Por Manuel Gutiérrez
El prestigiado Picadillo Circus nos trae hoy un drama de la vida real: el sainete entre el poder municipal de Morena en Tlaquepaque, léase como tal a su presidenta Laura Imelda Pérez.
El maestro de ceremonias pide silencio y que apaguen las luces. Ya en las tinieblas, aparece Laura Imelda con un traje repleto de candados, cadenas y cintas de protección.
En el silencio de la función se escucha: “Aquí Nerón, llamando a Imelda. Tenemos un 26.27 que nos quiere pegar”. El sonido del radio llega fuerte y claro. Todos corren a apoyar a su alcaldesa: sus pretorianos y sus fuerzas del orden, prestas a vender cara la plaza (bueno, mejor cambiemos de frase, ¿qué tal si esta ya fue vendida y no pregunten por el comprador?). El sonido del radio sigue campeando mientras los asistentes del Picadillo Circus no dan fe. La última vez que hubo tanto suspenso y desmayos fue cuando se usaron leones que no habían desayunado contra los opositores.
Algo parecido a lo que les ocurrió a los gallos del PRI, esto en la herradura (porque es de caballos) de la democracia del INE. Carlos Gutiérrez Mancilla, junto con Emilio Suárez, exactamente hicieron lo que le encantaba hacer a Morena en el INE y en todo lugar: estar fregando y haciendo discursos incómodos, porque Andy pues, Andy perdió la visa por sospecha de actividad delictuosa, según los Estados Unidos. Y luego el par de oradores enviados por Alito a defender la causa del derecho de la oposición de llamarle “narco-partido” al partido narco —nótese que cambié la frase en respeto a lo emanado por los cuerpos jurídicos—, pero Guadalupe Taddei, que para eso está en la herradura, montó en cólera, su caballo favorito, y entre espadas, tréboles, diamantes y mentadas silenciosas, jugaron sus cartas.
Intentaron callar a los incómodos legisladores que, amparados en su fuero —como lo hacían hasta antes del poder los de Morena—, estaban saliéndose del orden del día. La solución fue tan represiva como lo dice el reglamento: los expulsarían de la sala de la herradura (por cierto, como anda su caballo, ese herradero debe ser uno de los más prestigiosos, sale bastante caro y, todavía manipulado por el poder, quiere 47 mil millones —no 37 mil, porque la inflación es del 8 por ciento real— que no les van a dar para hacer las elecciones).
Los gabinetes de votos, células de privacidad, la tinta, las plumas Bic, la papelería, el papel pasante (si no son formas integradas con pasante), el estandarte con el número de casilla: todo, todo cuesta, más la torta y los 500 pesos (que ya deberán ser mil) a los heroicos ciudadanos que vayan a hacer el show en la casilla con este INE descafeinado en materia del narco-partido y tan cargado como se supone tiene que agradar a su patrón…
Total que se había acabado el turno de gastar saliva. Lo único que se ganó fue perder 4 horas de democracia inefable, tipo INE Taddei, pero muy, muy bien pagadas por el erario a los consejeros y a la suprema consejera que nos obsequió AMLO. Dado que a la familia Taddei no le bastó que le regalaran Litiomex —que no ha sacado ni la mugre de las uñas—, debe estar haciendo un día una zanja de la que nacerá el árbol de los microchips, para que se mueran de envidia Intel y otros más, y la tapan al día siguiente, siguiendo el modelo de Uraniomex, de JLP. Nada nuevo bajo el sol.
Pero todos deben estarse preguntando qué pasó con el sainete del SIAPA en Tlaquepaque.
Cual si fuera una musa de la Revolución francesa (pero espero que no igual), Imelda se sacó… se sacó… se sacó… una manera de comunicarse, luego de calarse el gorro frigio de guinda con un rosetón de los colores de Francia (abajo decía: “Yo amo a las Chivas”).
Volvemos entonces al acto de la noche y del día.
La alcaldesa pide un megáfono y con la retórica encendida comienza su discurso: “Porque Andy pues… él es el delfín, el ungido, es la Patria, es la soberanía… No, esa ya fue el sábado. No, no, porque el agua puerca ya se la pagamos, les decimos que nel, aquí no nos sella nadie, a solo que pasen por encima de la barricada en que asoman cañones del siglo XVIII y bayonetas de las de la Grand Armeé”.
La alcaldesa luce un vestido blanco, como en la pintura de Delacroix, pero hay una versión con un seno al aire y otro muy decente de la Revolución de 1830, que fue un fracaso porque era el Brumario de Bonaparte. Pero es algo tan kitsch, tan político y lírico: el alma alfarera encabezando la revolución contra el monárquico SIAPA, seguramente enviado por Luis XIV (si pongo Lemus, a lo mejor se esponja).
Bien, los inspectores del SIAPA entran lanzando cubetas de agua, porque en el circo realista, en el circo de los trabajadores, todo tiene que ser como es: arte socialista.
La empapada es gratis. Si te empapan en Universal con un avión que acuatiza o un Metro que se inunda (no era el de la CDMX, que no llegó a la inundación porque se quedó a medio camino y tuvieron que evacuarlos), allá no llegas a la hora ni de la inundación…
Pero los tiempos son modernos y, aunque Imelda puso ya guillotinas por si las moscas, sobre todo en materia de contribuciones, ahora todo es digital y del siglo XXI.
En la nueva pintura de La Libertad de Tlaquepaque que debe encargar sin dilación alguna —porque ¿qué tiene Abelina, la de Acapulco, que no tenga y mejor nuestra querida Imelda?, además ganarle a Abelina, de Morena, que desapareció casi 900 millones de chuchos, no creo…— el momento es hasta para imprimir, no el pasquín de Regeneración, con 3 millones de ejemplares que terminan envolviendo fruta o en el baño de los que no quieren cuidar su atractivo (ya existe el Pétalo con perfume), una edición especial del Tlaquepaque News. Ponga a desquitar a sus múltiples influencers, bájelos del cielo y que desquiten; claro que no todos somos tan poéticos.
“Imelda luchando contra el SIAPA”, con sus revolucionarios denodados.
Por el SIAPA, los inspectores llevan aparatos raros para comunicarse hasta Saturno, hablan en jerga técnica incomprensible, usan cascos plateados que los hacen ver como extraterrestres… y su avance es inexorable. Son del mundo Borg.
La Tesorería, el Centro Cultural El Refugio con todo y sus fantasmas, el archivo: todo ha caído al paso de la máquina del SIAPA, que viene a poner los sellitos con plomo que limitan el abasto del vital negro líquido apestoso, pero sin el cual no podemos vivir.
Imelda, sin embargo, pide a su secretario F. que le traiga su carpeta de piel. El ujier con ricitos de oro se traslada a la oficina de la súper-jefa y llega con el recibo del agua: pagó 7.6 millones de pesos, aunque las cuentas del SIAPA son otras…
La decisión sigue mientras muchos espectadores se desmayan en las tribunas. Gritos de horror llegan como si fuera la Revolución francesa, de sangre, muertos y caos total, una casa de la muerte. Bueno, bajémosle unas 3 rayitas… no fue para tanto.
Por fin los siapos (no sapos) rompen el cerco de La Libertad encarnada y llegan a la toma de acceso del vital líquido. Parece que la batalla ha terminado… que el SIAPA gana 4-0 y sin penales, sin expulsados, sin tarjetas, sin tiempos extras, pero el partido no se acaba.
Los inspectores son como hermanos de los agentes de tránsito, como la divina que me infraccionó por estacionarme tapando mi propia cochera, pero fui el único al que aplicaron el castigo.
Algo me sabrá Monraz, pero yo no fui. Pero me encantó la infracción, habla de que es Kia Jeep, tipo SUV, eso dice en tipo. Celina Águila González, felicítenla, cumplió con su cuota del deber en pleno domingo a las 14:21 de una tarde soleada.
Ah, qué unidad VCE 005. Un saludo afectuoso y, con todo gusto, cuando tenga dinero —que está muy escaso, porque ya leyeron a Laura Gutiérrez los pronósticos de la economía del CEESP—, me iré a purificar a la Tesorería; nada que reclamar ni chiche que pedir. El pueblo llano sabe marchar.
Pido a Imelda, ya entrada en calorías, que pida que Transporte haga trabajos por la seguridad de todos, no por el bolsillo de los jefazos. Porque Diego Monraz no oye nada más que el tin-tin del dinero; le ha negado un simple tope a un crucero ciudadano en Díaz Covarrubias y Clemente Aguirre, sitio de fabulosos choques, tipo demolition derby, que ya me tienen espantado de tan frecuentes.
Total que la victoria está a punto de lograrse por el SIAPA, pero la astuta Imelda es la Lady Candados. Le puso una aldaba de esas virreinales —de las que odia Claudia Primera— que ocupan llave de 30 centímetros; pero lo mejor: encapsuló el medidor, el ingreso del agua a su presidencia, le puso un nicho infranqueable, como solo lo tiene Rocha Moya, el de Sinaloa… y se la peló el SIAPA, que ocupa demoler para sellar. La fábula de los tres cerditos y el lobo, que soplaba y soplaba y las casitas derrumbaba, sí se le pegó a la alcaldesa en la primaria.
Pero la batalla apenas empieza. Vendrán cotejos de recibos, alegatos, recursos; de todos modos, lo clausurado y multado, multado está. En este país no hay nada mejor ante los hechos consumados que acatar la ley, pero cómo se divierten los funcionarios públicos. Algún día habrá justicia, como dijeron cuando la Revolución francesa…
Mejor me saldré Por la Tangente, como es costumbre el viernes a las 19 horas por Espacio TV, la señal “Para todo, todo México” y para la Francia y todo, todo el mundo. (Se me pegó la frase del Rey Sol, se ve tan bonita en la entrada de Versalles).
Mientras, fue un episodio más en la vida de Tlaquepaque, que sigue haciendo jarritos y siendo bonito a pesar de los gobiernos que le llegan. En este número no es para enumerar los aciertos de la alcaldesa, solo para ponerla en el contexto de la historia.
La toma del Palacio (no es la Bastilla) pero algo generó de gracia para Tlaquepaque.
Y que siga el combate. De veras, encargue una pintura o, mejor aún, un gobelino del momento en que usted, Imelda, defendió el agua con su astucia.
El SIAPA, simplemente siendo SIAPA, como todos los ciudadanos ya lo conocemos. Aplausos, la función ha terminado, pero parece que nuevos episodios se asoman en lontananza.
Mientras, a lo lejos, cae la tarde sobre San Pedro, un sitio que celebra la Independencia una semana después del Grito, aunque obviamente Hidalgo llegó antes por ahí… y si se pone como en el cuadro de Delacroix sería genial, me manda una postal.
Imelda luce moños guindas, fieles a la causa. Es acompañada por el plebe, no precisamente de Tlaquepaque, sino de un montón de vividores que medran bajo su enagua.
Vaya berrinche y suspicacia los que se cargan en San Pedro Tlaquepaque, donde la alcaldesa Laura Imelda Pérez Segura ya no halla a qué santo encomendarse para que no le corten el agua al palacio municipal ni a las oficinas públicas. La edil guinda jura y perjura que el SIAPA trae una consigna directa, un “marcaje personal” y un ensañamiento político en su contra, bajo el argumento de que el organismo operador nada más tiene ojos para cobrarle a ella sus cuentas pendientes. La pregunta que flota en el ambiente —y que doña Laura lanza al aire con visible coraje— es por qué la vara no mide a todos por igual en la mesa metropolitana.
Y es que la Presidenta Municipal alega que mientras a ella le aplican el torniquete, en la acera de enfrente el SIAPA le da trato de rey a sus vecinos. “Ah, pero a Guadalajara y a Zapopan ni los tocan”, murmuran en los pasillos de Tlaquepaque, recordando que la Perla Tapatía trae un adeudo conciliado de 135 millones de pesos y la exVilla Maicera otro de 102 millones de pesos por el líquido de sus dependencias, mercados y parques. Pero claro, como allá gobiernan los del mismo color institucional, a ellos sí les perdonan las tardanzas, les aceptan negociaciones abonando con obras y les dejan la llave abierta. ¡Qué chula es la equidad metropolitana cuando el recibo del agua se mide con el termómetro de la política!
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