
Por Manuel Gutiérrez
Si Ucrania pierde la guerra, puede perder su existencia propia como país. A la par que los territorios en poder de Rusia, caso de Crimea y muchas enormes áreas que se pretende rusificar a pasos acelerados.
La derrota significaría que Zelensky tendría que pedir refugio en un país extranjero o morir en su puesto en el gran ragnarok nibelungo de la caída de su país. La influencia rusa quedaría tan fuerte como la hegemonía del ruso sobre el lenguaje ucraniano.
La historia, los nombres de las poblaciones se reescribirán, para tener una nueva narrativa. Zelensky será acusado de neo-nazi, y su gabinete y los comandantes que intervinieron en el conflicto, bajo la misma situación, hundirse con el país, o salir a buscar una patria refugio.
Rusia tendría las enormes extensiones agrícolas de Ucrania, que estaría quebrantada en su infraestructura económica. Hay que reconstruir desde la planta de nuclear a Zaporiya, hasta las redes eléctricas destruidas. Y volver a plantear la funcionalidad de las industrias pesadas, militares que sean del interés de Rusia, pero solamente eso. Los sobrevivientes estarán en campos de refugiados por falta de vivienda y tendrán trabajos dirigidos.
El gobierno quedaría manejado por un representante elegido por Putin. Una especie de gauletier, o de gobernante títere, con la premisa de los principales intereses serían los de Rusia. La OTAN tendría que replegarse a los países bálticos y Polonia, la siguente escala de la guerra si continúa.
Prácticamente, las fuerzas militares de Ucrania deben ser dispersadas, internadas en campos de reeducación – o más bien de concentración, para desaparecer la columna vertebral de esa nación-suplantada por unidades rusas estacionadas en forma conveniente para el control total de las comunicaciones, economía y organización de salud y educación al criterio de Rusia.
La reconstrucción llevará un tiempo estimado de 30 a 40 años, a ritmo lento, con poblaciones dispersas y asimiladas con colonos rusos que recibirán dotaciones de tierra para fundar empresas agropecuarias, en una nueva colonización como si el Dnieper fuera la frontera del far west.
Petróleo, materias primas, tecnología, y todo lo que importe será desmantelado y pasado a Rusia, para su control absoluto. En un término de 50 años, la idea de Ucrania pasará por dos generaciones reeducadas que serán enseñadas a aborrecer lo relacionado con ese pasado.
Rusia buscará mantener bajo el ingreso per capita de los ucranianos y la productividad de Ucrania, que puede ser fértil, pero que será castigada por que resta del siglo. Su producción alimentaria fortalecerá la expansión africano o asiática de Putin.
Su población sobreviviente será dispersada y recolonizada. La pérdida de viviendas, edificios, escuelas, hospitales, será reconstruida en forma parcial y programada, bajo nuevos enfoques que privilegiarán a los ciudadanos de primera, de procedencia rusa, y en segundo término, los nuevos rusos, ya no ucranianos.
Un país deforestado, sin presas hidráulicas, sin recursos, será rehabilitado bajo el interés de exportación de grano para Moscú que obtendrá por fin dividendos de la “operación especial”.
Tiempos difíciles sin duda, y más muertos o desaparecidos que los sufridos en la guerra, como ocurre luego de una guerra de este tipo, en que la venganza y los planes de exterminio, son preferenciales para evitar brotes de resistencia.
Europa estará bajo una nueva oleada de migrantes desesperados que buscarán huir de la caída de Ucrania. En la era de Trump, probablemente la banca mundial facilite recursos para “reconstruir la provincia de la nueva Rusia” Trump es la espada de Damocles para Ucrania.
Tiempos sombríos y una nueva expansión de guerra, a corto plazo, como necesidad de reafirmar las nuevas fronteras, reducir el riesgo de aliados de la OTAN y en lo religioso, la Ortodoxa Rusa, pasará a desplazar a la Ortodoxa de Ucrania, sentenciada por su colaboración con el occidentalismo, y la degradación moral. Nada sostendrá esa iglesia nacional.
SI PIERDE RUSIA.
Rusia pierde territorios anexados desde el año 2000 al 2025, eso supone todas las áreas invadidas de territorio de Ucrania. Adiós a Crimea, a Sebastopol, al control del Mar Negro, ya perdido.
Ucrania confirma sus fronteras, implanta su lenguaje, su historia, y su cultura, su Iglesia mantendrá un trato diferenciado con la Ortodoxa Rusa, una vez que es rechazada en este país, pero no tendrá injerencia en condenar la participación moral de la Iglesia en la operación especial.Cada cual su rebaño. Se observarán de lejos.
Los aliados exigirán un pago estimado en 500 mil millones de euros, considerando en 110 mil millones por año de guerra, que podrán ser pagado en plazos y con petróleo y gas, nuevamente a Occidente.
Las reparaciones, suponen que se pueda perder el dinero incautado en Occidente como resultado de las sanciones, aunque sean intrincadas batallas legales. Ese fondo será destinado a sufragar los gastos de equipos donados por los países aliados, municiones, equipos perdidos en la guerra, ya que lo dado entonces se podrá cobrar a Rusia. Para los aliados será buen negocio, con inventarios nuevos de armas y recuperando una lana que “regalaron” a Ucrania.
Adicionalmente se activará un nuevo Plan Marshall, de reconstrucción y modernización total, en que se intente la reconstrucción acelerada del país, a un plazo de 18 años a 25 años. Ucrania será la meca de contratistas, empresas que reestablecerán vías de comunicación, canales y presas, sistemas de riego, sistema de salud completo, edificación de una nueva red escolar y reconstrucción de ciudades destruidas en su totalidad, como puede ser Bajmut, Ardvivka, Jarkov, o Izum, la magnitud de los daños, generará mucho empleo para Europa. Alemania requirió 20 años para volver a ser potencia europea luego de la segunda guerra y 50 mil millones de dólares en 1946 para volver a revivir a Italia, Francia, España, Belgica, Holanda, toda Europa.
La organización de partidos políticos, un esquema democrático, de renovación del poder y una política de largo plazo, dentro de la membresía de la OTAN, que será próxima a Rusia, pero no será motivo de una invasión mayor. La OTAN no invade a nadie por deporte o ambición.
Putin o el sucesor, podrán gozar del poder todavía, supeditados a las reacciones del pueblo ruso, bastante sometido a esquemas autoritarios. Navalny, el candidato opositor es un preso político sometido a condiciones extremas de frío, subalimentación y mal trato.
La posición de Rusia como superpotencia quedará reducida sujeta a alianzas totales a las aspiraciones de China, India y si no se convierte en blanco de una guerra más, caso de Irán,que mantendrán un estado de guerra fría y de enfrentamiento de bloques mundiales. Su alianza sella la suerte de Rusia.
Si China o Irán no emprenden nuevas aventuras militares, Rusia podrá volver a sí misma a recuperar su capacidad tecnológica, sus fábricas militares y su aspiraciones espaciales a un plazo de una a dos décadas, probables.
Los muertos que podrán ser hasta 800 mil soldado en bajas, serán absorbidos por el olvido y a prédica del grandioso destino que espera a Rusia, que podrá reencontrar otro Putin, a mediano plazo y volver a las andadas. Serán mártires del pueblo, de la operación especial contra Ucrania
Es decir, Rusia terminará la guerra, con daños y pérdidas militares grandes, su democracia seguirá siendo rupestre o figurativa, y los rusos seguirán deseando un destino imperialcomo lo fue la Unión Soviética y con gobiernos de caudillos personales y megalómanos.
Es decir, salvo el pago exigido, en Rusia no va a pasar mayor cambio de cosas, salvo un levantamiento popular, una rebelión por la democracia, una vez que el poder de Putin quedará disminuido, pero seguirá siendo estado enorme y viable para seguir en el poder. No hay estructuras opositoras, ni partidos, ni medios independientes.
Rusia seguirá su agenda fronteriza hóstil, contra Japón, o contra otros rivales de sus aliados.
De hecho, mantendrá una guerra de baja intensidad, fría, no declarada contra Inglaterra, Estados Unidos, Israel, y así como al bloque europeo.
La finanza rusa, severamente dañada, tendrá que conseguir por vía de deuda, recursos crediticios para reconstruirse económicamente o modificar su economía de guerra. La idea de volver a atraer inversiones occidentales, podrá darse en condiciones de modificaciones constitucionales y en su forma de gobierno, muy poco probable, pero en el trumpismo, puede ser que le abran la cartera en dólares por el gobierno de Estados Unidos, para ser “amigos”.
Rusia podrá progresar en bienestar y estabilidad si lo prefiere. Su hipoteca puede ser con China, e India que la ayuden fraternalmente. en un buen negocio porque tendrán su destino en sus manos y se cobran a lo chino con materias primas. De que te cobran, te cobran.
La otra opción es que se una a las aventuras militares de China, con el alto costo de continuar en la guerra permanente o de otros conflictos en el mundo, pero su posición derrotada en Ucrania, será una contención por lo menos hacia Occidente, por un lapso considerable.
La invasión habrá sido un fracaso, y Bielorusia, y otros países como Chechenia, incondicionales, resultarán afectados por sanciones colaterales o simplemente por el esfuerzo de volver dar apoyo a Moscú. Los gobiernos afines de Putin, como Orbán de Hungría, o Fico de Moldavia,reconsiderarán sus lealtades.
Es decir, la perder la guerra, representa la extinción de Ucrania como país, como pueblo, como soberanía, y como entidad cultural. La debacle de su gobierno y de sus fuerzas armadas. De su forma de vida y de la aspiración de ser parte de Europa.
Pudieran quedar focos de resistencia, pero conociendo la máquina de guerra rusa, está saturará todo el espacio para un control total y efectivo del nuevo dominio. Si es factible que logren desaparecer a Ucrania como país.
Rusia en cambio perderá posiciones, dinero, recursos naturales y probablemente, algún poder nuevo reconocido por Occidente, desplace a Putin, lo será motivo de gran agitación y turbulencias, que buscará asistirse de sus amigos dictadores.
Los dictadores buscarán sobrevivir, pero Rusia no será invadida, no será vulnerada en su territorio ni tampoco perderá su actual gobierno que de empeñarse en seguir las campañas militares puede comprometerse hasta la aniquilación de su gobierno y regalar más muertos de su pueblo.
En el panorama se asoma la probabilidad de una crisis nuclear, Dios no lo quiera. Pero en resumen, Rusia quedará todavía como potencia de tercer orden, que buscará restañar su orgullo racista y supremacia, que la ha sostenido en toda su historia. Y Trump será la gran esperanza blanca.
Es decir, no está en riesgo existencial, salvo alguna acción extrema y delirante, que arrastre a la destrucción de ese país, con parte de Europa y Estados Unidos.
Si no llegamos a la sombrilla nuclear, Rusia seguirá siendo Rusia. Y tendrá como vecino una Ucrania que será puerta de Europa y el primer gran obstáculo para una aspiración militar y un socio forzado por su vecindad para el comercioy competencia.
Tal vez, hasta quede Putin en el poder, sin ser juzgado por una Corte Internacional, por crímenes de guerra, secuestro de menores, pero es inmune en el poder de sus amigos dictadores, a no ser que caiga en manos sedientas de justicia…Poco probable pero no imposible.
Este es un ejercicio teórico especulativo, puede ser o no ser.Se basa en la historia, en perspectivas, en reflexiones, en la información actual, a la antigua, como los hacía ArnoldToynbee,y otros historiadores como Harold Lamb, que especulaban con referencias.
No en modelos de algoritmos, o a IA. Pero queda claro para Ucrania, no hay manera de perder esa guerra, o muere. Rusia no arriesga tanto.
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