
Por Manuel Gutiérrez
Cinismo, mentira oficial y el problema ecológico más grande en el Golfo de México crece con una mancha de petróleo mortal para las especies en 51 puntos de las costas de Veracruz y Tabasco. Sin duda, estos son causados por el principal depredador del medio ambiente en México: Pemex; no hay otro, no nos hagamos.
Claudia Sheinbaum, en un plan indiferente, declaró que estamos “en un problema menor”. En el mismo tenor están las mentiras de Rocío Nahle, anterior Secretaría de Energía y autora del problema que tiene el gobierno mexicano llamado Dos Bocas. No se trata solamente de la rentabilidad de sus operaciones o de lograr los objetivos de producción de barriles de petróleo sin alcanzarlos; todo ha generado una serie de problemas derivados de esa refinería.
Primero fue la inundación; efectivamente, el fin de semana anterior Dos Bocas se anegó, lo cual es periódico aunque impide su correcto funcionamiento como planta. Luego vino la lluvia y, con ella, los derrames de combustibles y de petróleo provenientes de la refinería formaron una capa superior sobre el agua. El siguiente acto fue la acumulación de combustible que, tras un chispazo, derivó en un fuerte incendio.
La lluvia no detuvo el fuego; lo hizo dantesco y contradictorio, como todo lo que ocurre en esa refinería que se hizo mal y a sobreprecio por demagogia del caudillo López Obrador. El fuego causó la pérdida de cinco vidas humanas. Las noticias oficiales, sin embargo, celebraron que solamente una persona era de Pemex; las otras cuatro eran de empresas que laboraban en el lugar por alguna concesión. ¡Qué manera de contar las vidas! Las de Pemex valen doble, entonces.
Este incendio resultó asombroso, coincidiendo con el comienzo de la contaminación del Golfo de México por algún derrame de las instalaciones de Pemex. Las noticias oficiales pronto prometieron resoluciones: cero daños y contención total. Pero la mancha se desplaza y ahora es noticia internacional. Los daños ecológicos se suman al desastre financiero que es Pemex, al que poco le va a servir que el patriarca Cuauhtémoc Cárdenas se incorpore como una especie de censor de las inversiones privadas. Se intenta salvaguardar la nefasta expropiación petrolera, que muy pocos momentos de felicidad ha dado al país a cambio de accidentes de contaminación en gran escala, como el pozo Ixtoc 1.
Hoy, la muerte de especies de aves marinas, moluscos y peces son ninguneadas por los reportes oficiales. Dicen que “no está pasando nada”, pero la mancha tiene la extensión de la distancia de Guadalajara a la Ciudad de México. Es un caso de indiferencia criminal para una científica, como dicen que es Claudia Sheinbaum, de quien se esperaría otra reacción y no el afán inútil de ocultar un ecocidio, como ocurrió con la destrucción de la selva y cenotes por el Tren Maya.
Ahora, la destrucción es cortesía de Pemex para todos. Son 630 kilómetros de mar contaminado, a los que solamente se ha asistido de forma insuficiente en 20 de los 51 puntos detectados. Rocío Nahle declaró: “Las playas están limpias, llegaron en forma de gotas”. Vaya en Semana Santa a Veracruz y Tabasco para que constate la muerte de primera mano. Todo es tan deprimente que asombra que exista un gobierno así y se denomine 4 Transformación.
Veracruz reporta especies marinas muertas por el derrame desde Chachalacas, Tuxpan, Vega de Alatorre y Nautla. La señora del Palacio Nacional se lava las manos y se las lava a Pemex. La mentira se aplicó al culpar a un supuesto derrame de un barco no identificado que la Marina no encuentra. Pemex es el único proveedor y procesador de la explotación de petróleo; no hay otra entidad responsable. No hay barco culpable, porque ya lo hubieran señalado para desviar las críticas.
¿Por qué no admiten sus errores? La necesidad de una campaña a gran escala no puede ser subsanada con mentiras. Pemex sufrió incendios y fugas debido a los encharcamientos, y ahora resulta que nadie sabe de dónde proviene el petróleo. Los reportes indican que en áreas próximas a la refinería se encuentra la presencia de residuos. Dos Bocas produce poco y daña mucho. El río Seco presenta residuos en sus aguas.
El 17 de marzo ocurrió el gran incendio en el complejo principal, derivado del derrame que saturó de agua las instalaciones. El reporte habla de aguas aceitosas que se prendieron fuego. Las poblaciones del golfo son las más afectadas por el daño a la salud. La refinería produce solamente 187 mil barriles, pero siembra dudas sobre el control de residuos y la carencia de voluntad política para enfrentar el daño al ambiente.
Cuando el caudillo enfrentó inundaciones, no dudó en inundar Villahermosa para desahogar el caudal. Hoy Claudia Sheinbaum se muestra con una indiferencia que se aproxima a la crueldad. No puede dar el paso para reparar el daño que causó la ineficaz estructura de Pemex.
En Tabasco, se ven afectadas la laguna de Puerto Ceiba y sus comunidades. En los incendios en Paraíso se observan especies muertas. La contaminación no solo la genera Dos Bocas, también se añaden derrames de las plataformas. El descontento crece y se reclama a la presidenta que atienda el caso. Pemex reporta la captura de 258 kilos de residuos, pero la mancha se ha salido de control. Fuentes como Aristegui, Milenio, Notisistema y Proceso reportan los derrames como nota principal.
La palabra la tienen la Secretaría de Marina, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). Pero si la jefa máxima niega el problema, son burócratas que no resuelven nada. ¿Cómo explican ahora la destructiva mancha en el Golfo de México? Ya no pueden acusar a Felipe Calderón de esta obra mal hecha y contaminante. Era la peor pesadilla desde que la anunciaron. Hoy es la tragedia de una realidad que el Palacio Nacional se niega a reconocer. Lo peor es la inmovilidad y la negligencia criminal sin castigos ni culpables.
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