Por Horacio Villaseñor Manzanedo
Cuando hablamos de políticas públicas, hablamos del producto del proceso de toma de decisiones de un Estado, la forma o la manera en que los gobiernos o la facción que “gobierna” decide lo que hará para solucionar un problema público. Por cierto, la mayoría de las veces, lo que se considera “el problema” no lo es, veamos el asunto del denominado proyecto “Segundo Piso; Av. López Mateos”. ¿El problema es la gran cantidad de autos, o el malísimo e insuficiente servicio de transporte público? Por razones obvias, el gobierno de la entidad federativa, Jalisco, dirá que el problema es lo primero, la gran cantidad de autos, nunca reconocerá que la gente compra automóviles porque es más seguro, o sea que en realidad es una consecuencia, no el problema, ni aceptará su incapacidad para prestar un buen servicio de transporte, argumentará que le falta dinero para hacerlo, cuando en realidad es la falta de capacidad para administrar, para que le sobre dinero y para que las decisiones sean las mejores sin limitación ni pretexto alguno. Un gobierno sin profesionales de la administración pública siempre tendrá insuficiencia de recursos. Técnicamente, una ciudad caminable, en la que se puede patinar y andar en bicicleta, con seguridad y, además, con una red de transporte público masivo y convencional suficiente, limpio, puntual, económico, sin peligro alguno, simplemente de lujo, que proporcione un mejor servicio que el que te presta tu automóvil privado, podría lograr que mucha gente deje de utilizar su auto, no por educación ni conciencia, que ese es un cuento, sino por conveniencia, sin embargo, lograr eso, es atribución y deber de los gobiernos estatal y municipales. Como no pueden porque no saben cómo hacerle, terminan haciendo lo único para lo que les da, lo más fácil, culpar a la sociedad y hacerla corresponsable. Aunque soy arquitecto con orientación en urbanismo, mi especialidad en gobierno y administración pública me permitió ver, con claridad, que detrás de toda decisión gubernamental, sin una ciencia para ello, habrá falla. Recordemos los dos modelos que interpretan la formulación de políticas a partir de la toma de decisiones: el de la racionalidad limitada de Simon (1957), y el de la decisión incremental de Lindblom (1959); Si el “gobernante” no es un buen administrador, y gobernar es eso, poner orden, gerenciar y para ello necesita recursos que no tiene, por incompetente, no porque hagan falta, ¿cómo podría tomar la decisión adecuada? y, por otro lado, si nos cotorrea con la vacilad de que la decisión la tomará la sociedad, sabiendo está que el gobierno, bueno para nada, no podrá hacer algo importante para solucionarlo, la respuesta a una encuesta, que técnicamente, no es consulta, será; “adelante, hagamos un segundo piso, ¡peor es nada!” En mi opinión, se pueden hacer muchas otras cosas, sin dañar el valor de las propiedades privadas de alrededor del ridículo “Segundo Piso, Av. López Mateos” y sin gastar en algo que no solo no soluciona el verdadero problema, sino que destruirá y complicará todo. Si no hubiera ineptitud, en el corto plazo, los gobiernos podrían garantizar un servicio de seguridad al que están obligados para que la gente camine más y disfrute donde vive sin temor a ser asaltado, limpiarían la ciudad y la mantendrían impecable, un día sí y otro también, como debe ser, señalizarían debidamente y mejorarían el sistema de semaforización, sacarían los autos estacionados de las calles para que haya mayor espacio para circular, construirían estacionamientos públicos suficientes, recuperarían, los municipios, su obligación constitucional de tránsito y lo agilizarían, reordenarían el trasporte público convencional, “metiendo en cintura” a los empresarios o asumiría el servicio, el Estado, y planearían la ciudad deseable a futuro, en cuanto al transporte público masivo. Aquí entra el segundo modelo, el de Linsblom, el modelo incremental, que es hacer obligatorio que en cada periodo de la administración estatal se construya por lo menos una línea nueva de metro o tren ligero, en lugar de los ridículos BRT´s o metro-buses, que han demostrado solo ser un paliativo aceptado, porque dicen ¡no hay dinero para algo mejor!, o sea, son un “peor es nada”. Hoy, la prestación de los servicios públicos del Siglo XXI, además de eficaces, eficientes y efectivos deben ser sostenibles y eso solo lo puede lograr gobiernos potentes, no los ridículos con los que hoy contamos, la tarea es remplazar a los “limitaditos funcionarios” que hoy tenemos como gobernantes disfuncionales, por actores preparados, con experiencia, capaces de lograr fortalecer las administraciones, económicamente, para que en una dualidad política-técnica, se den, creativamente, políticas públicas serias, de gran envergadura, del tamaño que el Siglo XXI demanda, porque con la racionalidad “limitadísima” actual es imposible que haya políticas públicas inteligentes. Profesionalicemos el servicio público para que sirva, para que sea útil y solucione, ya estuvo bueno.
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