Por: Salvador Mateo Martínez*
Con la claridad meridiana de que debido al actual modelo económico de nuestro país, en el que el gobierno mexicano, abandonó totalmente su responsabilidad de construir, mejorar y/o ampliar viviendas para las familias que las necesitan, dejando al sector privado la atención de esa necesidad y por lo tanto, los gobernantes en turno, no van a atender ni resolver la demanda por su propia iniciativa: el Movimiento Antorchista se ha abocado a luchar por vivienda popular formando, de esta manera, parte de sus prioridades.
Gracias a la labor de organización y lucha que despliega el antorchismo en el seno de los sectores más desprotegidos y olvidados de las comunidades y ciudades de nuestra Patria, en Jalisco, en la parte Sur del estado, se han obtenido importantes y trascendentales logros tales como: la dotación de más de 200 lotes y la construcción de igual número de Unidades Básicas de vivienda para familias humildes de la colonia Antorcha Popular Uno de Ciudad Guzmán del municipio de Zapotlán el Grande y para la cabecera municipal de Pihuamo, así como, la entrega de miles de paquetes de materiales de construcción para el mejoramiento y/o la ampliación de viviendas en los municipios de las regiones del Sur, Sierra de Amula, Costas, Costa Sierra Occidental, Valles, Centro, Ciénega y Altos, todas estas acciones están siendo subsidiadas con recursos procedentes de la federación.
El avance logrado en materia de vivienda en la entidad, por parte de la citada Agrupación Social, es importante pues, van a ser mejoradas sustancialmente las condiciones de vida de miles de jaliscienses quienes, verán resueltos graves problemas de habitabilidad como el hacinamiento, entre otros con lo cual, para un considerable número de mexicanos, que resultaron beneficiados, se empieza a hacer realidad el derecho a la vivienda considerado como uno de los Derechos Humanos y un Derecho Constitucional en México.
Sin embargo la tarea es gigantesca ya que, según lo reconocen públicamente los mismos titulares de algunas instancias de gobierno y los encargados de las inmobiliarias, en toda la República Mexicana existe un déficit de alrededor de 11 millones de viviendas, si se considera un promedio de 4.5 miembros por hogar, son casi 50 millones de mexicanos los que no tienen vivienda, en estos datos no se contemplan las casas que no pueden ser consideradas como viviendas, por más que las estadísticas oficiales así las registren, entre las que se encuentran las chozas o los refugios que no cuentan con los servicios ni los espacios básicos como baño y cocina. En Jalisco el déficit es de alrededor de 400 mil viviendas lo que implica que hay más de 1. 5 millones de jaliscienses sin vivienda.
En contraste con lo anterior en varias ciudades del país, sobre todo en las medianas y grandes, los llamados desarrolladores de vivienda, empujados por su insaciable apetito de obtener la máxima ganancia de la penuria de vivienda, que sufren los trabajadores de la ciudad, han construido miles de viviendas muchas de ellas mal planeadas y ahora, en esos lugares existe el problema creado por la industria inmobiliaria, el de los inmuebles abandonados y en desuso que se han convertido en focos de inseguridad, ya que los posibles clientes cautivos no tienen la solvencia económica para poder adquirirlas. Este fenómeno trasluce una de las contradicciones esenciales del modelo económico implantado en nuestro país, la de su inmensa capacidad de producir mucha riqueza pero totalmente incapaz para distribuirla.
Queda claro que la responsabilidad para dar solución a la grave y dolorosa necesidad de habitación espaciosa y sana, así como, otras necesidades sociales, que tienen las masas trabajadoras del campo y la ciudad la debe asumir el gobierno mexicano y no puede dejarse, absolutamente, en manos del sector privado que solo ve las penurias del pueblo como una fuente para obtener jugosas ganancias, para ello le conviene que sigan aumentando y agravándose, en cantidad y calidad, las carencias de los mexicanos.
Para acabar de raíz con todos y cada uno de los males que azotan, sobre todo, a los trabajadores se necesitan grandes cambios del rumbo económico de nuestra patria, tarea urgente y necesaria que no puede ser llevada a cabo con luchas aisladas y espontaneas como el combate a la corrupción, entre otras inconformidades generalizadas que muchos políticos oportunistas las utilizan agitándolas pero, solamente, como banderas electorales para llegar a satisfacer sus ambiciones de poder. Esta es la razón por la que el Movimiento Antorchista considera la lucha por la vivienda popular solo como una más de sus prioridades, pese a los resultados concretos y tangibles que ha logrado las que, comparadas con las grandes carencias que persisten, en la materia, son sumamente modestos e insignificantes, lo logrado solo es un paliativo pues, lo que se requiere es una transformación profunda del modelo económico para hacer realidad, en todo el país, el Derecho a una Vivienda Digna para el que no la tenga, entre otros derechos.
A los obreros, a los campesinos empobrecidos, a las amas de casa y a todos los trabajadores en general les debe quedar claro que toda la producción de nuestra sociedad moderna es suficiente, no solo, para dar de comer a todos sus miembros, también hay casas bastantes para ofrecerles habitación digna y decorosa, darles salud, educación y todo lo necesario para vivir y desarrollarse como seres humanos. Urge pues, la construcción de una gran Organización conformada por la mayoría de los que producen con sus manos toda esta riqueza, que sea capaz de arribar al poder de la Nación y que desde allí implemente todas las medidas que sean necesarias que resuelvan a fondo todas y cada una de sus penurias.
*Salvador Mateo Martínez es Vocero Antorchista en Jalisco
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