
Horacio Villaseñor Manzanedo
Si los alcaldes creen que toman decisiones, bien informados, entonces, no saben que en mejor de los casos sus decisiones son heurísticas, además, no saben que gobernar es cosa seria y una actividad compleja, plural y conflictiva. Guadalajara tuvo un Ayuntamiento, que destacó más que el Gobierno Estatal en turno, sí, un gobierno municipal que no fue un mantenido de los otros gobiernos, sino ejemplo de eficiencia. Entonces, el gobernador le dijo al alcalde, “Don Arnulfo, usted esta haciendo más obra que el Gobierno del Estado, sería bueno que nos dejara hacer, aunque sea uno de los puentes del viaducto Calzada Lázaro Cárdenas”. El alcalde, respondió, “con mucho gusto, señor gobernador, hagan ustedes el que va en el cruce con la Av. Colón y le propongo que nos venda el predio donde está la vieja Penal de Oblatos, hoy La ExPenal, donde nos gustaría hacer un gran parque y unidad deportiva municipal para beneficial la zona, aprovechando que se está construyendo una Nueva Penal, y, ustedes, con ese dinero pagan la construcción del puente que hará el Gobierno del Estado”. La anécdota, llama la atención, porque la normalidad son ayuntamientos, integrados con directivos públicos que no solo son limitados racionalmente, sino que además son tan tontos que siempre están dependiendo de las participaciones económicas de los gobiernos estatal y federal. Recordemos que los tres órdenes de gobierno municipal, estatal y federal son eso, órdenes de gobierno, no niveles, en teoría con capacidades y condiciones para tener libertad pecuniaria, con hacienda propia, sin embargo cuando el Ayuntamiento no está integrado por inteligencias naturales, el corporativo también carece de inteligencia institucional artificial, de la nada solo puede surgir nada, obviamente los ingresos propios no les alcanzan para hacer lo que por ley están obligados a hacer y terminan de mantenidos y sin independencia del gobernador local o del presidente nacional. ¿Cómo le hizo, entonces, ese Ayuntamiento que construía más obra que el Gobierno del Estado? Simple, su racionalidad limitada, esa explicada brillantemente por Herbert A. Simon, Premio Nobel de Economía, científico estadounidense conocido por sus aportaciones a un amplio abanico de campos, como la psicología, las matemáticas, la epistemología, la e economía y la inteligencia artificial entre otras, no era tan limitada como en la mayoría de los casos, decidieron buscar e invitar a los mejores tapatíos para conformar el equipo directivo, aunque no fueran priistas, ni hubieran ayudado en la campaña política de Don Arnulfo, la premisa fue buscar a los mejores. Cuando hay ciencia, técnica, capacidad, honradez y experiencia, cuando se es civilizado y culto, tres años son suficientes para que un Ayuntamiento logre lo que nunca otro en la historia reciente ha podido hacer. En una época donde no hubo excedentes petroleros, ese Ayuntamiento pagó las deudas heredadas, disminuyó el gasto corriente y operativo, aumentó la recaudación directa, dio mantenimiento y conservó en inmejorables condiciones toda la infraestructura existente entonces (calles, avenidas, calzadas, unidades deportivas, parques y jardines, rastro, panteones, edificios públicos, etc.), dio servicios públicos de calidad y adquirió casas históricas y miles de metros cuadrados de terrenos para reserva institucional, construyó el Parque Huentitán, el Parque del Dean, el edificio de Obras Públicas, la Planta de Transferencia de Basuras, el tercer piso del Mercado Libertad, el Archivo Municipal, el Planetario Severo Díaz y el viaducto Calzada Lázaro Cárdenas, entre otras muchas obras más, todo sin pedir un solo peso prestado, mejorando además, las condiciones laborales de los servidores públicos. Ese Ayuntamiento recuperó la confianza de la sociedad, hizo lo que nunca se había hecho antes en tres años y le sobró dinero, mismo que dejó en las arcas municipales para terminar lo que quedó inconcluso, los siguientes periodos inmediatos de la administración municipal recibieron la “casa arreglada” y eso les ayudó mucho. La clave, sencilla, equilibrar el gasto con el ingreso directo y lograr que las participaciones estatales y federales se vieran solo como recursos extras. Se dice fácil, pero sin inteligencia es imposible. ¡Enhorabuena!
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