Horacio Villaseñor Manzanedo
En tanto sigan llegando a las direcciones, mujeres u hombres incapaces, sin preparación ni experiencia en la función pública, los gobiernos, de cualquier orden, seguirán siendo, en el mejor de los casos, unos inútiles, entidades costosas que no sirven para lo que fueron creadas, lo que imposibilita, no solo el fortalecimiento del tejido social sino su misma existencia. Hablamos de la falta de calidad de vida, hablamos del daño que la gente sufre al tener gobernantes tontos, tan mensos que aseguran que el rescate de los espacios públicos es tarea de la sociedad, nada más idiota que eso. La razón de ser de un gobierno es garantizar la seguridad, la tranquilidad y la felicidad pública, entiéndase, la seguridad en todos sus ámbitos, particularmente en el espacio público, espacio que por ley se le encarga a la “autoridad”. Ahora, para que la gente tenga calidad de vida y pueda pensar una posible reconstrucción del tejido social, existe la necesidad, primero, de rescatar el espacio público, porque los gobiernos encargados de su conservación y mantenimiento lo abandonaron y ahora, cínicamente, proponen que la sociedad lo rescate. Si el encargo y la obligatoriedad de cuidar el espacio público, es de los gobiernos, que, por ineptos, irresponsables e ignorantes, lo desatendieron, ahora deben ser ellos y solo ellos, los gobiernos, los que lo recuperen. La sociedad mantiene al gobierno para que controle y se haga responsable de lo que sucede en todo espacio público, de allí que quien debe recuperarlo, es el gobierno, la gente no tiene porqué batallar con delincuentes, limpiaparabrisas, “viene-vienes”, aparta-lugares, indigentes, ni con el mugrerío en que se observa, para eso paga impuestos. Los servicios públicos eficaces son el único camino para poder recuperar el tejido social y la calidad de vida, hoy muy mermada, pero como los gobiernos no pueden, salen con la vacilada de que la gente debe ayudar a recuperar lo perdido. Es simple, con calles y banquetas sin hoyos, balizadas y limpias; con mercados seguros, ordenados, impecables y cercanos; con semáforos sincronizados, funcionando y agentes de tránsito efectivos; con parques y jardines atendidos, vigilados y suficientes, y, con buenos gobiernos, cumplidos, capaces y profesionales, que aseguren, permanentemente, la existencia de espacios públicos de calidad (público-público o público-privado) el espacio común se recupera. En tanto eso sucede, el “rollo” de la reconstrucción del tejido social, desde los actuales gobiernos, es eso, puro rollo porque sin inteligencia, no les da para más. Ni hablar.
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