
Por Manuel Gutiérrez
Creada por capricho, por deuda política a cambio del apoyo a campañas de López Obrador, lo que quedó del Sindicato de Mexicana de Aviación hizo un gran negocio al vender los restos, la marca como un valor comercial que era innecesario, por casi 900 millones, pero así nació otra vez Mexicana de Aviación, una aerolínea entregada al Ejército Mexicano, que tiene la capacidad de quebrar por segunda ocasión.
La sostiene el presupuesto público, el deseo del gobierno por seguir adelante con un proyecto ruinoso. Pero revisemos con datos -medio- CEO , algunos casos de empresas que fracasaron en México.
Miguel Alemán, que se capitalizó en grande luego del sexenio en que su padre fue Presidente de la República, invirtió en Interjet, una aerolínea que comenzó bien, incluso parecía que sería durable y consolidada, que arrancó en 2005 en un invento de low cost con aerolínea tradicional; pero su decisión de apostar por los aviones de Rusia, los Sukhoi Superjet 100, con gran hibridación de Occidente, fue el primer gran traspié.
Sukhoi resultó problemático y las refacciones nunca llegaron, inmovilizando parte de la flota; además, usar un avión no aprobado para volar a Estados Unidos convirtió el asunto en pesadilla por las certificaciones.
Luego se sumó la pandemia del Covid, sin que el gobierno de entonces, de López Obrador, tuviera reacciones oportunas para auxiliar, entre otras empresas en apuros, a Interjet.
Alemán entregó apoyo a López para campañas en Veracruz y a nivel nacional para ser electo, por lo que al principio le cedieron turbosina sin cobro.
Pero luego cambió de opinión y se exigió el pago de slots (renta de uso de aeropuertos) y combustibles atrasados, y de ese golpe ya no pudo levantarse. La empresa se liquidó con pérdidas porque no hubo demanda para los aviones elegidos, una decisión mortal. En 2023 se le declaró en quiebra y sálvese quien pueda. Estaba bien estructurada, pero vino el fracaso.
Aeromar era una línea pequeña que usaba aviones europeos, los ATR 42 y luego el modelo 72, lo que facilitaba un bajo consumo de combustible y un mantenimiento menos complicado; en manos del grupo Autrey estaba volando bien. Luego la vendieron y comenzaron a descuidar los equipos el nuevo propietario, Synergy de Brasil, y todavía hay litigios para indemnizaciones. Los aviones no estaban en condiciones de ser activos atractivos… un proyecto regional que tenía mucho potencial cayó así del cielo.
MEXICANA: SIN VOLAR ALTO
Mexicana, junto a Aeroméxico —que está sorteando dificultades, incluso una caída en la Bolsa de Valores, pero se mantiene en el mercado internacional—, eran las marcas de orgullo nacional. Fue creada desde 1921 por Gastón Azcárraga y logró eras doradas con los Boeing 727 de tres motores, pero, pese a su presencia en el mercado, comenzó a presentar déficits, ineptitud en el manejo empresarial probablemente, altos costos y cero apoyos oficiales para este tipo de inversiones, lo que en otros países se apoya hasta cierto punto.
En su buen momento llegó a 80 rutas nacionales y 28 internacionales, pero en agosto de 2010 presentó solicitud de concurso mercantil afectada por la recesión de 2008, el alto precio del combustible y pérdidas por las epidemias.
Fue declarada en quiebra. Pero estaba en la imaginación de López Obrador, que ofreció su rescate a los trabajadores, compra que hizo por 815 millones de pesos, pero en que no recibió aviones ni activos para operar, más bien el nombre y algunas instalaciones en aeropuertos. Primero comenzó volando con aviones de la FAM que se disfrazaron y pintaron con librea de uso civil, luego comenzaron a llegar los Embraer 195-E2, buenos aviones, pero opera desde el AIFA y tal vez de ese vínculo viene uno de sus problemas.
El AIFA sigue sin despegar como aeropuerto, apenas se terminó el tren, pero es una opción que te lleva a 90 kilómetros de la Ciudad de México. Es una base militar y aeropuerto civil compartido, y su camino está en la incertidumbre; contrario a las promesas de López Obrador, terminó buscando arrebatar líneas troncales a las empresas como Volaris y Viva, dejando el destino regional que se adjudicaba de comunicar ciudades que no tenían aviación.
Sin embargo, la situación de Mexicana, por ser empresa oficial, no les preocupa: vacíos o llenos, el presupuesto absorbe las pérdidas con los tributos fiscales de los mexicanos. Pero aquí viene lo interesante: los del sindicato de Mexicana se quejan de que no se les ha pagado nada, así que marcharán en la inauguración del mundial con los descontentos bloqueando accesos. ¿Entonces la lana se la llevó quién? López Obrador dio como un hecho el pago, otro robo más; una raya más al tigre.
Es un negocio mal planeado, ejecutado de manera absurda por López Obrador, que incluso habló a la Boeing para pedirles aviones y le dieron datos de las arrendadoras. Esta empresa, cuando no tenga subsidio, quebrará por segunda vez porque pide 2.5 millones por día; pero mientras el presupuesto aguante, nada temerán. El año pasado perdieron tranquilamente más de 914 millones de pesos, y el modelo sigue volando al fracaso.
El modelo de A Volar, Aladia de Monterrey o de ALMA —otra aerolínea regional con sede en Guadalajara— empleó modelos Bombardier CRJ que desarrollaron su red, siendo dirigida por Carlos Peralta, pero los costos superaron las expectativas.
Los aviones, para su fortuna, eran nuevos y existía demanda para ellos, por lo que se colocaron en otras empresas del ramo, principalmente extranjeras, porque de pronto ofertaron aviones, que es el principal problema para fundar: la carencia de aparatos y el tiempo necesario para disponer de ellos. La falla fueron los altos precios del combustible y las crisis internacionales, sumándose a un panteón muy poblado de proyectos: Aviacsa de Chiapas, Aerocalifornia, Taesa, Azteca, Allegro, entre otros, se fueron para siempre desolando los bolsillos de los inversores.
El negocio de la aviación es muy delicado, pero en México el problema principal es que el gobierno no apoya ni instrumenta una política pública aeronáutica que les permita luchar para sobrevivir. El tema se le complica mucho, como en los últimos 8 años, a la administración populista que no tiene ideas claras de qué hacer en esta materia y menos concebir políticas de apoyo a las empresas que sobreviven en ese medio tan complicado. Es un tema que abordan desde ángulos demagógicos, superficiales o, definitivamente, con ignorancia extrema… y eso ha acarreado que esa industria se rezague ante la competencia, más las presiones de los Estados Unidos que disminuyeron rutas, alianzas con empresas de esa procedencia y que, definitivamente, quieren nuestro mercado con sus aviones y tripulaciones extranjeras, que avanzan cada vez que México, con sus empresas, retrocede.
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