
Por Laura Gutiérrez Franco
En el manual de la llamada “austeridad franciscana”, parece haber un capítulo secreto que permite suspender los votos de pobreza, siempre y cuando el evento ocurra de noche, detrás de los muros coloniales del Castillo de Chapultepec y bajo el patrocinio de los millonarios dólares de la FIFA.
La opinión pública asiste, entre la indignación y la ironía, a una nueva entrega del teatro político de las dos caras. Por un lado, el discurso oficial nos receta la obligada dosis de purismo ideológico: la presidenta Claudia Sheinbaum decide no asistir a la inauguración de la Copa del Mundo en el Estadio Azteca bajo el argumento de que en los palcos solo se “codean los de arriba” y que ella prefiere “estar abajo, con el pueblo”. Una narrativa diseñada para el aplauso fácil, que intenta colocar la ausencia presidencial como un acto de heroica resistencia frente al elitismo.
Sin embargo, a la función le faltó el prólogo del día anterior.
Resulta que veinticuatro horas antes de clamar su amor por el “pueblo abajo”, la Mandataria no tuvo ningún reparo en ponerse el traje de gala y fungir como la gran anfitriona diplomática en la cena exclusiva organizada por Gianni Infantino. Ahí, entre un espectáculo de cientos de drones que iluminaban el cielo nocturno y las 211 delegaciones del balompié internacional, la austeridad no se asomó ni por error. Para esa pasarela de alto nivel —pagada por la FIFA, pero cobijada por el gobierno de la República— no hubo desprecio ni discursos de separación de clases.
Lo verdaderamente grave de esta puesta en escena no es que la Presidenta asista a una cena con los directivos del deporte más lucrativo del planeta; al final del día, México es coanfitrión de un evento de escala global y la cortesía diplomática es parte de sus obligaciones. Lo preocupante es la tremenda hipocresía con la que se pretende gestionar la percepción ciudadana, asumiendo, con una enorme soberbia, que la gente es tonta y no notará el contrasentido.
¿Qué tiene de malo codearse con los empresarios, los diplomáticos o los llamados “fifís”? Absolutamente nada. El gran error de la Jefa del Ejecutivo es olvidar una premisa básica de la democracia: se gana con un partido, pero se gobierna para todos. Los sectores que ella estigmatiza desde el micrófono también son mexicanos, también pagan impuestos y también forman parte del país que juró dirigir.
Ver el partido en el Fan Fest mientras se esconde la foto de la noche de gala en Chapultepec no es congruencia, es cálculo político y doble moral. Gobernar un país requiere madurez institucional, no berrinches ideológicos que dividen entre los que “merecen” la presencia presidencial y los que no. Al final, el balón rueda para todos, pero la verdad, esa siempre termina por salir a la luz, por más que intenten maquillarla de austeridad.
Su miedo es el abucheo porque bien saben que no es tan querida.
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