
Por Manuel Gutiérrez
¿Para qué sirve el género literario de novela de capa y espada?
Actualmente, como antes, es un género apasionado, reflejado en la época, de perfiles humanos que no pasan de moda. Todo es lo igual aún en este tiempo, pero no hay aspirantes de ser caballeros de espada pronta, para corregir abusos, o romper tinieblas.
Confesaré que mi madre me facilitó una trílogia de novelas impresas del siglo XIX que yo de escolar leí, sacrílego las coloree en su bellos grabados y finalmente de tanto, hice trizas.
Eran El Caballero Enrique Lagardere, Aurora de Nevers, y la Estocada de Lagardere de Paul Feval, autor francés que me llevó al mundo de la capa y espada francesa inolvidable, Feval era conservador, para lo que eso significaba en esa centuria de 1800-1900.
Obviamente esto nos pone en el camino de escoger entre Alexander Dumas, ese maravilloso tunante, vividor que creo las obras de los Mosqueteros, que eran 4 no tres, y así como la secuela de Veinte años después. Casi 250 obras, principalmente una interminable provisión de novelas por entregas, que mantenían a los medios impresos de su siglo, pero sigo prefiriendo a Feval.
En el fondo, al igual que Honore de Balzac, también prolífico y aficionado al extremo de tomar 25 cafés diarios, Dumas, Feval y Miguel Zevaco con sus Pardaillanes, crean héroes resueltos, nada ambiciosos del interés personal capaces de corregir entuertos y de enfrentar hasta demonios, si aceptan batirse con espada. Zevaco era anarquista y eso influye en su creación.
Ciertamente, Dumas contó con 50 negros, -escritores ocultos- para tener su prolífica invención siendo el coautor más importante, Augusto Jules Maquet, vivio de 1813 a 1886, fue clave en el Conde de Montecristo, El Tulipán Negro, y en la producción de las ediciones de Mosqueteros curiosamente Julio Augusto, muere rico y en su castillo en tanto Dumas muere pobre. Sin embargo, Maquet no pudo producir nada sin Dumas, era un autor simbiótico, y sin su par, estéril.
La producción de 257 novelas, es toda una marca de 1831 al año 69, se dedicó producir intensamente, a vivir una vida de lujos, vinos, derroches.
En ese siglo entre las figuras atractivas del misterio, era el citar los códigos secretos de la Masonería en la literatura, Rudyard Kipling incluso los hace explícitos en El Hombre que sería Rey, Víctor Hugo, uno de sus grandes amigos, como enemigo fue Honorato de Balzac, también esboza la ideología revolucionaria que daría pauta a la revolución francesa, Hugo si penetró en más misterios de la Logia. En el “Jorobado de Notre Dame” el maloso es el Dean de Notre Dame, enamorado perdido y prohibido de la gitana Esmeralda. La selección de villanos cuenta.
La postura liberal, extrema de Dumas, lo hacen parecer un converso. Pero si bien es célebre y los Orientes no dudan en aceptar su filiación, hay investigadores que dicen que sus descripciones las tomó de la “Historia Pintoresca de la Masonería” de Clavel y describe ritos, en “José Bálsamo” y en los “Mohicanos de París”, ya que era tan desordenado que no admitiría la seriedad y dedicación a la orden.
Pero En tanto Dumas en tanto se dedicaba a seductor profesional, ya que sus musas son célebres aunque fueron 27, una de ellas la quinceañera Isabel Constant a la admiradora literata judía portugesa de una vida aventurera, Adah Menken, la última mujer en su lecho, que se tomó atrevidas fotos para la época con Dumas, quién era muy feliz con Adah en posesión satánica, ya que eso elevaba su ardor y Adah estaba fascinada por el ocultismo. Dumas era superticioso, usaba un talismán, acudía a la lectura de mano y cartas, pero tampoco fue verdaderamente ocultista. Pero todo le da sabor al caldo.
Los Tres Mosqueteros fueron recreados por la pluma, pero tuvieron existencias reales, y tal vez al encontrar tres reales mosqueteros y con vidas propias militares y cortesanas, y que murieron en duelos principalmente o en temerarios asaltos en posiciones fortificadas, uno en Mastricht, el modelo más propenso al personaje literario, así se crea el cuarto mosquetero.
Para el cerebro del mal, para Dumas escoge al Cardenal Richelieu, un grande personaje de Francia, injustamente etiquetado como villano por los que manera póstuma, sin gran valor, lo rehabilita en 20 años después, porque ya tenía un nuevo villano Mazarino, el Cardenal sucesor, y de también grande huella en la historia. Era alérgico al púrpura y a la grandeza de la Iglesia Católica.
D artagnan lucha con un villano ejecutor y táctico del mal, Rochefort, con bigote alacranado, y cicatriz pirata, al cual persigue, con el cual se bate hasta en tres ocasiones, y al final en Veinte años Después, lo mata entre una confusión entre una multitud, precisamente cuando la hostilidad se había convertido de respeto a amistad perdurable. Un curioso simil de pares, opuestos pero iguales que terminaron siendo amigos.
La causa de haber utilizado la figura de Richelieu como villano está probablemente en que fue creador de una gran biblioteca, que recopiló obras valiosas y diversas, hasta de origen sirio, egipcio, hebreo, y tratados de la Cábala, así como una buena dotación de tratados sobre Demonología lo que hizo la suspicacia. Finalmente las ciencias ocultas, atrajeron para darle aura misteriosa a Dumas, y con ello invistió a su villano central, ambicioso y de recursos variados.
Estos son elementos constitutivos de la novela por entregas, pasión, valor, intriga, suspenso tenso, héroes amables y damas ideales y amorosas en algunos casos.
Todo eso lo tuvo Feval, junto con una estocada diferente que las escuelas de esgrima no pueden ignorar. La estocada de Lagardere. Un hábil movimiento después de chocar los aceros, en que se plantea una estocada certera en medio de los ojos pero una pulgada más arriba. Duelos tan breves y mortales, cerebro en lugar de corazón. Enrique jura proteger a Aurora.
Lagardere, que se finge contrahecho, para observar las tentativas del Principe Gonzaga, el villano que pretende casarse por la fuerza con Aurora de Nevers, aprovecharse de su fortuna, enfrenta en Lagardere, por casí su hija, enfrenta una resistencia feroz, un inteligente oposición y finalmente un final feliz, en que el héroe es recompensado con las emociones vividas, más que con la recompensa alcanzada.
Pero ya con Feval, descubro que no es Bram Stocker el padre del género vampírico. La novela de capa y espada, ya había abordado el tema, sobre las historias de vampiros toda una fiebre en la época, abundantes, absurdas y mal hechas, Feval crea en su Ciudad de los Vampiros, una parodia, que llega al surrealismo, e igual que en el Quijote, por sus símbolos, intentaba curar a Europa del género, y su desarrollo se hace una obra rescatable que perpetuo lo que deseaba satirizar.
También la Vampira, otro tratado de los seres nocturnos chupasangres, a los que les da una cualidad más, el desdoblamiento, lo que les permite estar consigo mismos, y que evita el aburrimiento por la eterna vida noctura.
Anne Radcliffe, heroína británica, fue la primer en incursionar en el arte vampírico, descubriéndolos mucho antes de Stocker, que reproduce la misma fórmula. Porque se consagró a Stocker como padre del género y no Feval, será por el dominio británico, en la parte del siglo XIX, en que en las letras también fueron objeto de imperialismo.
Pero antes que Inglaterra fue la Capa y Espada francesa marcando el sabor y las reglas sin reglas España es otro caso. Es abundante, fluida, crea suspenso y tuerce el viaje a la menor provocación a otro laberinto.
Miguel Zevaco, fue más reestringido como literatura juvenil, ya que sus cuadros digamos eróticos son más fuertes en sus novelas, y sus pasiones más sórdidas, y sus historias más arriesgadas. Pero es parte del ciclo.
Enrique de Lagardere ha llegado a la pantalla grande, pero no en la escala en que los Mosqueteros se ha presentado. Recuerdo la versión de los 4 Mosqueteros con Michael York, Richard Chamberlain, Oliver Reed, Christoper Lee, 1973 hasta la versión 2011 en que Orlando Bloom, Logan Lerman, Milla Jovovich, en que terminan con un dirigible armado, y acciones casi de película asiática, en la acrobacia y duelos fantásticos hay muchas versiones. Tal vez falta una superproducción de Lagardere, para que reviva.
De hecho no ha muerto, sigue ahí diría Ruiz Zafón en el “Cementerio de los Libros Olvidados” pero la idea sigue siendo atractiva: Un caballero de armas, de altas miras, de temple de acero, arriesga por la justicia, o por la dama, todo en aras de que este mundo sea mejor, con un villano menos.
Eso llevémoslo a otros géneros, y tendremos una pieza clave de una búsqueda de modo de ser que sigue fascinando, porque la novela y película vaquera, de -Shane a Temple de Acero- es lo mismo, a veces con una estrella de sheriff, ranger o marshall.. Seguir admirando con un jubón con plumas, y un estandarte con gastado chaleco de cuero, una capa para noche fría, una taberna para entonarse y penetrar a los callejones del misterios, un acero toledano a la diestra y un puñal a la siniestra, son los recursos que Arturo Pérez Reverte, el literato español ha explotado nuevamente en su versión española, tercio de infantería Capitán Alatriste, y vaya que es una autoridad en el tema, con su Club Dumas. De menos revertió la mala fama creada a los españoles, por las envidias territoriales, sus conquistas de armas, tanto en Alemania, como en Italia, en que comenzaron a envenenar la leyenda negra. Reverte devolvió el brío a los tercios, a su capacidad de militares, de hombres de su tiempo que forjaron un imperio.
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