
Mtro Horacio Villaseñor Manzanedo
La crisis que hoy asfixia a Guadalajara -desde el colapso de sus colectores y el agua turbia hasta un tránsito deshumanizado- no es un accidente de la naturaleza, sino la consecuencia de haber sustituido el oficio político institucional por una gerencia mediática de corte empresarial. Al hablar de una “Ciudad sin Esqueleto”, nos referimos a la pérdida del soporte funcional y de la invarianza de escala que permite a un sistema urbano ser viable. Hoy, la metrópoli es un organismo que ha perdido su estructura interna para convertirse en un cuerpo flácido que se dobla ante la presión del mercado. El esqueleto funcional es lo que garantiza que la ciudad sirva para vivir, antes de que sirva para ser presumida.
El diagnóstico es crudo: Guadalajara se está desmoronando por dentro porque sus “gobernantes” prefieren que se vea bien por fuera. Mientras los encargados de la administración municipal de los años 80 gobernaron desde una visión sistémica que priorizaba el robustecimiento de la infraestructura crítica y la disciplina operativa bajo la premisa de que el recurso no se gastaba en frivolidades, sino en el rigor del servicio, las gestiones recientes han entronizado un modelo de city-marketing que privilegia la estética de polígonos de alta plusvalía. Bajo esta lógica del espectáculo, se dilapidan recursos públicos en festivales (incluso aquellos que presumen ser los más importantes de Latinoamérica) que solo sirven de escenografía efímera. Gastar en confeti mediático mientras el subsuelo colapsa es una distracción costosa que ignora que el esqueleto no es la masa de concreto, sino el diseño de las funciones vitales (coordinación, control e inteligencia) que deben operar en cada barrio.
Esta mutación ha institucionalizado una profunda injusticia espacial. Bajo la lente de Edward Soja, el “Segundo Espacio” de renders y narrativa digital choca violentamente con el “Tercer Espacio” habitado, donde la ciudadanía padece una geografía del descarte. Un síntoma letal de este abandono es la vivienda: en los 80, el ayuntamiento ejecutaba a través de una Dirección Municipal de Vivienda capaz de construir para las mayorías; hoy, esa capacidad ha sido cedida a la especulación mercantil, convirtiendo el derecho a la ciudad en un artículo de lujo inaccesible.
Al sustituir la planificación técnica por una administración de “puntos de impacto” y la custodia del bien común por una verticalidad depredadora, se ha fracturado la columna vertebral del sistema. El gobierno municipal ya no es el “arquitecto” de la ciudad, sino un simple espectador, cuando no cómplice, del desastre. Ninguna fachada de diseño, ni el festival más renombrado, puede sostener una estructura social en ruinas. Es urgente transitar hacia una innovadora gobernanza fractal que reconstruya las instituciones y garantice que la dignidad del territorio no dependa de un código postal.
El reto no es seguir proyectando la ciudad de los renders, sino restaurar un esqueleto funcional que devuelva la solidez al sistema. Ese esqueleto no es otra cosa que un gobierno municipal efectivo, con el rigor técnico y la integridad política para anteponer el interés general a la ambición privada. Con la actual clase política, más preocupada por el brillo de la superficie que por la estabilidad del cimiento, la ciudad ha perdido su soporte vital y su viabilidad futura. ¡Urgen cambios!
Horacio Villaseñor
Máster en Gobierno y Administración Pública Municipal y Estatal.
Es Doctorando en Geografía y Ordenación Territorial
Miembro titular de la RedIGLOM Asociación Civil que aglutina a los investigadores y profesionales más destacados en materia de gobierno, política, administración pública y miembro de la Red Temática CONACYT. Contacto: horaciovillasen@gmail.com
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