
Horacio Villaseñor Manzanedo*
La época de lluvia, en ciudades como Guadalajara, debería ser gozo total. Se recargan las fuentes de abastecimiento de agua, se limpia el aire que respiramos, las calzadas, avenidas, calles y colectores. Se riegan las áreas verdes y se lavan plazas, parques, edificios y casas. Debería ser época de frescura y desestrés, pero no es así porque en cada temporal se registran muertes debido a accidentes relacionados con la lluvia y las fuertes corrientes. Personas son arrastradas, dentro de sus vehículos, en calles que se vuelven arroyos, canales desbordados o atrapadas en pasos a desnivel inundados y aplastadas por gigantescos árboles que caen. Hay “funcionarios” tan tontos que aseguran que estás desgracias son ocasionadas por las fuertes lluvias, pero, el ayuntamiento, ¿no sabe qué llueve, en Guadalajara, cada año?; ¿no sabe qué si el drenaje es suficiente y funciona, las calles no se convierten en arroyos ni se inundan los pasos a desnivel?; y ¿no sabe que los árboles se pueden podar o retirar si representan peligro? Su ineptitud es tanta que su “capacidad” solo les da para culpar por las desgracias al temporal o la gente por no quedarse en casa, encerrada mientras llueve. En realidad, no hay más responsable que el ayuntamiento integrado, constitucionalmente, por la presidenta o el presidente municipal, los regidores y el síndico. Me explico: Al iniciar los 90’s, cuando llegaron al gobierno municipal, con la alternancia, políticos sin experiencia ni vocación, ante el crecimiento urbano (autorizaron fraccionamientos nuevos sin aumentar la capacidad de los colectores viejos) empezaron a inundarse algunas calles y la “inteligencia funcionaria” solo dio para culpar a la gente por tirar basura que según ellos tapaba las bocas de tormenta, ¡que absurdo! La verdad es que, ante demagógicas campañas de reforestación, llenaron erróneamente los camellones de árboles y por la incapacidad para barrer calzadas,avenidas y pasos a desnivel, lo que realmente tapaba la entrada del agua al drenaje eran las hojas, no la basura, pero por las hojas y ramas tiradas el gobierno no podía culpar a la gente. Siguió el crecimiento de la urbe, pero los “gobernantes” no construyeron el drenaje necesario, ya las bocas de tormenta ni se tapaban, el flujo se invertio, las tapas de concreto del drenaje salían volando por la presión, las aguas negras brotaban empujando todo, pusieron rejillas para que en lugar de que el agua de lluvia entrara a los colectores, las aguas servidas salen y corren por las calles de la gran ciudad. Ahora hay zonas llenas de torres departamentales y el sistema de drenaje sigue siendo el de los años 70’s cuando, a sugerencia de mi tío Jorge Matute Remus, se creó el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado mejor conocido como el SIAPA, organismo exitoso mientras hubo gobernantes deexperimentados. Ahora el SIAPA ni intermunicipal es, en 2013 los ayuntamientos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), irresponsablemente, cedieron la atribución al Gobierno de Jalisco creyendo que se quitarían un problema, pero no es así porque el problema es ellos mismos, su ignorancia, ambición e hipocresía los ha hecho ayuntamientos inservibles. La constitución nacional es clara, la responsabilidad exclusiva del drenaje de las ciudades es de los ayuntamientos, si bien, la misma norma permite encargarle “temporalmente” al gobierno estatal la tarea, significa que los ayuntamientos siguen teniendo la responsabilidad, cedieron la tarea, no la obligación de que la ciudad no se inunde. Si los ayuntamientos no están ahorrando ni construyendo el drenaje que necesita Guadalajara y su zona metropolitana, si tampoco están evitando construcciones de alto impacto, nadie más lo está haciendo ni lo hará, razón por lo que, ante la incapacidad para hacer lo que se debe hacer, solo les da para crear un Mapa Único de Inundaciones (MUI) para que se salve el que pueda. Si, los “gobernantes”, no saben economía ni administración gubernamental, entonces, solo son unos despreciables demagogos de “dulce cara” que parasitan el progreso y ponen en peligro a la gente. Cuando el ayuntamiento no sirve, las lluvias, que deberíamos recibir con gusto, dan miedo. Ni hablar.
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