
Por Manuel Gutiérrez .
Rafael Buelna, nacido en Mocorito, Sinaloa, estudio en el Instituto Rosales, de Culiacán, desde el cual desafió como estudiante al poder de Porfirio Díaz. Imbuido de ideales democráticos, su pensamiento político se reduce a que el ciudadano es el centro y objeto del Estado, que debe respetar su derecho de expresión y asociación, a la par que darle educación, bienestar.
Pronto se sumó a las fuerzas revolucionarias tempranas capturó Tepic, en una acción de comando capturó a Alvaro Obregón, al que culpó de la confusión revolucionaria y lo quizo fusilar, pero Lucio Blanco, entre otros evitaron el desenlace.
Obregón lo recuperó para sus fuerzas y lo hizo vanguardia. Sus acciones merecieron que Venustiano Carranza reconociera su filiación liberal de familia, así como el mérito indiscutible de militar y le fue confiado el grado de general, exactamente el más joven de la revolución.
Un militar muy gallardo, un proyecto de Alejandro de Macedonia, que no cuajo por su integridad y valores personales, al enfrentarse al poder de los sonorenses. Experto en caballería, por su vida villista, quedó reflejado en “Las caballerías de México” en el capítulo VII de José C. Valadés.
Buelna con Blanco, se contaminó de agrarismo, en la Convención de Aguascalientes, y ahí perdió el apoyo de Carranza. Como otros, perdió la confianza del Primer Jefe, se fue con Villa. Carranza lo hizo sufrir por destierro y Buelna pasó a los Estados Unidos, donde paso penurias.
Buelna fue escritor, periodista, frecuento círculos anarquistas, pero su individualismo referente lo hicieron poco asimilable aunque tuvo mucho de conciencia social.
Ya en el seno del Obregonismo, restituido, consideró que los sonorenses habían corrompido la revolución haciendo un nuevo porfirismo, ya que Obregón, Calles, Aarón Sáenz, Puig, el gabinete en pleno y todos los revolucionarios se convirtieron en la primera oleada de millonarios que produjo el Partido Nacional Revolucionario, partido imperial, que redujo los derechos ciudadanos, como parte del Estado y que con Calles se atrevería a normar la conciencia, sumados a las luchas intestinas por el poder.
Buelna dijo: “Esta no es la revolución mexicana por la que luchamos, esta se nos impone” se unió al movimiento de Adolfo de la Huerta, buscando enderezar el rumbo, tomando las armas con ese fin.
En el ataque a Morelia, el más apolíneo de los villistas, al estilo Felipe Angeles, aunque no tan profundo, con preparación intelectual e ideas, encontró una bala mortal. Antes derrotó en 1923 en Teocuitlatlán a Lázaro Cárdenas, que capturó herido con su estado mayor, fue benévolo y lo dejo seguir su curso de la historia Cárdenas llegó a presidente de la república.
Buelna tuvo ya su película de Felipe Cazals, “Ciudadano Buelna” en 2013 una buena representación de un ciudadano consciente. Buelna prefirió caer el pedestal de héroe oficial por no sumarse a la victoria de la mafia sonorense en corrupción, y culto al presidente, pasando por encima del ciudadano.
FIERRO TEMERARIO Y SANGUINARIO.
Rodolfo Fierro era bastardo, hijo de madre indígena, adoptó el apellido Fierro de una familia pudiente que lo adoptó. Fue Ferrocarrilero, y en 1913 se unió a la revolución con los villistas. Su hazaña inicial fue secuestrar un tren, engañar a los orozquistas y hacerse pasar por un tren de refuerzos, para incendiarlo y lanzarlo a un choque frontal dantesco que causó enomes bajas.
Esto lo acercó a Villa, que encontró en Fierro un gatillo veloz que mató al inglés Benton, por creer que iba a desenfundar, lo que causó a Villa problema internacional. Reed, nos habla de que en 15 dias consecutivos, mató una persona por día. Mató al superintendente del ferrocarril en la noche, borracho cuando creyó que era una amenaza. Nelly Campobello lo puso en la literatura, pero el incidente pasó a la historia.
Villa capturo 300 colorados orozquistas, y ordenó su fusilamiento. Fierro pidió una botella de tequila, tres pistolas y un ayudante para cargar munición. Los soldados arreaban como ganado a los presos que tenían que librar un patio grande y saltar un muro.
Los que no aceptaban eran acribillados con los máuser. Fierro estuvo vaciando sus pistolas sin descanso, algunos dicen que menos de diez lograron escapar, otros que ninguno. Lo cierto que mientras los moribundos quejaban su dolor, Fierro durmió plácidamente arrullado por esos cantos de muerte.
Una vez acompañado de una dama de salón, esta alabó a un mesero por su hermosos ojos. Fierro, llamado el carnicero, conocido como Villa por su salvajismo no dijo nada. Al dia siguente sus propios llevaron una bandeja con los globos oculares del mesero a la dama, con un mensaje de Fierro: “Ya que te gustaron tanto esos ojos, te los mando para que los tengas”.
Fierro es un desconocido como militar. Luego de Resplandor, y de perder los encuentros de Celaya, Villa ardía de rabia más en León en que Fierro malgastó hombres de caballería a lo tonto en el cerro de la Cruz. Libró el fusilamiento, y lo mandó a Fierro a realizar una incursión suicida de caballería después de la batalla de Trinidad. El objetivo era destruir.
Fierro llegó a tomar León, siguió a las puertas de la Ciudad de México, estuvo en Lechería. Giró a Pachuca. Su camino fue de destrucción a nivel de terrorismo. Atacó blancos civiles blandos, arrancó vías, telégrafos, cables, robo, se hizo pasar por columna carrancista, sorprendió columnas y guarniciones que se sentían arropadas por el triunfo de Celaya, y sembró el miedo a los carranclanes.
Su incursión -ignorada por el cine mexicano o de Hollywood y por los estudiosos de la guerra- fue una lección que caló hondo al poder de Carranza.
Fierro regreso a sumarse a la peor guerra de Villa en 1915-16. Cerca de Casas Grandes, quiso evitar un rodeo de un lago sin chiste, Laguna de Guzmán, de aguas semicongeladas, pantanosas y oscuras.
“El que sea hombre, hombre y caballo, caballo, por aquí cruza” pero llevaba alforjas cargadas de monedas de oro y una víbora con oro dos pistolas, dotación y rifle. Villa también dejo guardaditos, por toda la sierra de Durango-Chihuahua, de oro, municiones o producto de sus robos. Cuando se percató que era imposible, los insultó y salir pidió ayuda, en forma desganada le tiraron lazos, pero todo fue inútil, por primera vez supo lo que era el miedo a la muerte, sus ruegos fueron inútiles.
Los villistas lamentaron la pérdida del oro, y del caballo, pero no la del jinete. Meses después las autoridades, sacaron un cuerpo, dijeron que era Fierro y lo echaron a una fosa común desconocida. Hay una versión de que un pariente de Villa lo enterró en Chihuahua. El oro no volvió a salir. El nombre de Fierro, le quedó al charco.
-Mi general Villa, le informo que Fierro murió ahogado- dijo un subalterno al caudillo de la División del Norte. -Ahogado de ¿Borracho?-.
-No, murió ahogado en una laguna cerca de Casas Grandes-
Villa supo que para la segunda toma de Chihuahua, y tercera de Torreón, supuestamente derrotado, herido y perseguido, ya no tendría a su fiel caballo de ajedrez, a su leal y asesino acompañante a prueba de todo. Villa era para entonces una fiera, lejos ya de ilusiones revolucionarias.
UNA MONEDA Y DOS CARAS
Dos caras de la revolución. Una elevada, con valor e ideas; la otra exitosa dentro de la violencia. Cuando se abre la caja de Pandora, los violentos surgen y sus aciertos y errores, se magnifican. No hay que abrirla, alentando divisiones entre los mexicanos. Hubiera sido un criminal de guerra en estos tiempos.
Buelna, en cambio es un portabandera de la revolución genuina. Muy reconocido en Sinaloa, y tal vez su mayor mérito es haber rechazado esa falsificación de la revolución, lo que arruinó su carrera.
Si hubiera querido ser millonario, en la era Obregón-Calles, lo hubiera logrado y tal vez sería un …héroe nacional de la versión oficial, pero era honrado como Benjamín Hill, otro grande desconocido, y méritos militares y cívicos, pese a que estaban en el carro vencedor, y era puro, incorruptible y esos no llegan al poder, llegan los que mienten y hablan de virtudes que desconocen y terminan siendo cínicos.
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