
Por Manuel Gutiérrez
Una brillante pensadora, historiadora y escritora reconocida internacionalmente ofrece un análisis de que Rusia se alista para renunciar a la guerra. Anne Applebaum, investigadora del Instituto Agora de la Universidad Johns Hopkins y de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados, ofrece una serie de conclusiones que sin duda influirán en el curso de los eventos geopolíticos.
Su observación del conflicto es que la invasión de Ucrania ha dejado de ser una línea de combate para convertirse en una zona letal vigilada desde el aire, cuidada sin descanso por los modernos drones, creando una desconcertante modalidad de guerra moderna, en un cambio tan inesperado que golpea la retaguardia rusa, a la vez que altera la lectura de los eventos recientes, propiciando que pueda darse un retorno a la paz.
Anne presentó en The Atlantic su esfuerzo: Ucrania logró una adaptación tecnológica que cambió la suerte del conflicto, y la creación de esa zona de muerte controlada ya no por el hombre sino por máquinas limita, pese a la superioridad material, la iniciativa de los rusos que ya no tienen avances desde abril de este año; es decir, la llegada de la primavera boreal no ha representado una ofensiva exitosa anual, como era su costumbre. Han perdido más territorio del que ganaron en 4 años de guerra, en que han tenido avances y retrocesos, pero ahora el escenario es muy complicado.
Anne considera la cifra de 30 mil muertos mensuales de soldados rusos, lo que está causando, por primera vez desde iniciada la operación especial estimada en dos semanas, que Rusia esté pasando más apuros para reclutar los reemplazos por la velocidad en que está perdiendo efectivos.
De forma increíble, sin el paraguas de los Estados Unidos, Ucrania se convirtió en un rival más letal, según señala la historiadora, dado que la infraestructura petrolera y de gas quedó más expuesta en este momento de la guerra. La merma sufrida en sus defensas aéreas y los daños sufridos en su fuerza aérea causaron problemas para defender sus instalaciones estratégicas, lo que era impensable al inicio del conflicto en 2022.
La capacidad de refinación de Rusia se ha perdido en un 20% como resultado de esos frecuentes ataques; incluso Ucrania sostiene que penetrar el territorio ruso en sus ataques de misiles y drones ha resultado de sorprendente facilidad: no es la superpotencia invulnerable de la que alardeaba Putin durante los dos primeros años de la guerra. Los ataques en San Petersburgo resultaron imposibles de ocultar por los invitados al Foro Económico alternativo al de Davos, Suiza, bajo la hegemonía de Rusia; los daños y las presiones de los ataques fueron perceptibles por todos.
Rusia añade nuevas dificultades en la guerra. El derroche por militares ideológicamente seguros pero poco actualizados, la aplicación de tácticas de la Segunda Guerra Mundial y el dañino concepto de la superioridad de las fuerzas armadas rusas los intoxicó demasiado: sus estrategias fueron tan predecibles, tan repetitivas, que no han evolucionado más que parcialmente en algunos conceptos. Todavía predominan los teóricos del asalto a las posiciones enemigas, con la idea de que será un golpe irresistible.
La logística mueve a las fuerzas armadas. Los soldados comen, necesitan condiciones aceptables de estancia en el frente, higiene, salud, y un flujo interminable de municiones y de renovación de lotes de armas. Hoy Ucrania tiene en jaque a Crimea; si adicionalmente presiona las zonas invadidas, tanto el este como el sur del frente enfrentan la falta de vehículos, que fueron derrochados desde el inicio en formas absurdas, como convoyes larguísimos que eran galerías de tiro al blanco por las carreteras.
Lo que han enfrentado los rusos son grupos de soldados que tienen sistemas de drones, navegación con inteligencia artificial, redes satelitales que saben usar, robots que han probado exitosamente en combate y misiles propios que, aunque básicos, satisfacen las necesidades de la guerra, al quedar ausente el apoyo de los proyectiles estadounidenses.
Applebaum llama a esta situación “conciencia situacional de red”; es decir, es una arquitectura operativa, más que meras armas aisladas, una percepción de la guerra diferente.
Applebaum ejemplifica cómo en una camioneta camuflada operaba una base móvil de intercepción de drones; en el interior, con dos computadoras portátiles con pantallas adicionales, los ucranianos distinguen a las aves de los aparatos rusos que, una vez identificados, son perseguidos por interceptores diversos en varias etapas hasta eliminarlos.
Todo es aparentemente sencillo, pero es un salto cuántico respecto a lo que tienen de su lado los rusos, afectados también por el gigantismo de grandes misiles que no tienen aplicación en Ucrania, de masas de tanques que son grandes blancos y de un tipo de guerra que no esperaban tan tecnológica. (En eso, Irán también ha resultado innovador y, por algo, es el principal proveedor de drones de Rusia).
Pero hace 4 años no existía. Los radares, los sensores acústicos, muchas herramientas, todas fueron producidas por la industria ucraniana, que tuvo la ventaja de ser más adelantada digitalmente que sus similares de Rusia. Fue una sociedad que dejó profesiones como la arquitectura, el derecho o las finanzas para volcarse en soluciones tecnológicas de las cuales dependería que vivieran al día siguiente.
Eso generó una franja de 40 millas en la que un camión, tanque o tropas rusas pueden ser identificados sin importar el clima o la hora, y ser atacados con precisión y facilidad.
La guerra aérea se mantiene porque Rusia lanza cada noche hasta 600 drones, los cuales son en su mayoría interceptados, pero los misiles balísticos son otra cosa. Se han improvisado soluciones, desde usar la fuerza aérea para interceptarlos hasta intentar desviarlos con interferencias electrónicas, pero Ucrania se quedó sin medios para enfrentarlos.
Las baterías Patriot no tienen repuestos. Zelensky explicó que en 3 días, en la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, se utilizaron más baterías y misiles Patriot que en todo lo que va de la guerra en Ucrania.
El desgaste también afectó las defensas de Rusia. Actualmente las refinerías se cuentan por el número de ataques repetidos que han sufrido, más de una vez. Los resultados de los ataques han sido verificables y los drones de Ucrania han mejorado su alcance, incluso superior a 100 millas, lo que les permite llegar a centros logísticos y cadenas de suministros.
Applebaum explica: “Durante 4 años, el Kremlin ha repetido constantemente que la guerra va bien, que Ucrania no es un país real y que la victoria es segura”, pero el temor real hace que el relato oficial choque con episodios como el desfile de mayo en Moscú, que fue recortado por la amenaza de drones ucranianos. Explica Applebaum: “Los rusos no pueden entender esa fractura, de por qué tienen que seguir luchando, por qué ahora los golpean, porque les dijeron que iban a ganar y que Ucrania es nada. Esto causa una tensión interna porque la experiencia de la guerra ya es visible para los rusos en el frente y en las ciudades, y eso ya no encaja con la versión oficial”.
El jefe de inteligencia de Ucrania, Budanov, exhibió una serie de diapositivas filtradas de la oficina de Sergei Kiriyenko, exprimer ministro ruso y funcionario de alto nivel de la administración de Putin, consistente en un plan para vender internamente a los rusos el resultado de la guerra.
“Primero, declarar la victoria presentando al ejército ruso como el más preparado para el combate en el mundo y sin rival en el planeta. Explotar las pequeñas ganancias territoriales y sostener que no solo Ucrania fue devastada, sino que toda Europa sufrió un golpe económico del que no se recuperará (quedando por debajo de la economía de Rusia)”.
Aquí Applebaum enfoca el riesgo del momento: “La negativa de Putin a negociar la paz con Zelensky no elimina otros escenarios. Rusia puede intensificar los bombardeos sobre las ciudades ucranianas, destruir la red eléctrica y recurrir a una movilización masiva (una leva) e incluso AMPLIAR EL CONFLICTO CON UN ATAQUE CONTRA UN PAÍS DE LA OTAN PARA PONER A PRUEBA la disposición de los aliados y de los Estados Unidos a defenderse”.
Si bien los drones y misiles rusos no tienen significativas ventajas, sus drones y misiles sí son capaces de tener ventajas sobre los sistemas de defensa de otros países que no sean Ucrania, actualmente. (La explicación de las violaciones fronterizas y amenazas frecuentes contra países fronterizos de la OTAN, del mar Báltico o nórdicos son probabilidades de que puedan ser parte de esa maniobra si llega a ejecutarse).
Applebaum considera que la consecuencia sería una franja real de división entre Rusia y Ucrania, muy difícil de cruzar. “Ese resultado no equivale a una victoria de Ucrania, pero a la vez es una victoria porque supone una gran derrota para Putin, porque no pudo borrar del mapa a Ucrania” y, finalmente, será una guerra de propagandas en la que el Kremlin se proclamará como el gran vencedor, pero ante el mundo y Europa fue derrotado y detenido por un país más pequeño.
Reflejo de esa pérdida de hegemonía, por ejemplo, está el triunfo en Armenia de un candidato que propuso en su programa el acercamiento a Europa y, al ser elegido por mayoría, el Kremlin reaccionó señalando que hubo trampa electoral, pese a que Nikol Pashinián logró el 50% de los votos, reservándose su felicitación hasta tener el resultado definitivo de los sufragios. El partido de Nikol se llama “Contrato Civil”.
En una reacción sin precedentes, Rusia lamentó que en Armenia exista una “represión” contra la Iglesia Apostólica de Armenia, cuyos ministros abogaban por el acercamiento con Moscú, atraídos por la cruzada moral que ha emprendido Putin contra la decadencia moral de Occidente, así como a los partidos vinculados con la política de proximidad con Rusia, que ahora pretende activar los organismos denominados Unión Económica Euroasiática y, en lo militar, una copia de la OTAN de simpatizantes de Rusia denominada Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC); pero Armenia va al encuentro de Europa, pese al enojo ruso, y nada la va a desviar.
Applebaum nuevamente ofreció un trabajo muy realista de la situación en Ucrania, abandonada por los Estados Unidos.
Es experta en el mundo ruso, con investigaciones exhaustivas del comunismo y autora significativa en la denuncia del autoritarismo. Anne tiene, entre otras obras: Autocracia S.A.: Los dictadores que quieren gobernar el mundo en 2024, y otra de sus obras: El ocaso de la democracia: La seducción del autoritarismo, publicado en 2020.
Inició en 2017 con Hambruna roja: La guerra de Stalin contra Ucrania, sobre la hambruna de 1931-1934 que causó millones de muertos por hambre en Ucrania, un lejano antecedente de la guerra actual.
Y El Telón de Acero: La destrucción de Europa del Este 1944-1956, una crónica de la Unión Soviética que impuso regímenes comunistas tras la Segunda Guerra Mundial. Esta obra ganó el Premio Pulitzer. En 1994, en ese sentido, escribió sobre el cambio de Europa Oriental tras la caída del Muro de Berlín en Entre Este y Oeste, pero el autoritarismo regresó a Rusia.
Ganó otro Pulitzer en 2003 con Gulag: Historia de los campos de concentración soviéticos. El título se explica solo y tiene más obras, pero consideramos que estas son esenciales en su campo.
Su análisis de la situación de Ucrania repercutirá en los debates del Congreso con los políticos de Estados Unidos y Europa y en los más selectos campos académicos; tiene alcance mundial, será un aporte para comprender la realidad del momento de la guerra. La nota la presentó INFOBAE y ella es una norteamericana de origen judío sumamente respetada.
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