
Horacio Villaseñor Manzanedo
Por fin existe confianza en las autoridades y la sociedad agradece tanto valor público logrado. La ciudad ahora es segura, en ella es imposible o poco probable que te asalten, que te vayas por un hoyo, un registro sin tapa o que te enredes en un cable que cuelga de un poste. La ciudad, hoy, tiene suficientes espacios verdes y de esparcimiento en inmejorables condiciones, es imposible que caiga un árbol sobre un auto, una casa o una persona, porque la conservación, mantenimiento y retiro oportuno de los árboles peligrosos es ejemplo nacional, nunca llega agua sucia a las casas y los tandeos son cosas del pasado, cuando llueve no se inundan las calles ni surgen las antes tradicionales fuentes de “caca” brotando por las alcantarillas, los drenajes son sanitizados con frecuencia y el riesgo por plagas de fauna nociva (ratas, cucarachas, pulgas, arañas, etc.) es inexistente. La ciudad, está excelentemente señalizada, bien balizadas todas sus calles y avenidas, los semáforos sincronizados y el tránsito ágil como nunca. Los mercados y unidades deportivas por fin se observan dignas de la segunda ciudad más importante del país, los panteones públicos están mejor que los privados, tienen lugar para la demanda actual y la gente no necesita gastar mucho al enterrar a sus muertos. Ya no hay nadie que ensucie y llene de propaganda y folletos el espacio público, caminar, andar en bicicleta, motocicleta, automóvil o en trasporte público es muy cómodo y ya no hay riesgo alguno, ¡qué maravilla! La ciudad está limpia, el ayuntamiento diseñó un sistema nocturno de lavado de calles, barrido de hojarasca, riego de camellones, recolección de basuras, todo por las noches apropiándose, como debe ser, del espacio común, el tratamiento y eliminación de los residuos ahora cuenta con incineradores y modernos filtros para evitar contaminar, las llantas y muebles viejos abandonados en la vía pública quedó para la historia. El interés general es una realidad y existe calidad de vida en la urbe. Las propiedades privadas, con una ciudad tan bien gobernada, aumentaron su valor y aunque la sociedad, paga más impuestos, su patrimonio creció, vale mucho más. Las y los directivos públicos, hoy tienen el ethos profesional requerido, antes nunca visto, son personas capacitadas y preparadas para dar solución a todos los problemas relevantes y complejos, a los problemas importantes y trascendentes, son gente con talento para lidiar con todas las contingencias de la acción gubernamental, ¡bravo! Por fin el ayuntamiento contrató funcionarios profesionales de su tarea, gente pensante, sabedores de cómo lidiar con los asuntos políticos, cómo enfrentar los riesgos y reducirlos, ¡otro, bravo! Los servicios públicos, sirven, son sostenibles, no se interrumpen y se prestan las veces que son necesarios para que siempre, todos los días y todos los años allí estén, garantizando una ciudad de “siete estrellas”, superando con creces los estándares de calidad de las ciudades más importantes del mundo. El ayuntamiento aprendió estrategia prospectiva, aprendió a enfrentar retos contingentes, aprendió a integrar a los interesados e intereses distintos, aprendió a escoger los pasos a dar y focalización, ¡otra vez, bravo! De pronto, ¡desperté! Era un sueño, nada estaba resuelto, no solo no hemos avanzado, sino que hemos retrocedido en todo. Durante las más recientes cuatro décadas, los ayuntamientos han sido unos inútiles, lo único que han hecho es endeudar el erario. Entonces, si no han mejorado nuestra condición de vida en la ciudad, nada perderemos si se van, ni la esperanza de que algún día haya un ayuntamiento capaz, inteligente. Construir valor público ni es fácil, ni es un juego, ni cualquiera puede. Ni hablar.
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