
Horacio Villaseñor
Erróneamente se cree que la seguridad solo es asunto de patrullas y armas, y no, en realidad es ante todo un asunto de ingeniería y estrategia administrativa y, en Jalisco en 2016 se demostró. Saco el tema a propósito de la lamentable declaración que hace unas semanas un jefe policiaco hizo quejándose de que faltan policías asegurando que hay 3,000 vacantes. En la segunda mitad del periodo de la administración estatal 2013-2018, la Secretaría de Movilidad Jalisco implementó un modelo de reclutamiento inteligente que no solo no batalló para ingresar mil policías, sino que se tuvieron que escoger de entre más de diez mil que intentaron ingresar. Me explico: Los arquitectos del programa denominado “Buscamos a las Mejores”, bajo la dirección del Magíster en Derecho Constitucional y Amparo, Servando Sepúlveda Enríquez, lograron sanear rápidamente la corporación mediante una “transfusión” de talento, así la definimos porque había que ingresar policías (sangre nueva) sin disponer de nuevas plazas, se necesitaba abrir nuevos espacios, lo que se logró ascendiendo a los buenos elementos, evaluando a todo el “estado de fuerza” con los exámenes de control de confianza, separando de su cargo a los reprobados y enviando a todos a capacitación, todo conforme a ley. El éxito de 2016 rompió el paradigma de que “nadie quiere ser policía”. Al aplicar una ingeniería administrativa de atracción, diseñada en la, entonces, Dirección General de Planeación Estratégica y Profesionalización se comprendió que el talento no es escaso, sino que está mal convocado. Mientras que el modelo actual sufre por cubrir 3,000 vacantes porque lanza una red al vacío esperando que la necesidad económica empuje a los ciudadanos a las filas, el programa dirigido por Servando Sepúlveda operó bajo un principio de escasez percibida y valor institucional. Al elevar los estándares de elección y generar confianza naturalmente el nivel académico promedio de las nuevas policías aumentó, se transformó el oficio en una carrera aspiracional. No se buscaba llenar plazas; se buscaba pertenencia. Esta distinción técnica es vital: cuando una institución acepta a cualquiera para tapar un déficit numérico, el mensaje implícito es que el cargo no tiene valor. Por el contrario, cuando 10,000 ciudadanas compiten por 1,000 lugares, el filtro mismo se convierte en el primer incentivo de lealtad y orgullo institucional. El “abismo” de las 3,000 vacantes que hoy lamenta la jefatura policial no es solo un vacío operativo; es una hemorragia de confianza. En términos de ingeniería de seguridad, una vacante no es un ahorro presupuestario, sino un multiplicador de riesgos. Para cerrar la brecha de esas 3,000 ausencias, la solución no es bajar la guardia de los exámenes de control y confianza, ni saturar las redes sociales con publicidad genérica. La respuesta está en retomar la visión técnica de 2016: rediseñar el producto institucional. La seguridad debe volver a ser una oferta de vida profesional digna, protegida por una estructura administrativa que valore la preparación sobre la improvisación. Si Jalisco ya demostró que es capaz de convocar a una multitud de ciudadanas dispuestas a servir bajo un modelo de excelencia, el déficit actual no es un problema de “falta de policías”, sino una crisis de diseño gerencial que urge ser reparada antes de que el abismo se vuelva irreversible. La ingeniería de 2016 ya nos dio la cura: el prestigio es el único torniquete capaz de detener el abismo. Es hora de decidir si queremos llenar uniformes o dignificar el cargo. ¡Ojo!
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