
Por Manuel Gutiérrez
Se fue por la puerta grande, a pesar de la intimidación y que la policía secreta de Putin estuvo grabando a los asistentes al funeral de Alexei Navalny, al que acompañaron miles de rusos en una jornada fúnebre que tuvo más de esperanza, que de final, pero ni el frío, ni una kilométrica caminata detuvieron a los rusos en su despedida pese a las amenazas ominosas para por miedo desalentar la concurrencia.
Para el Kremlin, fue un tema de silencio, a dos semanas de que Putin logre su reelección hasta el infinito según sus deseos.
Yulia Navalnaya, la viuda de Navalny, su hija Daria, y Ludmila, su madre hicieron factible que el suceso no pasara desapercibido, del último héroe cívico de la democracia inexistente en Rusia. Hubo un total de 70 detenidos al mostrar su pesar en público, lo que estuvo prohibido y fue sancionado.
“Rusia será libre” los rusos cantaron, y agregaron “Putin asesino” o “Rusia sin Putin” en tanto un canal digital de you tube, lograba audiencias de medio millón de moscovitas que siguieron el funeral. Los medios oficiales, la televisión del estado, el merolico que funge como vocero de estado ruso, no tuvo una palabra que decir. El gobierno ignoró el acto que paralizó a Moscú.
Un grupo musical tocó el tema de “A mi manera” tema que agradaba a Navalny en la voz de Frank Sinatra, así como el tema de “Terminator” una de sus películas favoritas.
Para algunos tristes rusos, Navalny hizo un sacrificio en vano. Para otros, están pensando en escribir su nombre en la papeleta electoral, cuidando de no ser descubiertos, porque sufrirán pena de cárcel, sólo por eso.
La dictadura es feroz en todas partes cuando se pierde la democracia por votar a la ligera, para conservar las dádivas clientelares o por el miedo, mecanismo preferido de los dictadores para silenciar a los opositores que no soportan la libertad de expresión, ni de asociación.
La misa ortodoxa de despedida, fue solemne, con el momento en que el sacerdote cubrió con un lienzo blanco el cuerpo expuesto –y con huellas de violencia- a Navalny, mientras los espectadores con velitas, iluminan el momento, en una crónica de Xavier Colás, en Milenio del 3 de marzo, en que detalla el acontecimiento, que no pudo quedar silenciado, como quería Putin.
LA CARTA DE OFELIA ACEVEDO, VIUDA DEL DISIDENTE CUBANO OSWALDO PAYA.
La similitud de casos, unió a Ofelia Acevedo que dirigió una carta a la esposa de Navalny, estableciendo paralelismo entre la muerte de Oswaldo Payá, en 2012, en circunstancias semejantes por el ocultamiento del cadáver de Payá, al que ultimaron en una carretera solitaria junto a su compañero Harold Cepero, lo que trataron de encubrir con un falso accidente de tránsito, asesinato ordenado por los Hermanos Castro.
Las dos viudas compartieron la misma lucha por la libertad, el caso de Cuba bajo la dictadura de Castro, y en Rusia, bajo la sombra de Putin.
Luego de explicar las semejanzas entre las dos muertes de los disidentes, Ofelia ofreció sus condolencias a la familia Navalny. “ Esta táctica de manipulación y engaño no es exclusiva de Rusia, en que se enfrentan mentiras, desinformación y secretismo, mientras se lucha por la verdad y la justicia.
La negativa de entregar el cuerpo de Oswaldo, fue expuesta también en similitud: “ Es una burla macabra a la justicia y un intento por desaparecer a aquellos que se atrevieron a desafiar a la tiranía.
“Sin embargo más allá de la brutalidad de los asesinatos, lo que verdaderamente define a Alexei y a Oswaldo, es su coraje, su compromiso con la justicia y la libertad. Son héroes no por como murieron, sino por cómo vivieron y por el legado de resistencia que nos dejan. Oswaldo y Alexei perseguían los mismos sueños de liberación para sus pueblos”.
“También son mártires. Mis palabras son un tributo a sus vidas y un llamado a la comunidad internacional para que actúe en contra de la opresión que persiste en regímenes autoritarios en todo el mundo. Regímenes como el cubano y el ruso, poseen la misma escuela de represión y colaboran estrechamente para proteger su impunidad y su poder” escribió Ofelia exiliada de Cuba.
“La historia de Oswaldo y Alexei es un recordatorio del precio de la libertad en países en que no existe el estado de derecho. Nos incumbe a todos mantener viva su memoria, continuar su lucha y exigir justicia, no sólo por ellos, sino por todos los que han sufrido y sufren a manos de regímenes opresores” la situación es muy semejante.
Navalny se fue pero logró impactar con su testimonio, y lo firmó con su vida. Rusia en tanto sigue en su invasión a Ucrania, esperando la impunidad del mundo para exterminarla.
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