
Horacio Villaseñor Manzanedo
A propósito del más reciente socavón, en Guadalajara, donde hubo niños heridos y que por ignorancia la gente cree que quien debe responder por omiso es el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), la verdad es que es el ayuntamiento de “la ciudad que te cuida” el irresponsable.
Lo que el ayuntamiento debe saber y, también, la gente que votó por él es que crear una dependencia para cederle funciones no significa quedar libre de la obligación.
Si bien se pueden transferir tareas y actividades asociadas a un papel, no se elimina la responsabilidad final sobre el resultado o las consecuencias de esas tareas. La función puede ser delegada, pero la rendición de cuentas, en última instancia, recae sobre la persona que delegó.
La constitución nacional es clara al determinar como responsable de gobernar al municipio, al ayuntamiento, lo que significa que él es la autoridad que debe rendir cuentas de todo lo que suceda en el territorio que administra.
Si alguien abandona un auto en la calle, el ayuntamiento debe retirarlo; si faltan señalamientos viales o un semáforo se descompone, él debe arreglarlo; si el tránsito no es fluido, él debe agilizarlo; si alguien deja basura, el ayuntamiento, no solo debe recogerla, mantener limpio todo espacio público, también debe evitar que contamine, debe asegurarse de que sea eliminada adecuadamente; si hay niños o adultos haciendo actividades sin autorización en la calle o cruceros, en peligro de ser dañados o causar un accidente, (vendedores, aparta lugares, limosneros, payasitos, malabaristas, indigentes, etc.) los debe retirar; si hay un árbol en la banqueta en peligro de caer y el propietario de la casa no lo atiende, el gobierno municipal debe hacer lo que tenga que hacer para eliminar el riesgo; si la calle está oscura, él debe alumbrarla; el suministro de agua domiciliaria y de un drenaje que drene, también es función del ayuntamiento.
La seguridad en el espacio público es cosa de él.
No debe haber infraestructura vieja ni sin capacidad para desaguar toda el agua de lluvia, para eso son los impuestos, tampoco debe arreglar endeudándose. Inclusive las propiedades particulares o de otro orden de gobierno deben ser vigiladas por el ayuntamiento, por interés público. Me explico: El artículo 115 de la constitución nacional define la autonomía de los municipios como entidades de gobierno.
Establece que cada municipio será gobernado por un ayuntamiento electo directamente, con personalidad jurídica propia y facultades para administrar su hacienda y sus bienes. Da todo el poder público para que pueda prestar los servicios esenciales como agua potable, alcantarillado, alumbrado, limpia, calles y seguridad. Significa entonces que, si el ayuntamiento cede funciones a dependencias estatales o a concesionarios particulares, si fallan, quien debe dar la cara es el ayuntamiento porque sigue siendo constitucionalmente el obligado de prestar esos servicios. Si es el caso, si el ayuntamiento no puede obligar a quien le cedió la función cumplirla inmediatamente debe hacerse cargo nuevamente, un servicio público no puede esperar, su característica es ser constante.
Crear agencias metropolitanas u organismos públicos descentralizados, en teoría, es para una mejor prestación de los servicios, pero, en Guadalajara, los servicios no sirven y el ayuntamiento tampoco, hace “como que la virgen le llama”. La razón es simple, falta de capacidad para administrar y gobernar, ignorancia respecto a cómo recomponer un corporativo público hoy inservible.
Urge detectar dónde se puede abrir un socavón; dónde corren aguas servidas a cielo abierto; dónde hay árboles, postes, espectaculares en peligro de caer o estructuras en colapsar; dónde hay baches, hundimientos, rejillas en mal estado o registros sin tapa; dónde hay zonas oscuras o que se inundan; dónde hay focos de infección, plagas o suciedad; en general dónde hay peligro de que algo pase. Lo que sucede en la calle es responsabilidad del ayuntamiento, todo, y cuando el “gobierno” no sirve, todo urge. Ni hablar.
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