Por Laura Gutiérrez Franco
En el complejo ecosistema del retail en México, el tamaño ya no es garantía de supervivencia. Organización Soriana ha encendido las alarmas en el sector al confirmar la bajada definitiva de cortinas en 20 de sus tiendas a nivel nacional y un drástico recorte de superficie comercial en otras 60 sucursales para lo que resta de 2026.
El golpe se siente de manera directa en el Área Metropolitana de Guadalajara, donde se ha anunciado el cierre de la sucursal Soriana Súper Plaza Guadalupe, en Zapopan, sumada al cese de operaciones de una segunda unidad clave en la metrópoli que bajará sus persianas este próximo 31 de agosto, que es Soriana Tránsito.
La explicación corporativa, emitida por la dirección de finanzas a cargo de Rodrigo Benet Córdova, apunta a una “optimización del espacio”. En palabras sencillas: el formato del macro-hipermercado de entre 9 mil y 10 mil metros cuadrados resulta un modelo obsoleto, sumamente costoso de mantener y con un rendimiento por metro cuadrado golpeado por la inflación, las rentas elevadas y el auge del comercio electrónico y los formatos de cercanía.
Sin embargo, para el consumidor que camina sus pasillos la lectura es mucho más terrenal y dolorosa. Mientras competidores como Walmart aceleran su presencia o formatos de bajo costo ganan terreno, Soriana ha arrastrado deficiencias históricas en su operación diaria: precios que en anaquel han dejado de ser competitivos frente a otras opciones del mercado, desabasto recurrente en productos de primera necesidad y una evidente degradación en el servicio al cliente, donde la atención atenta parece haber quedado en el olvido. Intentar vender más caro ofreciendo una experiencia de compra deteriorada es una fórmula que el mercado no perdona.
¿ Y los empleados?
En el caso de los colaboradores afectados por el cierre y la reestructuración de Organización Soriana, la empresa está aplicando un esquema mixto según las condiciones operativas de cada plaza y la cercanía con otras tiendas de la cadena:
Reubicación de personal: Para un porcentaje considerable de los empleados —especialmente aquellos con mayor antigüedad o desempeñando roles clave en áreas de operación y cajas— la empresa ofrece la readscripción a sucursales cercanas. En el Área Metropolitana de Guadalajara, al contar aún con un volumen amplio de tiendas operativas, parte de la plantilla de Mercado Tránsito e Híper San Isidro está siendo transferida para reforzar el personal en otras sucursales.
Liquidaciones conforme a la ley: En los casos donde la reubicación no es viable por distancia, ajuste de plazas o decisión del propio trabajador, se está procediendo con el esquema de liquidación al 100% de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo (incluyendo tres meses de salario, prima de antigüedad, partes proporcionales de aguinaldo y vacaciones).
Ventanillas de apoyo y vinculación: En algunas entidades, las secretarías de Desarrollo Económico y Trabajo estatales han entablado comunicación con las gerencias regionales para ofrecer bolsas de trabajo locales y facilitar la recolocación rápida de aquellos que decidan no continuar o no alcancen cupo de transferencia.
De la comarca lagunera al imperio familiar
Detrás del destino de la cadena está la poderosa familia Martín Bringas. El origen de la marca se remonta a 1968 en Torreón, Coahuila, cuando los hermanos Francisco y Armando Martín Borque fundaron la primera gran tienda, transformando la pequeña mercería familiar “La Soriana” en un titán del comercio. A lo largo de las décadas, la familia —encabezada operativamente por Ricardo Martín Bringas como Director General— expandió el negocio con compras agresivas, como la histórica adquisición de las tiendas de Grupo Gigante en 2007 y la mayor parte de Comercial Mexicana en 2015.
Hoy, consolidados como una de las 30 familias más adineradas de México según Forbes, los Martín Bringas enfrentan la encrucijada más difícil de su historia reciente. El gigante no se va, pero la contracción de 80 sucursales (entre cierres y achicamientos de piso de venta) confirma que algo dejó de hacerse bien. Adaptar su modelo hacia servicios financieros y la famosa “omnicanalidad” de nada servirá si en el piso de venta —donde las familias van a surtir la despensa— se sigue descuidando la amabilidad, la frescura y la competitividad en el bolsillo. El piso de venta no tolera la soberbia.
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