
Horacio Villaseñor Manzanedo
Si no puedes comprarte tu gobierno, entiéndele para que si tienes la oportunidad de servir a la ley pública, no hagas el ridículo. La administración privada, no es, ni se parece a la pública, es más, incluso la pudre y si deseas aprender a aprender a gobernar, debes entenderle al modo en el que se piensa la administración pública. Erróneamente, se cree que porque ambas son administraciones se trata de disciplinas parecidas, nada más alejado de la realidad. Es cierto que cualquier acción ordenada requiere planificación, gestión, control y supervisión, pero si la razón de ser es notablemente distinta; una busca rentabilidad adaptándose a las dinámicas comerciales y la otra se centra en el bienestar general sujetándose a regulaciones y subsidios, de allí que esta última es mucho más compleja, entonces, ¿por qué un administrador privado podría ser útil en la función pública? Si un administrador de empresa privada no sabe derecho público, no sirve como gobernante. Me explico: Las organizaciones públicas se encargan del bienestar general, su función es el bien común. ¿Qué es eso de bien general? Son los efectos que benefician a todos, en todo momento, se trate de la gente que se trate; limpia o cochina; responsable o irresponsable; decente o sinvergüenza; civilizada o salvaje; etc., a diferencia de los servicios privados que son dirigidos al sector que convenga en términos económicos. La función pública está organizada con puestos de encargo, lugares donde se encomienda generar el bien público que se le ordena, bajo reglas claras del derecho administrativo, muy distinto a lo que sucede en la arena privada. En la pública, lo que un gobernante crea, desee o prefiera es irrelevante, no importa, solo debe saber su función, sus responsabilidades, su papel o rol, y cumplirlo, como dice la norma. Es así, porque se trata de evitar la incertidumbre que genera no saber qué hará el gobernante con el poder que se le da, temporalmente, aunque en la realidad no se logra porque la mayoría de los que llegan al poder público no saben administración gubernamental o la ambición los domina y terminan haciendo lo que pueden o les conviene. Hay servidores públicos tan tontos que creen que trabajan para la persona que los puso en su puesto, no para el gobierno o la empresa pública que les paga. ¡Qué bueno que hay sindicatos! Ayudan al equilibrio y la certidumbre en la acción gubernamental. Un día me preguntaron, “Horacio ¿gobernar, es sencillo o difícil?”. Mi respuesta fue, “las dos cosas”, si se entiende el modo en que se debe pensar la administración pública, fácil, si no, no. El gobierno es como una obra de teatro, se deben contratar actores profesionales, el artista sin importar si es conocido o no del director, estudia su papel, se caracteriza de él, lo interpreta profesionalmente y al terminar la obra le aplauden reconociendo su capacidad. Cuando el “político” no entiende esto, se empecina en hacer lo que quiere, desea, cree o beneficia, a él, a sus cuates o a sus “peleles”, concluye su obra sin aplausos o en el “basurero de la historia”, tuvo el poder, pero al no entenderle al modo administración pública, no pudo. Si desean trascender, como uno de los mejores gobernantes, comprendan el modo de pensar de un administrador público, sean imparciales, cumplan y hagan cumplir la ley, aprendan a trabajar con expertos,aunque no sean sus amigos y aléjense de la idea de ayudar a sus afectos y no hagan trampa, ser sinvergüenza no es inteligente. ¡No sean mensos!
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