Por Manuel Gutiérrez
El coyote contra Acme es una cinta extraña, inteligente y de buen ritmo narrativo, con buenos efectos y una historia profunda, pero que no se convierte en panfleto político, en denuncia de Ralph Nader o en un intento de atacar el capitalismo, motor del progreso, riqueza y modernidad, aun en países socialistas que lo han tolerado y fomentado.
En realidad, Warner demostró por qué la venden: se les acabó la confianza en sus personajes geniales, en su propia creatividad. Warner la enlató, y para ellos la cinta El coyote contra Acme era algo incómodo, políticamente incorrecto, algo que no iba a resultar un éxito comercial; y, sin embargo, está gustando en México, no sé si en otros mercados del primer mundo la comprendan igual.
Porque nosotros la vimos bajo un ACME político, que nos vende toda la chatarra que necesitamos, que nos usa como caricaturas en que puede probar sus nuevos inventos sociales, en que el corporativo ACME es, desde mi opinión particular, la 4T. ACME tiene abogados competentes y un caudillo todopoderoso, el Gallo Claudio. Y los jueces que sancionan las aventuras de los toons están igualmente plegados al poder en turno… o puedes verla como la empresa que hace engrapadoras que sí funcionan en el mundo real, y que quién sabe por qué le pusieron ACME.
La película fue comprada por 50 millones de dólares por Ketchup para su distribución, y realmente le van a salir ganando. La casa del tanque de agua de los Warner Brothers, de los Animaniacs, de los Tiny Toons, no confió en su cinta. Es una cinta mixta de humanos, con John Cena de apantallante abogado corporativo, inclinado ante el poder del Gallo Claudio, más sangrón que nunca, pero perfecto.
Hay tres discursos memorables: uno es del Gallo Claudio, otro del abogado fracasado del Coyote, y el tercero, en silencio, entre beep beeps y expresiones del Coyote, que nunca renuncia a su objetivo central, que todos, todos sabemos cuál es. Un estofado o un filete de correcaminos al mojo de ajo… eso exactamente.
El experto en caídas en el más profundo cañón del Colorado, que repite incesante como sello de la casa, que todos esperamos y que parte de un producto fallido. La cuestión es que la tecnología nos da lo que pedimos, pero no leemos las instrucciones, nos descuidamos en el uso o abusamos de nuestra suerte. A Wile E. Coyote le sucede que la montaña se hunde antes que el pedazo que serruchó, y un Piolín actuando en plan siniestro, como siempre lo sospechamos, porque es un torturador de gatos, aunque Silvestre sale poquito.
Bugs tiene su partitura haciéndose el engabanado, pero no puede faltar. Y así sucesivamente, llega el Coyote al clímax estático de su sentido de la vida: tiene por fin lo que anhela, pero ¿será capaz de romper con el contacto toon que se establece de hermandad con el Coyote? Ese momento es de antología, como el diálogo de ambos, corto, con carteles, fieles a la casa del tanque de agua, que dudó de sí misma.
El enlatamiento NO le hizo mal a la película, la verdad no. Está muy lograda en la estética de los setenta, perfectamente recreada, pero el abogado Will Forte como Avery y la dama intelectual, Lana Condor, muestran novatez en sus estelares; se ve más pleno de dominio Cena, que despacha como una llave de lucha su entrega y lo hace a nivel superlativo, pero finalmente está bien, dentro del perfil que les dio el director: se trata de Dave Green, que muestra oficio. Salvo en una o dos sequencias, se observa falta de coordinación entre la actuación imaginando la presencia del Coyote, que se agregó posteriormente a la cinta.
Luis Guzmán, como el juez, un papel simple y cómodo en la obra que comenzó como un artículo de la sofisticada y recomendable revista The New Yorker en 1990 por Ian Frazier, pero la historia la armaron sobre el escritorio Samy Burch, con James Gunn —que tuvo tropiezos con Supergirl y crónicas adversas— y Jeremy Slater.
Gunn forma parte del universo de la fantasía con Guardianes de la Galaxia y El Escuadrón Suicida; él es culpable del tono del Coyote víctima del corporativo enorme y malvado, según su alegoría de ver sus grandes marcas como adversarias del hombre común.
Sin embargo, quizá por los otros escritores, no perdió el piso. Se mantuvo dentro de la crítica razonable y quizá eso la hace exitosa, pero la situación mundial, la presencia de Trump, de los poderes corporativos concentrados, la hizo tan entendible en México, que vive la presencia de monopolios, en su mayor parte del mismo Estado… Lo enlatado le hizo bien, pero hace pensar cuántas ideas geniales serán tiradas al drenaje porque los obnubilados cerebros de Warner han perdido el toque genial.
Sus toons son geniales, son modernos y son parte de la generación final del siglo XX, que por eso los busca en el cine. Argumentos terrenales, simples, y mensaje de encuentro personal, de perseverar contra todas las adversidades, como lo hace el admirable Coyote, que lucha contra el mundo para lograr sus fines, nos recuerdan una realidad en que debemos continuar siempre con alta resistencia a la frustración.
Sí, una película muy grata; no será del Óscar, pero será parte de la imaginería, porque el Coyote no tuvo la estelaridad más allá de sus propias caricaturas, pero es entrañable, y la nostalgia deja dinero, en tanto la industria del cine apuesta a puros aniversarios, de Cars, de Harry Potter, lo que hace sentir que los grandes tiempos del cine fueron los sesenta y setenta, y una que otra que se escapa de vez en cuando; esa del Coyote es de las que vale la pena hacer que ocupes la butaca…
Y así, el crítico de cine de El Jalisciense regresa como el Coyote, 30 años después… ¿Qué hay de nuevo, viejo? Pues veo poco nuevo, mucha redundancia, mucho gore, sangre, más bien idioteces. Se les está secando el cerebro en el caso de Warner, y la inclusión de ideología de género y otros temas basura, sobre todo en segmentos para todo público, principalmente niños, los ha llevado al despeñadero; están enfermos de nada, pero enfermos terminales sic David Medrano, pero agrego: de estupidez. Mira que estar sentados en un filón y terminar tirándolo… habla de que la crisis de ideas está a todo lo que da.
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