
Por Manuel Gutiérrez
Arturo Márquez, autor del Danzón No. 2, es un compositor musical vivo de México y es un heredero de los grandes maestros del nacionalismo, aunque su música urbana, es más rítmica y melodiosa. Hay un homónimo destacado en Jalisco en la música.
Que grato es escribir esa línea entre tantos renglones oscuros en estos días. Fue Premio Nacional de Bellas Artes en 2009. Nació en Alamos, Sonora, es un director de orquestas sinfónicas y compositor reconocido mundialmente.
Son tan desconocidos estos enormes mexicanos. Es como convocar a Federico Ibarra Groth, nacido en la Ciudad de México, con el enorme talento dedicado a la especialidad de la Opera.
No, no saben de Bandas, ni de Reggeton, pero Márquez supo orquestar el prodigio del danzón. Federico fue premio Nacional de Ciencias y Artes en el 2001. Arturo Márquez, sin embargo está en una etapa de madurez creadora, de fecundidad .
Compuso un canto a Malala, llamado Alas, estrenado cuando la ilustre islamita visitó México. Es bellísimo, una pieza de repertorio obligado para todos los Kinders nacionales, pero desconocido.
Arturo Márquez, cabe advertirlo se formó básicamente en los Estados Unidos, pero regreso a Navojoa, Sonora. De hecho nuestros grandes maestros, ejemplo Blas Galindo, tuvieron estudios especializados musicales en Estados Unidos, cuando Porfirio Díaz, el grande, era Europa.
Cuando es interpretado, y más aún en la feliz oportunidad de que el dirija a Arturo Márquez son ocasiones de deseo, para los que reconocen su talento.
Su dominio pleno en la armonía, en la adaptación de ritmos populares mexicanos a obras orquestales. En México tuvo la oportunidad de estudiar piano con Carlos Barajas y con afamado José Luis Arcaraz.
Quién iba a pensar que el director de Banda Municipal de Navojoa, sería con el tiempo una figura mundial, nuevamente más reconocida -aunque ya es profeta en su tierra- su secreto es llevar una rica veta de continuidad de los grandes músicos mexicanos como Candelario Huizar, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y otros grandes directores como J. Pablo Moncayo y Blas Galindo.
Igual que esos grandes músicos Arturo no ha permanecido ajeno a las circunstancias sociales, matizando su obra. Un canto a Miliano, hace referencia a Zapata en uno de sus aniversarios, y actualmente forma parte de un Centro de Investigación de la UNAM su valor musical es sólido.
Es un músico muy adaptado a los tiempos modernos, ya que entre sus estudios en el extranjero pudo capacitarse en el uso de sintetizador y de instrumentos eléctricos modernos. Con ello ha creado una positiva renovación que ha potenciado los sonidos orquestales, sin perder su esencia.
El Danzón No. 2 compuesto para su hija se convirtió en un atractivo musical para los mejores conjuntos y directores como Dudamel que logró una versión destacada, Alondra de la Parra, lo tocó en París, y las mejores batutas, han sido hechizadas por su danzón.
Su producción es basta, pero las notas musicales dicen más que las palabras. Escúchelo, disfrútelo, es el más actual compositor mexicano de una zaga grandiosa.
Más atrás, en un principio del nacionalismo musical post-revolucionario, Candelario Huizar, en mi humilde opinión es inicio, logró descubrir el sonido nacional, con percusiones y flautas, con filigranas y tensiones, con sombríos tonos de tragedia.
Carlos Chávez, con Sinfonía India, de tensión casi angustia, paso a convertirse en la referencia. Fueron músicos que coincidieron con la historia del país, en tanto en la plástica la herencia de Saturnino Herrán se convertía en pregón político rojo con Diego Rivera, Clemente Orozco, y tal vez el mejor pintor, O’Gorman.
Pero la idea es hablar de músicos, si tenemos a esa gloria de Blas Galindo, que junto al jaliciense José Pablo Moncayo nos iluminaron con sus Sones de Mariachi que son un espejo del alma nacional, sus tierras de temporal, bosques, y huapangos.
Muy fuerte se sumó a ese sonido nacional, Silvestre Revueltas, con su Sensemaya, y sus mágicas noches de los mayas. Entre ellos hay un formidable olvidado, Carlos Jiménez Mabarak, con su Sinfonía, un reencuentro de ese torrente nacionalista, intenso y musical. El compuso la fanfarria olímpica de 1968, una de las más bellas y pegajosas que han adornado estos eventos.
Ciertamente en los valses se asumió una tradicional musical que se refresco con el sabor mexicano, como Juventino Rosas y “Sobre las Olas” el enorme Manuel María Ponce, un talento y del duranguense Ricardo Castro, con Felipe Villanueva, que dieron al Vals Capricho y Vals Poético, reviven el siglo XIX en tiempo y tradición de México que parece revivir.
Después de la revolución mexicana, se intentó con fortuna el revivir la buena música, así surgieron esos grandes compositores sinfónicos, que combinaron los caracoles, tambores, y elementos de música indígena, reflejando el destino, el dolor y la tragedia nacional.
Sin embargo aunque su música en ocasiones fue emblemática de lo oficial, por ejemplo en las fiestas nacionales o informes de gobierno, el Huapango era muy solicitado, Chávez otro tanto. Simplemente era la forma de abrir la Hora Nacional.
De hecho, Porfirio Díaz, fue uno de los principales musicalizadores de sus actos cívicos por ello les dicaron valses que correspondieron como mecenas. La historia de Juventino Rosas, al que el héroe de Puebla, en dos ocasiones ha sido dramatizada, por Pedro Infante, por la defensa que se hizo de que ese vals no era posible que fuera creado por un mexicano. La identidad lograda por el gobierno con esos conceptos, se han dejado.
Entre los grandes directores, Enrique Batíz, el primer director que escuche en vivo, Luis Herrera de la Fuente, José Areán, De Mecke, y de Jalisco, incluso por momentos largos ha sido la Orquesta de Minería, la que ha sido la mejor según los críticos.
Actualmente el club Mahler, y muchos expertos exaltan lo que se tiene en Jalisco, habría que mencionar a la larga lista de batutas de la Gran Orquesta Filarmónica de Jalisco que ha logrado gran calidad, -lo asegura Jaime García Elías, que sabe mucho de eso- y hay pianistas tan excelsos, algunos de ellos jóvenes de gran porvenir y ya una realidad , otros como Jorge Federico Osorio a quién escuche por fortuna tocar en el Degollado, en uno de sus cumpleaños. Son todos ellos seres tocados con un don divino.
Creo que ha sido mucho atrevimiento de mi parte, sin tener a mi favor más que el disfrute, pero encuentro en Arturo Márquez, el puente sinfónico que puede dar identidad y restablecer el nacionalismo musical, claro que el ambiente urbano. El danzón es finalmente un baile urbano, del siglo pasado que se lleva a extremos de arte, marcando tiempos y con una cadencia semilenta, pero que encierra fuerte sensualidad, relación de pareja, en que el hombre permite que la mujer luzca su belleza y ambos se fusionan en un baile pasional.
Después de todo, México ha cambiado, ya no es de paisajes campiranos y pueblos quietos, es un mundo que busca otras expresiones y Arturo Márquez las tiene curiosamente la 4T está huérfana de un sonido y de una identidad artística, consumida por la política, y una reducción del valor del arte en el proceso creador de identidad mexicana. Bueno, ni Beatriz Gutiérrez, canta y hay que agradecerle que ya no lo haga.
Esta transformación no entiende el arte, la pasada revolución mexicana de 1910, emergió con un vigor de renovación y entrega al arte, en letras, plástica, y música hasta con un nombre: Nacionalismo. La 4T solamente nos da política y palabras en torrente.
Oscar Chávez, debió ser el gigante representativo de la 4T, pero su postura de independencia ante el poder, el no ceder al halago presidencial, una verticalidad de revolucionario, ante los neoliberales de antes, como ante los populistas de ahora, lo hicieron poco dúctil, lo volvieron ausente.
Y además ese amigo de seres tan disímbolos en las posturas ideológicas, amigo personal de Catón, de personalidades neoliberales, de personalidades de la rebeldía de antes como Porfirio Muñoz Ledo, y otros notables, sin dejar nunca de ser artista del pueblo, con lo mejor del arte, por ello se fue, sin que el gobierno se le rindiera e inundara a México con su música.
El arte sufre reducción, poco apoyo monetario e incomprensión por la nublazón de los proyectos faraónicos del presidente los organismos para apoyarlo mueren de inanición.
Sintió más la 4T a José José, gigante en la conciencia y gusto mexicanos, y nos trajo la mitad, entre las primeras hazañas del emperador, quedando otra parte por su familia sepultada en Florida. Porque más que arte, se quiere sumisión de alma y cuerpo ante el emperador y Oscar Chávez no era un servil.
Curiosamente coincidieron como unidad de México, elogios merecidos y fundados, desde publicaciones como “Política” de Gonzalo Leaño, con Revista Proceso en desplegarse ante el genio, como se sumaron Siempre! de la colosal periodista Beatriz Pagés, e Impacto. Mejor homenaje, sale sobrando, otorgado por mexicanos diferentes, unidos ante una figura notable inolvidable en “Rompe el Alba” en el cine.
Espero que Arturo Márquez, con su reconocimiento mundial este por encima de nuestras limitaciones y reverencias. Y que siga creando, aportando, componiendo y dirigiendo, así hace grande a México.
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