
Por Manuel Gutiérrez
Todo comenzó con la búsqueda del Retorno de los Brujos, cuyo prólogo contiene elogiosos conceptos del jesuita Theilard de Chardin, cuya frase utilizepara titular este escrito.
Para Louis Pauwels y Jacques Bergier, Theilardmerece consideración por trabajar con los elementos del cosmos, no lo señalan como iniciado, pero su manejo resulta agradable para estos autores que cautivaron hace años a los lectores con la hipótesis de que grandes personajes, eran a la vez Brujos o Alquimistas.
“Somos seres espirituales con experiencia humana”dijo Theilard doctor en Zooologia, Botánica, Geologia, Ciencias Naturales, que lo acompañaron ya que padre fue responsables de un Museo Natural así que desde su infancia fue influido por dos corrientes que buscan respuestas. Tuvo la forturnade viajar a China, participar en exploraciones paleontológicas, hasta en el recorrido de los autos Citroen (DS actualmente) al lejano oriente.
Una de ellas fue el catolicismo, ya que estudio y desarrolló vocación sacerdotal en la Compañía de Jesús, en diversos institutos dependientes de la Orden, y la otra parte en su metódico estudio de las ciencias naturales.
Nacido en Francia, nació en marzo de 1881 y murió en 10 de abril del 55 en Nueva York. Fue un asesor directo de Paulo VI, su función como investigador aportó la tesis de que efectivamente existe Dios, Dios creo el Universo, pero se valió del Big Bang y con esta expansión a lo largo del universo, en 500 mil años luz, se dió paralelamente la evolución, la aparición del hombre, su edad fija una etapa del tiempo cósmico material de Dios, en esa cifra millonaria de años y los que se sigan acumulando.
Místico a su manera fue un profundo explorador del amor divino, al que considero psicológicamente posible como la única, completa y definitiva forma de amar.
Si no hubiese sido sacerdote jesuita, Theilardpasaría como Darwin, a la lista de los evolucionistas. Pero se vuelve contra Darwin en el concepto inicial del origen de todo. Su audacia en La Vida Cósmica, es que intenta explicar partiendo de la religión el universo, la explosión y la evolución.
En su artículo sobre Lourdes y el concepto del milagro, hace consideraciones en que busca racionalizar el proceso del milagro y concluye determinando que la autoridad de los obispos para determinarlo es definitiva. Consideró los frecuentes viajes de médicos y especialistas a presenciar el fenómeno de lo inexplicable en curaciones que no seguían un patrón lógico. Lourdes lo cautivó como centro de lo inexplicable.
Theilard desempeñó como camillero en la Gran Guerra, y fue condecorado por su valor. Tiene reflexiones de ese tiempo de guerra, pero su aporte cósmico es en de que existen sistemas no aislados, ya que el vacío no existe en el universo, en elementos que en calidad y cantidad interactúan no como nubes estelares aisladas, sino que entre los cuerpos, entre las moléculas existe también el fenómeno de la comunicación, parte integral de ese juego de azar y necesidad en el corazón de la materia.
El fenómeno cosmológico es proporcional a sus leyes que rigen sus funciones, con la información de lo que deben hacer al asociarse o disociarse. Un universo sin complejidad, pero sin opuestos, no como una ecuación lineal.
Theilard abrió la puerta a la necesidad psicológica de su cosmovisión, sus intuiciones de esa naturaleza hicieron ahora que tenemos el internet, evidente la existencia de dimensiones diversas que coexisten en formas comunicadas, paralelas e interdependientes. Su idea de la Noosfera, como elemento vital resulta a para los avances actuales, más justificada.
Pero, Theilard no comprendió dos cosas. La primera de ellas es que la Biblia dice el que motivo la creación y la intervención de Dios. Y básicamene el universo se creó inmenso, pero tuvo que tener espectadores, sujetos capaces de comprender, de explicar hasta donde el raciocinio o la fe den alcances de magnitudes incomprensibles y si una marcada confrontación entre el pensamiento religioso y al racional o científico sobre el origen del universo y del hombre.
Pero admitir la explosión y la evolución al mismo tiempo se volvió contra la Teología católica. Las casualidades se vuelven infinitas, y las pruebas son tan especulativas en la ciencia, como misteriosamente dogmáticas en la religión.
O sea un fue favor muy flaco que se agravó por su condición sacerdotal. Por la contradicción entre sumística y su fantasía. Su intención cósmica lleva a sostener que el universo es Cristo, pero la confusión es evidente: Una obra de arte representa mucho de quién la hizo, contiene los materiales que uso para hacerla, pero no es la persona creadora.
La alegoría es bonita, pero errónea. Y cada que los pensadores católicos de ferviente fe como Giovanni Papini o el mismo Theilard, buscaron explicaciones a designios divinos, se empantanaron en sus limitación, en sus errores de enfoque, en el conocimiento de su tiempo.
Dice asombrosamente el Retorno de los Brujos, en una cita de San Vicente de Paul, que existen los designios divinos, por lo que no debemos desistir en realizarlos aunque nos pidan rendición nuestra carne débil, en este caso del designio de Theilard de pasar por la ciencia su orientación religiosa, resultó un desastre. Porque aceptar el cosmos como Jesús, es panteísmo, es convertir el objeto creado en su creador.
El universo al parecer tiene hologramas, tiene espacio y tiene tiempo, y muchos astrónomos y astrofísicos actuales han descubierto que se acertó en la información compartida. De hecho la materia oscura que existe como la perceptible tiene una actividad, tiene una densidad gravitacional, tiene un El propósito, pero se nos escapa.
Jesús en uno de sus evangelios nos planteó un concepto del tiempo divino que me asombra todavía. Les narró a los discípulos la caída del ángel malo a los infiernos, fulminado por dos rayos simultáneos. Entonces, la caída del malo para Jesús es un tiempo inexplicable, salvo para él. Estáhablando de un hecho pasado que tiene el poder de presenciar como presente o de un hecho futuro que presencia como presente, o es que él puede estar en toda dimensión sin límites, poco se ha comentado a este respecto, pero es un episodio que revela como en Juan o en Mateo, razgos inconfudibles de la naturaleza divina, superior al concepto del tiempo nuestro o al del reloj del universo, si se quiere.
Este concepto no forma parte de la introspección de Theilard, porque su tiempo no le permitió conocerlo así. Ahora lo podemos explicar por la existencia de la dimensión de la información, de las ondas, de las señales digitales, que sin ser vistas, son aceptadas y utilizadas por millones. En eso acertó, pero en conciliar dogma y fé, no pudo lograrlo.
Si se le acepta su aportación el asunto de la fé sale perdiendo, frente a un concepto de ciencia racional, que busco acercar al Dogma pero que lo hace perder el encuentro.
Ciertamente Theilard ha sido debatido y combatido, por ejemplo por el sacerdote argentino Julio Meinville, quien en su obra de “Cabala al Progresismo” polemiza con sus conceptos, como lo hizo con Jacques Maritain y con Karl Rahner, para ello utilizó el arsenal integrista, las fuentes del depósito de la Fé, pero no polemizó sobre sus observaciones científicas, y aún cuando también alcanzó fama internacional, Meinville, será la oposición contemporánea a Theilard y era una mente poderosa y políticamente incorrecta la del sacerdote argentino.
Theilard será marginal por mucho tiempo, porque su resolución elimina la voluntad divina tal y como la señala la Biblia. Dios crea a su imagen, a su semejanza al ser y define y crea el univers y la evolución de un cerebro funcional, parece que requiere millones de años, por eso es que el universo es tan grande, si aceptamos ese impulso evolutivo. Cada cerebro es un microcosmos.
Y eso no es más que un intento de su imaginación, que muchos astrónomos le echan en cara, como fantasioso al final. Su punto Cristo Omega, no es otra cosa que comprender lo que la Iglesia y sus Teólogos han proclamado siempre, el principio y fin contenidos en El, de todas las cosas sin perderse con el mismo dilema del universo pero hay quienes buscan más allá de lo evidente.
“La aparición del hombre”, otra de sus obras, no pudo sumar ambos factores y aún no podemos hacerlo con todo lo que hemos visto desarrollarse como resultado de la ciencia.
Por ello la Iglesia mantuvo sus teorías en observancia, y no las recomendó formalmente. Su obra se divulgó “extraoficialmente” así como le ocurrió a Martín Lutero, por simpatizantes y patrocinadores que esperaban encontrar en sus tesis suficiente veneno como para confundir a la Iglesia.Ni Paulo VI deslumbrado por Theilard lo oficializó como pudo hacerlo, la disciplina orgánica operó exitosamente.
Si la ecuación se altera en sus factores, resultadistinta a la variable que intenta descubrirse. Por tanto, evolución y big bang, quedarán todavía en el tintero de las discusiones de Ciencia y de Fe y Theilard seguirá fascinando y era un jesuita de altocalibre, en su especulación que contrasta con la opiniónes frívolas de muchos pensadores teólogos, cuando reducen al Diablo a un mero símbolo, esas simplificaciones no son de Theilard era unracionalista-místico, y tal vez como Savonarola, apasionadamente equivocado, pero era un consagrado y debió creer en la creación Divina, puede por su profesión adicional racionalizar, cuestionar, elementos de ciencia, pero finalmente tiene que encauzar su revelación por congruencia dentro de los límites de la verdad y de la insuficiencia de la ciencia para excluir a Dios del asunto; eso pudo ser su flagelo de insuficiencia en su propósito, lo cual amarga a cualquiera.
El riesgo estará en una severa contradicción por ser una persona consagrada y no puede cristianizar la evolución, o lograr una mezcla de conceptos que son debatibles bajo muchas aristas de la ciencia, de la filosofía y de la fe sin salir raspado.
Sencillamente porque no forma parte de su creencia. El perro no sabe, que sabe, diría Chardin y acierta en la limitación de los alcances cognitivos como una referencia para explicarnos el origen de todo. Fue un intento arriesgado, pero fallido por el camino elegido y parece olvidado por ahora.
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