Por Manuel Gutiérrez
La guerra comercial, los aranceles, las políticas verbales catastróficas para el mercado, la falta de conocimiento o suma irresponsabilidad financiera del presidente Trumpcausan por increíble que pueda parecer. el final de la era del dólar como divisa mundial y aunque aún seguirá rigiendo su reinado ha terminado ajusticiado por quién debió ser su mejor defensor.
Esto no lo reconoce ante sus incondicionales el presidente de los Estados Unidos que en un fiel modelo del estilo de López Obrador, sigue prometiendo el paraíso, el regreso de las industrias automotrices a Detroit, echando la culpa a la administración anterior de Biden, y en suma, en eufórica campaña mintiendo sobre lo que está ocasionando y hablando de triunfos que nadie puede constatar.
El dólar suplió el patrón oro impuesto al fin de la segunda guerra mundial en Bretton Woods, pero a la par de disponibilidad, el billete verde se produjo en exceso, sin el respaldo de una economía sólida, y ahí vino Trump, un ignorante héreje económico, que lo mismo busco elevar las criptomonedas, como volver a ser acumulador de oro, aunque los bancos estadounidenses están recibiendo partidas importantes de diferentes partes del mundo, y que ha provocado un precio desaforado en el metal aúreo.
El problema es que nada tiene equilibrio, sus primeros cien días desarticularon un sistema globalizado mundial, las cadenas de valor, los pactos internacionales, la anulación de alianzas históricas, todo ello sin un propósito congruente de un plan de reordenamiento económico. Para demoler o destruir no hace falta tanta ciencia, como cuando se construye.
Trump dice que los indicadores nada le importan al ciudadano común, al estilo del Peje que hablaba de felicidad de los mexicanos, o identidad con su gobierno, puede ser cierto porque ese ciudadano común no tiene la cultura y conocimientos para interpretarlos.
Pero la ignorancia no lo salvará de sufrir sus efectos. Los Estados Unidos propiciaron un crecimiento del mercado financiero de capitales, y esos ciudadanos normales que no interpretan los índices, sin el 26% de los inversionistas que manejan sus fondos.
Para ello, liberaron el mercado de capitales de regulaciones, facilitando la compra de acciones, creando riquezas aparentes y burbujas propiciadas por el mismo gobierno antes de Trump, pero llegó a cuestionar todo, sin ofrecer ningún rumbo, dado que son instrumentos entre otros propósitos fiscalizan los ingresos, y eso le encantaba al gobierno estadounidense, la caída de las acciones por tanto al bajar propician una baja de gastos de consumo, y repercute todo en el PIB propósito central de Trump de remediarlo a martillazos.
La cifra de 0.3% de PIB para su gobierno refleja que las acciones se han sobrevalorado, por lo que asoma un modelo de recesión, esto obviamente arrastra a los mercados globales, a las paridades con respecto al dólar, por ello el peso ha tenido fortalecimientos.
Gran parte del crecimiento se fundó en créditos consecutivos hasta perderse la capacidad de pago. Pero las operaciones financieras tienen un término de tiempo, y al vencimiento son impotentes de prorrogar los préstamos, muchas empresas dependen del financiamiento privado, pero llegado el momento de cubrir sin activos, sobrevienen las quiebras.Adquirir vivienda se volvió un problema mundial, mucho dinero circulante, invertido pero no en ingreso y desarrollo de las economía de los ciudadanos.
El sistema bancario de los Estados Unidos está en riesgo. Y eso han expuesto los especialistas de Financial Times, como Martín Wolf y Ranhia Foroohar, y para colmo, Trumpimpuso laxitud en el sistema oficial de protección financiera de los consumidores, lo que aumenta el riesgo también de una crisis de criptomonedas campo en que Elon Musk y el propio Trump, tienen intereses personales, ellos no quebrarán, aunque si lo Estados Unidos y sus efectos globales.
Cuando Circle Bank, financiera cripto quebró y arrastró la pretendida riqueza de Silicon Valley, ocasionó miles de quiebras, lo que provoca una tensión a considerar en los mercados y particularmente en los propios Estados Unidos, dado que la guerra comercial aumentó los riesgos para las empresas y la fluctuación de cotizaciones. Estados Unidos provocó que billones de dólares se esfumaran, de su propio mercado, una estimación de 7 billones de dólares y muchos más en la economía mundial el mundo quedó empobrecido, se esfumaron billones en todas partes.
Lo que tratamos de decir es que hay viento, nubes negras y la presión atmósferica puede propiciar una tormenta, que pudiera ocurrir o no; pero son las expectativas saludables y estables que se observaron exactamente en la administración anterior hoy todo lo cambiaron con brusquedad, pero sin proponer nada.
Por ello el billete verde marca si sobreviene esa crisis, una declinación, y a nivel mundial se buscan sustitutos de valor,que serán monedas regionales y muchos regresaron al oro.
Trump asumió riesgos y manejó la economía como un bravucón apostador de póker, modificando las reglas, engañando sobre un gran juego que solamente él puede ver, o suponer.
Esto es lo que pone al billete verde en el deslizadero y no es una política congruente, por lo menos con sustento doctrinal científico económico, es una juego político y de poder y de especulación, que provoca que el sistema pueda romperse en sus debilidades, abriendo el camino de una recesión formidable para los Estados Unidos.
Trump no escucha a expertos en la materia y resuelve de acuerdo a sus corazonadas a su voluntad suprema y finalmente a las maniobras que puedan darle ganancias, aunque en el camino la víctima sea el inversionista estadounidense y el propio dólar.
Las decisiones que se toman en un país, son determinantes. Por ello, se advierte que los factores adversos pueden provocar una crisis próxima, lo que de alguna manera puede coadyuvar a fortalecer al peso, y en cierta forma, captar lo que pretenda salir de los Estados Unidos, bajo el manto de una recesión, por ello especialistas han fundamentado la posibilidad de que nos vaya bien en un clima tormentoso, como los hizo el estudioso Luis Váldez.
El déficit de los Estados Unidos, así como la sólida confianza en su moneda, quedaron muy expuestos pese a la retórica de Trump que adelantó el final del sistema económico mundial como lo conocemos, incluso el modelo de intervencionismo estatal de Keynes, la regulación de la economía por organismos oficiales, fueron lanzados al garete por el energúmeno de la Casa Blanca, pero ya no resultan confiables, simplemente porque no habrá manera de que el gobierno asuma los costos de una quiebra, experiencia que ya hemos tenido en México y que ha resuelto la supervivencia del país, pese a los estragos.
Esta razón, es lo que hace tan interesante al economista Ernesto Zedillo, en este momento. En los Estados Unidos hay buenos economistas, pero los que tienen cartera en la administración Trump, se dedican a seguirle la corriente y esperan que las cosas fluyan, sin meterse a hacer control de daños.
Un gabinete de incondicionales, porque en su primera etapa como presidente Trump enfrentó la oposición de criterios, publica o técnica de muchos de sus funcionarios. El problema actual es que tiene solamente incondicionales, y basta con su propaganda de decir que van requeté bien, para que muchos incondicionales lo crean, aunque comienzan a dudar cuando lo confrontan en su cartera en los pagos.
Sería una suerte, que la descomunal tormenta que se avecina se conjure de alguna manera, pero los primeros cien días,sirvieron para que tomara rasgos amenazadores y los peligros se incrementaran. Esta responsabilidad, fue resultante del voto de los estadounidenses por Trump, que no imaginaban en su retórica, que precisamente sucedería lo contrario.
El dólar va a ser una moneda concurrente, pero ya no sea el billete mundial, a corto plazo porque la economía no es como la imagina o decreta su nefasto primer mandatario.
Las casas de finanzas han hecho sus advertencias, y Standartand Poors 500 sigue en declive, reflejando la manera en que se hacen ahora las cosas desde el gobierno federal estadounidense, sin sentido, sin bases, sin deseos de lograr prosperidad mundial y sin provocar la confianza de nadie.
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