Horacio Villaseñor Manzanedo*
El problema no es si la “autoridad” gobierna con excesos o privilegios de los funcionarios públicos, o si no es transparente, no se le ocurren políticas públicas innovadoras, no gobierna con un enfoque de gobernanza o si no es honesta, el problema es que la “autoridad”, los gobiernos en México no solucionan, no gobiernan. Ante su ineptitud, los directivos públicos prefieren que la gente crea que son corruptos cuando en realidad no son gente apta para el encargo público, de allí que lo único que terminan haciendo es tratar de hacerse los simpáticos y servirse del patrimonio público porque de otra manera terminan su periodo, sin prestigio y pobres, seguramente no trascenderán socialmente por sus obras ni sus grandes logros y lo único que les queda es servirse de lo que es de todos, mientras puedan. La capacidad para lograr una administración pública efectiva no se puede comprar ni se genera espontáneamente, se obtiene con preparación y experiencia, con educación, inteligencia y cultura, solo un ser civilizado puede obtenerla, por eso la capacidad, la aptitud, es más escasa que el dinero público. Para poder gobernar el recurso más importante es la autoridad. La autoridad moral es importante, la legal mucho más y también la que da tener en claro qué hacer, cómo hacerlo, para qué hacerlo, sin embrago quien no puede gobernar, regir, solucionar, ser efectivo, no tiene autoridad alguna y por lo tanto no cuenta con el recurso fundamental. El gobierno tiene que saber gobernar, saber solucionar rápido y bien, y no andar usando el pretexto de que no puede resolver los problemas heredados porque el periodo anterior fue muy malo y necesita más y más tiempo, esa capacidad para saber que hacer y tener buenos resultados rápido es lo que no puede tener un grupo de directivos públicos que su único mérito es ser amigo del político ganador, que, en la mayoría de los casos, no sabe que la administración pública es una profesión muy distinta a la de la política. Muchas veces hemos escuchado del padre de las políticas públicas, el doctor Luis F. Aguilar, que el gobierno tiene que tener capacidad de gobernación, entre otras para ejercer las facultades descritas en sus atribuciones legales: hacer lo que la ley obliga, pero también y sobre todo tener la capacidad de “sumar para multiplicar” los abundantes recursos que hay en la sociedad lo que en mi opinión implica que la gobernanza, también, es reconocer que en la sociedad hay gente con mayor capacidad que la de los cuates que ayudaron en la campaña ganadora para lograr la tan anhelada efectividad administrativa y que si se entiende lo que significa el interés general, se debe aprender a integrar a esa gente a los equipos directivos, aunque no sean sus conocidos, lo que les da miedo, porque seguramente saben más que ellos y eventualmente los evidenciarán. La sociedad necesita que funcionen los gobiernos y con los cuates nunca han funcionado. El Área Metropolitana de Guadalajara ya se le ha encargado, considerando la integración de los tres poderes (el legislativo, judicial y los ejecutivos) al PRI, al PAN, al PRD, al PVE, a MC, a Morena, a políticos independientes y nada se ha solucionado, los problemas que deben resolver, desde hace décadas son los mismos; agua potable que no es potable, alcantarillado de donde brota caca en épocas de lluvia y es causa de inundaciones, pésimo o nulo tratamiento y disposición de las aguas residuales, deficiente e insuficiente servicio de limpia, recolección, tratamiento y disposición final de las basuras de todo tipo, mercados sucios, panteones hechos un asco y un peligro, rastros indignos y riesgosos para la salud, pésimos servicios y, calles y espacios públicos inseguros. A cambio de esto, los muy chafas “políticos” y directivos públicos se dedican a mantener sus simpatizantes, suficientes para seguir viviendo del erario, repartiendo dádivas, regalándoles mochilas, despensas y usando sus influencias para resolverles, solo a sus allegados y paleros, sus problemas públicos particulares, de allí que a la mayoría de la gente nos da lo mismo quien sea candidata o candidato a un encargo público porque todas y todos, a través del tiempo, han demostrado ser igual de inútiles. Ni hablar, feliz 2021.
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