A Fondo Jalisco
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Horacio Villaseñor Manzanedo La Aldea

Con tanto tarado ¡la sociedad se autogobernará!

Por Horacio Villaseñor Manzanedo*

Los “gobiernos” municipales ya no gobiernan. En esencia, el ayuntamiento, es una institución de servicios, su principal preocupación y objetivo debe ser satisfacer la demanda porque la calidad de vida de las personas está directamente relacionada con la eficacia de los servicios públicos, servicios que constitucionalmente deben darse sin interrupción y en todo el territorio, no solo donde puedan. Con cada nuevo periodo de “gobierno”, lejos de lograr algún avance para cumplir con sus obligaciones, los problemas públicos, sin importar el partido político que sea, se agudizan. La inseguridad y la pobreza, cada día es peor, los “gobiernos” son arbitrarios y corruptos, las políticas públicas y la “gobernanza” metropolitana es puro cuento. La lista de defectos directivos de los ayuntamientos puede extenderse y pormenorizarse, pero su común denominador desde hace décadas es la ineficacia y la ineptitud para cumplir con sus obligaciones. La manera actual de desorganización centralizada es un modelo rebasado y la vacilada de la gerencia de ciudad no resolvió nada. Era una buena idea que por ambición política e ignorancia técnica fue tontamente mal implementada. Humanamente es imposible que los presidentes municipales supervisen personalmente todos los rincones de una gran ciudad, pero la ocurrencia de un Gerente de Ciudad, con titulares que no saben y sin una reestructuración general, basada en un modelo descentralizador, serio, ha terminado en solo otra ocurrencia más. Hay experiencias de modernización municipal exitosas llevadas a cabo en países europeos que supusieron un giro a la política; a la manera de entenderla y de ejercerla, que pueden servir de base para remodelar lo que tenemos y crear el nuevo diseño de la arquitectura institucional local, pero se necesita gente conocedora, preparada, con experiencia en la función pública local y no los improvisados de siempre, “politiqueros” conocidos de alguien que, le echan muchas ganas, pero no dan una. Se trata de cambios que desembocaron en una actividad febril y en la voluntad irrenunciable de ser cada vez más efectivos. En el modelo de Barcelona –denominado gerencial-, los concejales electos reafirman su rol de animación y liderazgo político, mientras que los gestores adquieren importantes responsabilidades que ayudan a conseguir una gestión municipal profesionalizada y eficaz, pero basada en un servicio público de carrera. Localmente, urge iniciar el proceso de modernización descentralizando algunos servicios públicos en las zonas administrativas que ya operan en cada municipio, acercando los centros de decisión a los ciudadanos y potencializando su participación y la gobernanza. La descentralización presenta ventajas evidentes de carácter instrumental, ya que exige racionalizar la maquinaria administrativa, incrementando así la eficacia y la calidad de los servicios. Por su parte, la gobernanza es una herramienta de gobierno colaborativo y corresponsable que llegó para quedarse. Los ciudadanos cada vez más estarán atentos y con herramientas para participar en el ejercicio de mejores políticas públicas, pero de nada ha servido ante un aparato administrativo inútil, caro, estorboso y mal dirigido. El nuevo modelo, debe considerarse mixto y comprender también otros servicios que, en lugar de descentralizarse, deben ser concentrados para que de manera coordinada o asociada se desarrollen en instancias metropolitanas bien hechas, no como las de hoy que son resultado, otra vez, del desconocimiento institucional municipal y que solo causan gastos y no sirven para nada importante. No se trata simplemente, de una autoridad fuerte, independiente de otros gobiernos, que regula y controla, sino de crear un nuevo modelo basado en la cooperación a todos los niveles con la sociedad civil y el sector privado. Por un lado, los ayuntamientos deben asegurar las mejores condiciones de vida de los ciudadanos, especialmente las de los sectores sociales más desfavorecidos y por el otro, demostrar que las administraciones pueden responder a los nuevos retos evolucionando al mismo ritmo que la sociedad en la que interactúan. En este sentido, los regidores, primero no deben ser cualquiera, y tener capacidad para modernizar la administración hasta hacerla flexible, eficaz y de calidad, capaz de adaptarse a los diferentes contextos. Los gobiernos municipales deben abandonar las malas costumbres y sistemas administrativos tradicionales, basados en un funcionamiento uniformista y centralizado, para dar paso a un innovador estilo de gestión que se organiza en gerencias descentralizadas orientadas a la obtención de resultados valiosos para los ciudadanos. De no hacerlo, ¡cueste lo que cueste!, la sociedad se autogobernará.

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