
Horacio Villaseñor
Para que una o un gobernante sea exitoso, debe tener claro tres cosas y que todo inicia por aprender gobernarse a sí mismo y después al gobierno. Si el gobierno gobierna, la sociedad, en general será feliz, si no, no y el gobernante usará el pretexto de que solo no puede. Me explico: Cada tres y seis años entran y salen, de encargos públicos, mujeres y hombres a los que por un periodo se les responsabiliza operar alguno de los tres órdenes de gobierno, el municipal, el estatal también conocido como entidad federativa y el nacional o gobierno federal. La gran mayoría pasan su periodo de gobierno “sin pena ni gloria”, sin trascender, porque su trabajo chafa no se considera notorio al no poder solucionar nada. Aquellos políticos y talentosos administradores gubernamentales, que logran cosas sobresalientes, brillantes, son esos pocos que al tiempo son recordados como ejemplo para las nuevas generaciones, trascienden, porque hacen cosas que no cualquiera puede. Para mayor claridad les platico el caso de Don Arnulfo a quien se le recuerda con agrado y agradecimiento, alcalde de Guadalajara que tuvo su encargo de 1980 a 1982 y al que, el presidente municipal interino, Enrique Ibarra Pedroza, en 2018 homenajeó con una estatua de él en el cruce de dos importantes avenidas de la ciudad. ¿Por qué no todos tienen una estatua o un busto para recordarles? Porque la razón de ser de ese tipo de escultura es guiar a las personas sobre cómo actuar por el bien de todos, no cualquiera es ejemplo. Un “gobernante” ignorante, hipócrita o ambicioso jamás debe ser recordado. Por cierto, no se equivoquen, a Don Arnulfo no se le recuerda porque construyó la calzada Lázaro Cárdenas, ni porque adquirió grandes extensiones de terreno aumentando 33 % el patrimonio que recibió y construyó grandes parques públicos; el Huentitán; el Dean, y; el Ex Penal de Oblatos. También el Panteón del Sur; el edificio de la Dirección de Obras Públicas; el Archivo Municipal; el Taller Municipal; el Planetario Severo Díaz, con la mejor tecnología de la época, abandonado después por los gobiernos panistas para cerrarlo y construir un centro de espectáculos, un negocio privado. Además, Don Arnulfo, cambió y modernizó todo el alumbrado público de la ciudad, logrando que fuera la mejor iluminada de Latinoamérica, hizo que todos los servicios públicos se prestaran en inmejorables condiciones, recuerdo que se recogía la basura por la noche, construyó la primera y única, hasta ahora, planta de trasferencia de basura, el tercer piso del Mercado Libertad-San Juan de Dios, mejoró los sueldos de los servidores públicos, etc., pero ¡ojo!, no se le recuerda por todo eso que hizo sino porque en una época con crisis económica pagó las deudas que le dejaron sus antecesores, no pidió un solo peso prestado, todo lo hizo con recursos propios del municipio sin empréstito alguno, ahorrando, y por increíble que parezca, al concluir su periodo, le sobró dinero, todo, en solo tres años, no como los de ahora que ni gobernando seis años pueden hacer algo parecido. Por eso se le recuerda, por inteligente, sincero y decente, por haber sido un talentoso político e inigualable administrador público que propios y extraños reconocen. Así como los tres “reyes magos” regalaron el oro alquímico, el incienso y la mirra al “niño Dios” para, simbólicamente, mostrarle el camino, los gobernantes de ahora, si desean estar en lo más alto, deben regalarse capacidad para ser y vivir como Don Arnulfo, un hombre listo, honesto y recordado. ¡Feliz Día de Reyes!
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







