
Por Manuel Gutiérrez
Es un autor agudo en su crítica, con una espada filosófica, dotado de un sentido del absurdo que lo llevó a ser uno de los mejores intérpretes de Franz Kafka, al mismo tiempo un señor del individualismo, que lucha por defenderlo a capa y espada, esta humilde despedida es para el genial autor checo Milan Kundera.
Los extremos lo rechazaron en el mundo. Para la izquierda, era inconteniblemente anticomunista, aunque en sus obras no se lee “muera el comunismo” o cosas así. Su crítica anticomunista es de espejo de la vida diaria, con una prosa de ritmo rápido –cuestión de gusto- certera, e implacable.
La sociedad, las contradicciones del stalinismo, de las formas autoritarias vividas en el sistema soviético, son explotadas por el autor, indicando que fallas del transporte exasperan a la gente, que costos del pan, los absurdos, las sospechas la vigilancia interminable de todo ciudadano, lo hacen inalcanzable, y porque algunos de la “nomenklatura” que siempre han existido, incondicionales del sistema, protegidos y favoritos del poder, disfrutan de una despensa mejor surtida a cambio de tener las rodillas pelonas.
¿Cómo definir el estilo de Kundera? Tarea que doctos especialistas del mundo han generado en ensayos, investigación interminable, en encontrar que su modelo literario tiene o no antecedentes y en que se encuentran, y como tiene un enfoque de realismo y de escapismo, porque el individuo que vive en un sistema carcelario, necesita evadirse mediante la burla, el desacato, el desafiosubterráneo, el comentario certero, mordaz, propio del estilo europeo.
Si bien los izquierdistas identificados como “ortodoxos” no lo soportaban, curiosamente es un autor que los anticomunistas desconocen como tal, perdidos por sus estructuras literarias, de elipsis, de doble piso y sótano, todo a la vez, de significados ricos en que no se es tan obvio en decir las cosas, pero las estás plasmando. Un artista para señalar las fallas sin piedad, pero siempre por la tangente.
Enrique Bautista (QEPD) inquieto historiador y comunista de lunes a viernes pero no después de las 8 de la noche, y menos en sábado o domingo; me llevó a encontrarme con “La Insoportable Levedad del Ser” la obra maestra cumbre del autor checo, que terminó viviendo y escribiendo en francés, radicado en París, pero a la par, era checoslovaco, tanto como un alquimista de Praga, o una arma de la marca CZ o Brno, ciudad en que nació, porque eso los distingue a los checos.
Todo comenzó con la Primavera de Praga, cuando un oscuro autor de café con un sabor hábil para las paradojas de Kafka, pero diferente, más narrativo. “La Broma” se burló hasta el cansancio del comunismo, usando metáforas como “El optimismo es el opio del pueblo” es decir, los comunistas de libro y uniforme, sabían que la frase es aplicada a la religión, era objeto de refinada burla.
Milan, fue un literato comprometido con la política, pero con la ventaja que nunca habló directamente del asunto. Era un agente de la contracultura para el rígido y en ocasiones ridículo sistema comunista impuesto por la URSS en Europa Oriental.
En 1973, Occidente lo descubrió por su estilo innovador, transformador de la literatura que se sirvió de ella para denunciar el problema político. Las situaciones absurdas llevan al lector a buscar e interpretar a dónde apunta, y queironía corroe las formas oficiales de gobierno, de dominio, de rescate del individuo, aunque no tiene la gracia jocosa de Jorge Ibarguengoitia, resaltan sus intenciones de resaltar lo absurdo, porque el comunismo llega a ese extremo.
Los anticomunistas ortodoxos, tampoco leen a Kunderaporque les resulta complicado, requieren analizar, estarpescando el hallazgo en que le comprenden su denuncia, encubierta en la fina burla.
“La vida está en otra parte” es una de sus obras que recuerdan a Vargas Llosa, con su “Paraíso a la otra esquina” y narra un proyecto predeterminado de una vida, por su madre, para convertir a un menor en un prodigio de la poesía, pero tan distinguido proyecto estaba limitado por la simple y pobre vida a la que el sistema comunista lo condenaba. El individuo, de nuevo ante su decisión de ser, y sumado a ello la realidad, el crecimiento, el sexo, la enajenación provocada por el autoritarismo todo suma dificultades a consumar el proyecto.
Los anticomunistas tampoco comprenden esa capa entérica del tema envuelto en alusiones de sexo, de ángulos de literatura modernista, tangencial. Recordemos que Kakfa fue prohibido por el poder soviético en todas sus colonias
La idea de hacer poesía o literatura modernista, sacaba de quicio a los inquisidores. Para 1975 fue expulsado de su país, emigrando a Francia, en que volvió a ver como la enajenación afecta al individuo, que volvió a confrontar frente al socialismo y frente al mundo occidental del capitalismo, así que para 1979 logró integrar el realismo mágico, del estilo de los autores latinoamericanos, como Gabriel García Márquez y su siglo de soledad.
La Levedad, tiene todo menos levedad.
Su planteamiento es muy simple como todas las genialidades: La vida, la historia, las tragedias, son en el tiempo, en su tiempo. Su verdad, su crueldad, su resultado sanguinolento, todo queda en el registro, pero con el paso del tiempo, la historia la hace ver como algo característico, pero no aterroriza como a los que lo vivieron.
Esa paradoja es muy válida para el comunismo en el mundo, porque cuando termina, después de la caída del Muro de Berlín, cuando se recupera la libertad, las preocupaciones existenciales son el deseo, que es la “carencia de” y esa carencia es de comida, de sexo, de bienestar y los jóvenes que no vivieron, pronto lo olvidan lo mimetizan o se convierten en operadores de las técnicas encubiertas de Gramsci, sobre la estructura de la sociedad, los sexos, la vida, la familia, en el intento de disolverlas, aunque muchos no lograron conocerlas por la vida moderna por los abundantes fracasos de las familias actuales o carecieron de la estructura familiar tradicional.
Es decir, un lector puede hacer inmersión en la revolución bolchevique, pero no la verá en sus colores reales, su sentido de maldad, de poder, de imposición, sino como un proceso en que se fortalecen los comités, se crean estructuras que suplen el liberalismo y sus pensadores, sin comprender que para quién lo vive, o lo vivió, la realidad de las rejas escapa de a cualquier metáfora de la falta de libertad.
Un impresionante hecho de sangre, se va archivando en los días del pasado, hasta qué en el porvenir, resulta anecdótico, pero no terrible.
La Revolución Francesa, la Marsellesa, nos han enseñado a verla como un canto de guerra por la libertad, pero en realidad encerraba el fin de un sistema y el advenimiento de un poder de una amorfa clase social, entre los burgueses, los iconoclastas, los rebeldes, definida como revolucionaria pero de lejos parecen un mito, pierde poder de meter miedo, de sembrar terror y de ser evaluados en su justa dimensión en el tiempo.
Fouche y Diderot fueron maestros del miedo. Pero se mitiga esa verdad con la distancia temporal. La búsqueda de la felicidad finalmente del género humano, es más frustrante que generosa en vivencias idílicas, y como siempre un instante de gran placer genera en ocasiones pesadillas de dolor. Milan fue horizontal, totalmente, por ello no supo mirar hacia arriba, aunque el amor humano asciende, y es memorable, no llega a ser perfecto. Milan no es precisamente un creyente del más álla, su mundo es real y humano.
Quién se acuerda del incendio de Roma, acostumbran decir los historiadores, alguno del estilo de Kundera, diría “ Losque se quemaron o los que soñaron que después del incendio vendrá un urbe perfecta” con un gobierno perfecto, con un sistema gratuito de vida, de placer que no existe en ninguna parte ni hay nadie capaz de regalarlo.
Un vez que te envuelve Kunder, comienza a provocar una sonrisa, luego una carcajada, porque la tragedia, puede terminar pareciendo comedia. La obra de Kundera se explica como la gran decepción de la vida, del sistema, del poder y de la realidad, la evasión como sea, por el absurdo, la sexualidad o el derroche de imaginación. No es un manual lineal de anticomunismo, aunque sea certero en sus críticas.
Su obra final, La Inmortalidad es ya de un Baudelaire checo. Maneja las alegorías, se solaza en el misterio de los significados, como medio de comunicación, se difumina con los perfiles de la ciudad entre luces y tinieblas, entre soledad y encuentros. Sus libros tuvieron portadas artísticas, con seres alados, flotantes, de desnudos suspendidos en el aire así eran sus libros que ahora edita Tusquets, antes Six Barral.
Kundera fue discreto en sus últimos años, siempre aspirante al Nobel de Literatura, un Murakami sin duda, pero el japonés carece del objetivo político, de la necesidad de hacer un ejercicio de libertad, de burla, de quiebre de las estructuras del poder totalitario, porque no ha vivido la inquietud y el miedo a las sombras, de noche y de día. No siente la necesidad de hacer un trabajo de liberación, como el que se plasmó para sacudirse las cadenas.
Kundera, es parte de los gigantes de la literatura mundial, una gloria checa. Su obra “El Arte de la Novela”, es recomendable para los que buscan pautas de creación, mediante una revisión de grandes autores y aspiran tal vez a escribir la novela que el mundo espera. Milan logró modernizar la mentalidad checa y europea, despertar al mundo a sus alegorías y también aportarle algo de absurdo-magia-contradicción, que lo hacen ser genial. Un diletante de las letras no puede desconocer esa prosa, o será incompleto su horizonte.
Milan escaló con ella la cumbre de las letras mundiales. Esa obra, es “La Risa y el Olvido” en que refleja el desencanto del socialismo, con formas de estructura mágica y de venenosa crítica, aderezadas con construcciones simbólicas.
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