
Por Manuel Gutiérrez.
Claudia Sheimbaum, luce con una ventaja que parece definitiva antes del inicio de las campañas electorales sobre Xochitl Gálvez, que algunos consideran que ha perdido el impacto mediático, pero las encuestas no son dogmas y todo puede suceder.
La percepción que no ha logrado la Shein, está en que se carece de que ella maneja la CDMX de manera independiente, que tiene una personalidad propia, un estilo personal.
De hecho, incluso sus seguidores van con ella por dos razones: El monopolio del poder, radicado en 23 gubernaturas, en el presupuesto federal, y en la disposición de recursos federales que el presidente López, es muy capaz de desviar en su favor. La percepción que nadie se ha preocupado por cambiar es que es la candidata de López, hechura total, no por mérito propio.
A nivel nacional, la participación de Claudia ha sido gris, rescatada de sus conflictos, como el daño causado por la tragedia de la línea 12, y que motivó que el presidente la apoyara con el uso de la Guardia Nacional, en forma absurda. Su exposición por el tema de la compra y aplicación de invermectina, elemento antipiojos, no queda en el olvido de un electorado de la su propia capital, en que la idea de lanzar a Omar García Harfurch, ha sido uno de los pocos momentos en que se ha observado una injerencia directa en el tema electoral, lo que ha convertido en corcholatas comparsas a la política Clara Burgada y al inverosímil Doctor Hugo López Gatell, por su política polémica del manejo de la pandemia, y los números de más de 600 mil muertos, en medio de la posibilidad de promover vacunas patito, tales como la Abdala de Cuba, la Sputnik de Rusia y la tal Patria, que no han concluido su preparativos.
Esa estrategia no conviene ser recordada por la funcionaria, como tampoco lo de la línea 12, porque su posicionamiento la vuelve vulnerable. Su texto y su discurso son el mismo de López, en cuanto a los logros de las megaobras y de todo tipo de iniciativa presidencial, lo que solamente la afirma en el voto duro de Morena, no el posicionamiento de una oferta atractiva a la gente.
Afirmar esto es ir contra las presumibles encuestas a su favor, y hay que aceptar el riesgo. El mismo destape de Claudia, opaco sensiblemente a sus rivales, de los cuales Marcelo Ebrad, naufragó en la indefinición, y terminó por doblegarse. En realidad, nunca hubo competencia, fue una determinación disimulada en un juego electoral de nueve meses de no ser oficial, fuera del término legal, con gran gasto, y cargada como el tiempo del partido oficial de antes.
Recurriendo a publicistas como Simón Cohen, este advierte en Expansión que la misma Claudia percibe que su gestión inicial no fue exitosa, como tampoco sorteo los problemas presentados en los argumentos de la oposición. Sólo se refugió en la marca exitosa, pero ese nombre estará ausente en la boleta.
Los ajustes son cosméticos, de siervos de la nación, ella maneja los siervos de la ciudad, el cambio de su comunicador por Sebastian Ramírez, pero algo que ignoran es que una campaña en que la marca satura –como de hecho ha sucedido en todo el país- en que es Claudia, provoca un rechazo porque no debes pintarlo todo de guinda o del aliado verde. Y en realidad nada diferente a lo que ha dicho López ha sido significativo con Claudia. Todo es similar, igual, y esa monotonía si bien es estructural, es de control corporativo, no significa que no harte, porque es finalmente igual que la propaganda del partidazo de antes, que recuperó vida, credibilidad y operatividad con el cambio de colores y de siglas, pero recicló los viejos hábitos.
Claudia ha buscado cobijarse bajo el manto de gobernaturas afines, de munícipes solidarios, como ocurrió en el caso de Puerto Vallarta. La proximidad, no garantiza que Xochitl no puede remontar una campaña de suelo, aún con menores recursos, aunque parece que el Frente Amplio se ha desorganizado actualmente, entre las posiciones partidistas y la falta de publicidad de los planes maestros de gobierno que Xochitl sea capaz de presentar, porque no ha hecho tal intento.
El desgaste de ambas por el cargo de plagio, fue absorbido por el voto duro, sin importancia en sus efectos para modificar el voto. Claudia tiene más estilo ejecutivo derivado de su formación en Berkeley como acádemica, su origen multi-cultural, de judía mexicana, pero no ha mostrado habilidades ante cuestionamientos. Todas sus presentaciones deben ser tersas, planas, previsibles y sin sobresaltos de preguntas incómodas o cuestionamientos. Ser presidenciable ha costado mucho en credibilidad, que se refleja por aceptación a un sistema de dictadura perfecta, a una personalidad capaz de despertar pasiones. Sus presentaciones, muy retrazadas y pletóricas de invitados forzosos (acarreados) muestran músculo pero no aseguran que se refleje en votos porque no ha convencido a nadie. Su apegó a la marca López, es todo lo que le funciona, sus paseos en CDMX han sido alojada por las delegaciones de su partido, como era de preveerse.
Si los mexicanos le han tomado gusto al sistema ofertado por el PRI de antes, reflejado ahora en las modalidades personalizadas del presidencialismo y el culto a López, seguramente será la ganadora, pero menosprecian el valor de la diferencia que pueden representar otros, sea Xochitl, Samuel o Eduardo Verástegui, que está en la probabilidad de ser candidato.
Los bastidores son los que conocen la realidad, la planeación de las campañas, y de momento no se debe evaluar como fracaso de ningún candidato. Sus aciertos, sus decisiones, serán vistas en sus resultados efectivos, y la verdad la sensación de que ya ganó Claudia, no es favorable para determinar el futuro, ni el ejercicio del voto.
Claudia quiere o puede anhelar conquistar otro tipo de votante, pero no puede hacerlo porque está atada al sello presidencial, por eso vende lo mismo, con pocos momentos de éxito ya que su obra pública no ha sido muy exitosa, como la criticada remodelación de Chapultepec con un elevadísimo gasto de 9 mil millones de pesos. El uso del teleférico CableBus, o la reposición de líneas de tren, no son vistas como éxitos, sino como donaciones presidenciales en su favor.
La oficialización no resuelve su poco carisma exhibido hasta hoy. El acarreo puede ser un signo equivocado. La continuidad de la 4T es lo que se oferta, no la personalidad de la candidata, un mensaje nuevo, o promesas de ajustes, porque no se ha atrevido a cuestionar la perfección que cree tener el presidente López.
La repetición de la fórmula, y el costo de la polarización aún con desigualdad de porcentajes entre favorables y opositores, no aseguran que el pastel ya este listo, se puede quemar, o desgastar ante la realidad de Claudia haciendo su campaña, que no es más más de lo mismo.
Un relevo subordinado, plano y sin imán real para el votante que no este encapsulado en el discurso morenista, es su sustento.
Las apariencias son engañosas, y estas le dan un arranque favorable, pero creer a los críticos por consigna que ya derritieron a Xochitl y a la voluntad del pueblo mexicano, cansado de lo mismo en un extensión del sistema que ya era caduco desde hace mucho, revitalizado por la fe del caudillo y el cambio camaleónico de un agotado sistema en que se sustenta Claudia, y más creyendo que ganó antes de las elecciones lo que no muestra talento político, después de todo para eso está su mentor, su creador y su principal argumento.
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