La opinión del Mtro Horacio Villaseñor
Como feminista, celebro cada espacio que las mujeres han conquistado en la vida pública. Pero el poder también exige soluciones, y ahí es donde la primera alcaldesa de Guadalajara todavía se ha quedado corta: el segundo informe de Verónica Delgadillo confirma propaganda digital y autoelogio en lugar de una métrica objetiva que permita medir avances o rezagos. El ayuntamiento recauda como nunca en su historia, la verticalización inmobiliaria multiplicó el padrón catastral, pero ese ingreso récord no se ha traducido en bienestar: la ciudad opera con un déficit alarmante. La retórica oficial no ha sido tímida: el gobierno presume más de dos mil millones de pesos invertidos en espacios públicos, la renovación de 820 calles y la iluminación de más de cien parques, todo bajo el lema “La Ciudad que te Cuida”. Son cifras vistosas en un video institucional, pero ninguna responde la pregunta de fondo: ¿la ciudad funciona mejor para quien la habita todos los días? Remozar la Minerva de cara al Mundial embellece la postal; no repara la red de agua que colapsa quince cuadras más allá del reflector.Para que la comparación histórica sea honesta, hay que medir con la misma vara. Entre 1980 y 1982, Arnulfo Villaseñor Saavedra pagó en su primer año la deuda heredada y, sin contratar un solo peso de crédito, construyó la avenida Lázaro Cárdenas, la mayor obra pública municipal de su época, y adquirió más de cien hectáreas para reserva pública y verde. Guadalajara fue presumida como la ciudad mejor iluminada de Latinoamérica. Edificó el Planetario Severo Díaz Galindo(el mismo que un alcalde posterior dejó extinguir para malbaratar el terreno a una empresa española), compró los terrenos donde después se construyó el zoológico,sumó al patrimonio el Parque del Dean, el Parque de la Ex Penal de Oblatos y el Parque Huentitán. Construyó el tercer piso del Mercado San Juan de Dios, el Archivo Municipal, el edificio de Obras Públicas, el Panteón del Sur y renovó todo: vehículos operativos, equipos y herramientas de conservación y mantenimiento, infraestructura, edificios e instalaciones, y las áreas verdes y deportivas existentes. Su gestión superó en obra al propio gobierno del estado sin endeudar jamás al municipio: ese es el reto que toda administración debería asumir, la obra pública debe financiarse con ingresos propios y disciplina, no con deuda. Guadalajara aún le rinde homenaje con una estatua a la que le robaron la placa hace más de cinco años y que la actual administración, con el presupuesto más alto de la historia, ni siquiera ha reemplazado. Frente a ese estándar, la gestión actual navega entre opacidad y esquemas obsoletos: se paga más y se recibe menos. El modelo de gestión pública conocido está agotado: no alcanza con parchar la administración ortodoxa, se necesitan cambios de tal envergadura que equivalen a diseñar un nuevo modelo administrativo, acorde al siglo XXI, con una condición innegociable: más obra y menos deuda. Esa es la condición real para pedir una segunda oportunidad, toda vez que Delgadillo ya adelantó que buscará la reelección. La historia ya demostró que la eficiencia se mide en obra, y no puede haber obra sostenible sin eficiencia administrativa: gastar en propaganda no ayuda, Don Arnulfo demostró el camino. Guadalajara no está bien; reelegir a la alcaldesa puede ser el mal menor, porque en otros partidos políticos no se ve a nadie que pueda, y si Delgadillo deja el papel de vocera, aprende de ese legado y soluciona sin deuda, puede trascender también como la primera gobernante capaz. ¡Ojalá!
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