
Horacio Villaseñor
La sociedad económica no quita el dedo del renglón, por lo general su fin, su razón de ser son los negocios, lucrar, y no está mal si se saca provecho de recursos privados. Cuando hablamos de lo público, es distinto, se trata de la esfera de los bienes comunes que, en teoría, no deberían utilizarse para beneficio de los empresarios, sino de la sociedad en general, particularmente de los que menos tienen. Hace algunos años, en Guadalajara, se discutió la propuesta de crear un segundo piso en la avenida López Mateos, disque, para “solucionar” el problema que es no poder transitar por allí, en horas pico. Lo irónico del asunto es que un segundo piso no soluciona el problema sino lo agrava. Lo que sí hace, es generar plusvalía en su destino dañando con minusvalía todas las propiedades que están en su trayecto, en el corredor, en la ciudad, dañando también la posibilidad de que Guadalajara sea repoblada. Un segundo piso es una obra simplista que no beneficia el interés de los que no tienen automóvil y que no soluciona la movilidad integral. Un error muy sencillo cometer y difícil de arreglar. Que el Colegio de Ingenieros Civiles del Estado de Jalisco, abandonando su responsabilidad social, se preste a proponer un “refrito” por los beneficios económicos que la obra genera al gremio, sin pensar en los demás es mezquino. El problema no son los vehículos, el automóvil fue un gran invento, una maravilla para la movilidad personal, el problema es el gobierno inepto. Me explico: La constitución nacional es clara al responsabilizar del tránsito al gobierno municipal y del trasporte público al estatal, si ambos “servicios” lo sirven, la gente que puede adquiere vehículos para solucionar su problema de transporte. En realidad, adquirir automóviles solucionan la incapacidad de los gobernantes. Convocar a una mesa, de participación, para mejorar la movilidad en López Mateos, es demagogia, puro “choro mareador”, no se necesita, mejor que el “gobierno” voltee a verse el ombligo, el problema es su incapacidad para otorgar servicios de transporte público y tránsito efectivos, de calidad tal que la gente prefiera dejar de gastar en combustible, de arriesgarse conduciendo en una ciudad peligrosa, hecha un caos y sin gobierno que gobierne. Sigan equivocándose, la solución está en manos de los administradores gubernamentales, no en las de especialistas en movilidad, salud pública, urbanismo, medio ambiente ni en la sociedad. Ahí está la propuesta que mi tío Jorge Matute Remus hizo hace 49 años para tener un buen transporte público con una red ortogonal, es una solución para toda la metrópoli, no una “rayita”, solo debe actualizarse y dirigirse profesionalmente para que se preste un servicio mejor que el que da el auto particular y hasta debería ser gratuito. Claro, eso no cualquiera puede, menos los gobernantes actuales con “visión empresarial”. Mi padre, el Ing. Horacio Villaseñor Saavedra y varios ingenieros más de su generación presidieron muchos años el CICEJ, pero siempre lo hicieron con responsabilidad social. En aquellos tiempos los ingenieros defendían el interés general, pensaban en los demás, particularmente en las clases populares, nunca fueron ambiciosos desmedidos y mucho menos, “paleros” de los gobernantes. Que lamentable que ahora, el colegio, haya perdido valores. Ni hablar.
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