Ante la caída en las encuestas de Enrique Alfaro como gobernador de Jalisco, la de sus alcaldes metropolitanos, y por ende el creciente temor de su grupo político por la derrota que tendrían en las elecciones intermedias del 2021, la estrategia seguida por el alfarismo fue torpedear al único opositor que tienen en la entidad: al Doctor Carlos Lomelí Bolaños. Celso Mariño, en su artículo de Milenio hoy, le entendió y lo ubica como un candidato para los próximos procesos.
Diré tres verdades sobre el caso del doctor. 1) Para quienes le entienden, su separación –por las causas que fueren- lo deja en una posición estratégica para el 2021. Hasta ayer no podía actuar o moverse abiertamente por ser funcionario público, ahora se dedicará a hacer política, será una oposición seria y contundente para denunciar y para exhibir los casos de corrupción pero además seguirá recorriendo el estado a placer para mantener el contacto con la gente.
2) Otro dato que se comprobará es que no existió legalmente un conflicto de interés, aunque la Secretaria de la Función Pública se haya querido adornar con la renuncia. Carlos Lomelí no asigna contratos. Podrá participar en concursos -que no lo ha hecho-, pero no asigna, ni gestiona. Punto.
3) Y otro dato más, que los medios no supieron o no dijeron, es que el Doctor Lomelí no renunció ayer, tampoco lo renunciaron. Fuentes cercanas al súper candidato revelan que el jueves estuvo en la CDMX, acompañado de Juan Soltero Meza y fue acordada su salida.
Finalmente les dejo parte de la columna de Celso Mariño en Milenio Jalisco, junto con el link porque es la que mejor describe el fondo de todo; vale la pena leerla: “Si alguien cree que la salida de Carlos Lomelí Bolaños de la delegación de programas sociales del gobierno central en Jalisco será el fin de la pugna con empresarios locales y autoridades estatales, podría equivocarse (sic). En primera instancia, la “renuncia” de Lomelí Bolaños pareciera un triunfo contundente de quienes estaban en desacuerdo con sus maneras, pues seguía con un velado e intenso proselitismo en actos públicos financiados con el erario luego de que el año pasado perdió la contienda por la gubernatura ante Enrique Alfaro Ramírez. Lomelí -viejo aliado de Alfaro- buscaba demostrar poder (sic) al encabezar mesas de trabajo con delegados federales, mandos militares, o actos multitudinarios en los que se entregaban becas, o anunciando millonarias inversiones en Jalisco antes de que lo presumieran instancias estatales. Aunque moderó su discurso que al principio de su gestión era de abierta confrontación política, Lomelí aún conservaba su actitud retadora y desafiante ante el gobierno de Jalisco. Si bien no tendrá -por el momento- poder político de manera formal (sic), conserva aún dos poderes muy importantes. Primero, el económico (sic), pues sus empresas farmacéuticas le permiten tener un alto nivel de independencia y de operación en un campo no regulado electoralmente: el sector privado. El segundo poder que conserva Lomelí es su cercanía (sic) con Andrés Manuel López Obrador quien históricamente ha dado sobrados testimonios de que no es rencoroso sino lo que le sigue, y que no deja en el abandono a sus aliados y menos si han sido mecenas”
Repito, el Doctor saldrá bien librado, vale la pena leer la columna de Mariño:
https://www.milenio.com/opinion/celso-marino/francotirador/el-poder-de-lomeli
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