progresistas y pacifistas, aceptaron el enfoque imparcial proactivo de la Casa Blanca porque era el único camino para consolidar el modelo del american way of life o modo de vida estadounidense; es decir, que el “sueño americano” de confort y riqueza se basaba en la explotación imperial de los EE. UU. de otros países del mundo, comenzado por el petróleo que ha animado la policía exterior estadounidense desde los años posteriores a la segunda guerra mundial.

La carta de exfuncionarios de inteligencia, defensa y seguridad nacional de septiembre estaba firmada por personal de los gobiernos militaristas de Reagan, Bush Sr., Clinton, Bush Jr., Obama y por los que renunciaron a la administración Trump por la falta de un espíritu estratégico imperial. Trump exploró la vía no militar con Rusia, China, Corea del Norte e Irán, aunque el asesinato del general Qasem Soleimani habría sido decisión no de Estado sino de la comunidad de seguridad nacional para reventar el plan nuclear de Trump para Irán.

La estrategia de seguridad nacional de Biden será la clásica militarista, de intervención en otros países y de dominación del discurso bipolar ante la amenaza rusa y china de apoderarse del mundo. En este sentido, Biden analizó el modelo Trump como una amenaza contra la estrategia de seguridad nacional militarista tradicional de intimidación del mundo y su tarea será la unidad interna para regresar a los EE. UU. al dominio de las estrategias de coexistencia imperial en el planeta.

El primer aviso de la militarización imperial de la estrategia de la Casa Blanca estuvo en la designación del general Lloyd Austin, recién retirado, como secretario de Defensa que de manera normal estaba bajo la dirección de un secretario civil. Esa designación fortaleció el poder militar de Biden.

 

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Política para dummies: La política es, de suyo, poder; por tanto, la dominación del otro.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Trump, tan culpable como JFK, LJ, RN, JC, RR, GB Sr., WC, GB Jr., BO y JB

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Carlos Ramírez*

A partir del criterio analítico de que Donald Trump es responsable/culpable de la violencia del 6 de enero en el Capitolio y que su acusación debe ser probada en tribunales, el juicio contra el hoy expresidente debe servir de portal de entrada para comenzar un enjuiciamiento penal contra todos los presidentes de los EE. UU. por decisiones de poder que pueden configurar delitos penales.

Sin embargo, en los EE. UU. aun prevalece lo que pudiera ser el principio político del poder absoluto estadunidense que fue definido en catorce palabras por el expresidente Richard Nixon en su entrevista en 1977 con el periodista británico David Frost:

–Si el presidente realiza el acto ilegal, quiere decir entonces que no es ilegal.

Todos los presidentes estadunidenses de los últimos setenta y cinco años, de Harry Truman en 1945 a Donald Trump en 2021 y desde luego el hoy presidente Biden como vicepresidente ocho años del gobierno de Obama, han violado las leyes externas y, como Nixon y Trump, las internas. Sin embargo, las complicidades del poder imperial han mantenido a los presidentes lejos de los tribunales y colocados en sus nichos respectivos por serviciosprestados a la patria.

En todo caso, el establishment liberal quiere juzgar a Trump no por sus delitos tipificados por las leyes, sino por haber tomado decisiones contra la legitimidad del régimen imperial; es decir, por atentar contra la estabilidad del modelo de gobierno vertical, de grupos de poderes fácticos y al servicio de una elite económica y política.

El régimen estadunidense ha sido, de muchos modos, shakesperiano: el poder y el crimen han ido de la mano. “Aquel que se ensucie las manos de sangre conmigo será mi hermano”, dice Enrique V. Pero la sociedad, cómplice del poder, ha avalado crímenes: le perdonó a Kennedy su relación con la mafia, el desastre de Cuba y la guerra de Vietnam y terminó como prototipo del escritor ¿izquierdista? Norman Mailer como un “héroe existencial” porque importaba su existencia, no su esencia. En cambio, condenó a Nixon por negarse a obedecer una orden de la Corte Suprema y no por los bombardeos secretos sobre la población civil en la guerra de Vietnam.

En este sentido, Trump no fue ni más abusivo ni menos responsable que sus antecesores. Pero en 2016 los colegios electorales –es decir: el establishment– le dieron la victoria que le negaron los votos populares y durante cuatro años mantuvo la aprobación suficiente para lograr el 47% de los votos populares en las elecciones del pasado 3 de noviembre de 2020. Y en las encuestas sobre su responsabilidad, Trump pierde confianza, pero no aprobación.

El sistema democrático estadunidense que tanto ha sido alabado en los EE. UU. y el mundo quiere sentenciar a Trump por los incidentes del 6 de enero, pero en el fondo su delito es otro: tener la iniciativa de fundar otro partido político, crear otra gran cadena de televisión y dejar entrever la posibilidad de competir por una senaduría en 2022 o por la presidencia en 2024. Como sistema político autoritario, populista, elitista y fundamentalista, el régimen estadunidense busca cerrarle las puertas de la democracia a Trump. Como no pudieron vencerlo en la lucha política, ahora buscan su muerte civil.

Pero al final de cuentas, Trump no es una anomalía; al contrario, dibuja todas las características típicas del político estadunidense: la ambición desmedida de poder. Las denuncias de irregularidades electorales fueron un dardo envenenado al corazón de la legitimidad del régimen imperial y el establishment se cerró como concha de ostión. Kennedy cometió irregularidades electorales, Bush Jr. apostó a esas irregularidades en el 2000, Hillary se quejó en 2006 de engaños en los colegios electorales y el propio Trump denunció manipulación en su contra del voto popular. Pero en lugar de investigar al sistema electoral, como en cualquier país con subdesarrollo democrático Nancy Pelosi persigue al denunciante y no indaga la denuncia.

Trump merece ser enjuiciado por crímenes del poder absoluto, basados en argumentaciones de crímenes del poder de sus antecesores en el cargo. Pero no será así porque seguirá prevaleciendo el principio del poder presidencial estadunidense definido por Nixon: las ilegalidades que cometan los presidentes en funciones no son ilegales.

 

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Política para dummies: La política es el reino de la impunidad.

 

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Nacional

El momento de la salud mental

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Salvador Guerrero Chiprés*

En 2005, el profesor de la Universidad de Cardiff Cliff Arnall determinó que el tercer lunes de enero podía ser considerado el día más triste del año.

Le llamó Blue Monday, fue ayer y, aunque las redes se llenaron de posteos para denunciar que no se trata más que de una estrategia publicitaria hecha por encargo, lo cierto es que a quienes trabajamos en la defensa de la salud mental nos sirve como pretexto para visibilizar algunas afectaciones emocionales.

Esté o no demostrada la eficacia de la fórmula matemática que dice haber usado el creador del “lunes triste” y más allá del debate metodológico, enero tiene hasta en la cultura popular la fama de ser un mes complicado. Por la cuesta, en términos económicos; por el clima que afecta al hemisferio norte; por el regreso a las actividades habituales tras las vacaciones.

Ahora se agrega la emergencia sanitaria por Covid-19 que ha transformado cada aspecto de nuestra vida privada, social y también la definición prioritaria de políticas públicas para contener los contagios.

El confinamiento y la sensación de que la rutina ha quedado suspendida en una especie de limbo aumentan la sensación de continuidad de lo que bien podría llamarse ahora “invierno emocional”. Un estado que no cambió con el fin de 2020, una inercia que puede manifestarse como fatiga pandemia, ansiedad, tristeza o ausencia de motivación.

Desde enero de 2020 hasta los primeros 16 días de este año, en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México hemos atendido a tres mil 860 personas por depresión, tristeza, soledad y desesperanza hacia el futuro.

El 33% de las personas que nos buscaron tienen entre 18 y 35 años, y el 25% son menores de 16 años. No son sólo datos, es la radiografía de una necesidad que ha encontrado eco en la posibilidad de encontrar ayuda a través de un Chat de Confianza que está cerca de cumplir su segundo aniversario.

Es también la accesibilidad de la salud mental como un derecho, en lugar de un lujo, a cualquier adolescente o joven que sin encontrarse económica activa o activo logra dialogar con un profesional de la psicología, sin límite de tiempo y con seguimiento por tantos meses como sea necesario. Incluso, desde la pandemia, el servicio se actualizó para ofrecer videoterapias.

Hay 107 psicólogas y psicólogos disponibles 24/7 en la Línea de Seguridad o el Chat de Confianza, ambos en el 55 5533 5533; el servicio es gratuito y de alcance nacional. Incluso hemos atendido a personas de más de 30 países.

En el caso de los menores de edad, la vinculación de diálogo y escucha está reforzada gracias a la alianza con Facebook, TikTok y Netflix, que difunden nuestra atención en sus cajas de herramientas virtuales.

El invierno emocional puede transformarse si se encuentra cobijo. Un abrigo que, como bien lo apunta la literatura internacional en materia de bienestar emocional, se potencia a través del acompañamiento en comunidad. Es la capacidad de mirar por el bien del otro como se resguarda el propio lo que nos hace más fuertes… y saludables mental y físicamente.

@guerrerochipres

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