
Por Manuel Gutiérrez
La tormenta de fuego. Sin necesidad alguna, porque Dresde era una ciudad de arte, relojería y chocolates, católica y protestante en convivencia pacífica en su mayoría, con una Alemania de los nazis ya en plena debacle, era cuestión inexorable que tomaran Berlín y que muriera Hitler pero la destrucción no paraba y nadie quedaba harto de aniquilar.
Corrían los días de febrero de 1945, del Dia D a la fecha, el frente occidental estaba colapsado y el frente oriental, pese a los esfuerzos del Mariscal Manstein; en tanto Kesserling, se defendía como gato en Italia, con la división terrestre de la Luftwaffe, siempre bien equipada por influencias del Ministerio del Aire.
Los barruntos de la tormenta llegaron primero con un ataque a Lubeck, en que se emplearon 234 bombarderos en contra de una ciudad. Los alemanes se defendían fieramente con los restos de su fuerza área y paradójicamente con aparatos como el Me262 que marcaran la era de la propulsión a chorro, como gustaban decir antes.
Los maestros del aire, como las llama ahora Netflix, el Comando Aéreo de la USAF y el de la RAF hicieron muchas dagas. Curtis Le May, era el verdugo aéreo de la USAF y por la RAF Sir Arthur T. Harris, ambos fanáticos de utilizar sus bombaderos, de noche por la RAF y de día por la USAF. Sentían un enorme placer en tirar bombas sobre lo que fuera. Antes se salvó mucho patrimonio cultural y arquitectónico europeo con las segunda guerra.
Pese a colapsos como perder en una sola incursión hasta 65 aparatos B-17, a enormes bajas que rompían la moral de los aviadores, la orden fue terminante, sin importar las bajas los bombaderos seguirían. Pero la guerra de desgaste pasa la factura inevitable.
Estados Unidos e Inglaterra, recuperaban por un aparato perdido hasta 6 más a ese ritmo, en tanto en Alemania, todo escaseaba y las armas de la victoria quedaron para beneficio de las potencias Estados Unidos y la Unión Soviética, que piratearon hasta los científicos de Penemunde, el laboratorio alemán de tecnologías avanzadas.
De ahí salió la nueva aviación, el Mig 16 y el Sabre F-86, y muchos aparatos que conocemos ahora, los submarinos tipo nautilus y el arranque de la carrera espacial, pero Estados Unidos se llevó al padre del cohete Saturno, Werner Von Braun, que en la versión Disney era Ludwig Von Pato y este recibió hasta la nacionalidad estadounidense.
Pese a que Hitler le propusieron un Fockewulf 200 como bombadero pesado, cuatrimotor, un B-17 alemán, en pocas palabras… se resistió a creer en el “bombardeo estratégico” algo que no entendió pero terminó sufriéndolo, además creyó a Goering, cuando prometió que ninguna bomba caería en Alemania…cayeron miles.
Los dictadores siempre tienen otros datos, pero les creen. Y otro error, quizo convertir el Me262 caza a reacción, ahora si en bombardero… y esos cambios y la falta de materiales, evitaron que este aparato pesara en la guerra, lo bautizaron como “Pájaro de la Tormenta” pero llegó tarde y con pocos aviones de esa nueva era, total que como líder absoluto tuvo muchos errores estratégicos eso pasa cuando te crees indispensable y chile de todos los moles.
LA PESADILLA.
Entre el 13 y 14 de febrero de 1945, Dresde se despabiló como cualquier otro día, con problemas por el aumento de 200 mil refugiados que llegaron huyendo del este sin saber que llegaban a su juicio final. Los aviones en número de 1,100 bombarderos llegaron y dicen que en 20 minutos acabaron con Dresde. Fueron 3,500 toneladas de bombas o más .
Primero las explosivas para abrir camino a las incendiarias y de fósforo blanco –no se andaban en esa guerra con tímideces- para hacer una ola de fuego que reaccionó con el oxígeno y mató y dejó en ruinas todo.
En fechas recientes se cuestiona la moralidad de este procedimiento, lo cual no servirá de consuelo a las víctimas de entonces. Dresde no tenía defensas antiaéreas como Berlín, así que fue un paseo y la Luwtwaffe, brillaba por su ausencia, no era un objetivo militar, ni industrial, solo una joya medieval.
Algo semejante le pasó a Tokio con los B-29 que desollaron 40 kilómetros cuadrados como cientos de miles de muertos, por el tipo de vivienda japonesa de papel, que ardió con furor. Era hasta innecesario usar la atómica, en Hiroshima y Nagasaki, poblaciones con elevado índice de conversos al catolicismo, hoy memoriales de la tragedia nuclear.
Pero había que probar el juguete llamado por Roosevelt, “ El poder de la ira de Dios” las primeras atómicas, pero murieron más en la marea de fuego, que por cierto no volvió a salir en otras ciudades castigadas, pese a que repitieron la fórmula. Fue un gran espectáculo para verse desde arriba, no para los que estaban abajo.
Bueno, pues la “Florencia del Río Elba” medieval quedó reducida a cero. Los muertos según estimaciones alemanas fueron de 600 mil personas de todos sexo y edad. ¿Crimen de guerra, cuando es de los ganadores es una operación exitosa, nada más?.
LA FLORENCIA DEL RIO ELBA
Estoy en el centro histórico de Dresde, una joya perfecta. Se ve la maravillosa catedral, la “fraserkirsche”, la cúpula, como NUNCA tocada. Todo lo de 1743 y años posteriores luce como entonces, aderezado por un agradable frío, el pueblito navideño, una ornamentación exquisita de navidad, y no vez un bache, una basura, ni un rincón maloliente.
Orden, limpieza, una navidad germana, solo pasaron ochenta años. No hay huella de esa tragedia que pudo borrar a Dresde del mapa, salvo algunos rastros de humo adheridos en las torres de iglesias o edificios que se dejaron intencionalmente.
Dresde compite en esa perfección con Bratislava, otra joya del medioevo hasta la fecha, siguiendo las épocas y estilos, aunque Bratislava no sufrió un ataque descomunal.
Resultó que los sobrevivientes comenzaron desde del primer día después de la tormenta de fuego, a acomodar piedra por piedra, pero lo mejor a ponerles número luego de ver donde era su sitio, luego comenzaron a reconstruir con los planes originales, con los arquitectos, artesanos que sobrevivieron.
Luego vino el socialismo de la RDA. Lo lógico era suponer que Dresde fuera suplida por cajones con ventanas cuadradas, espacios de mensajes rojos, monumentos al ejército rojo, y que mandaran al diablo al pasado.
Pero aunque eran del este, eran alemanes y eran herederos de una tradición cultural. Y nadie dudo que debían rescatar su patrimonio, su ciudad, hacer de la desgracia un episodio pasado y en eso todos estuvieron de acuerdo.
Trabajo gratuito, después de sobrevivir; voluntarios, fines de semana, aportaciones de especialistas que acudieron al rescate luego ayuda de otros países europeos y de otras partes del mundo, pero un gran esfuerzo de reconstrucción made in Germany, es decir, bien hecho.
Al principio el panorama debió desalentar al más pintado, -los guerreros se pintaban porque así no podían rendirse y tenían que luchar a morir porque no podías quitarte la pintura- pero continuaron.
Y algo insólito, las autoridades de la RDA por muy alemanas comunistas que fueran, no impidieron esos trabajos, asombroso: los alentaron, los toleraron, los apoyaron, fueron bien vistos. Un pueblo sin pasado, es un pueblo perdido. Un pueblo que se rinde, lo anula la adversidad.
De eso hace 80 años, alguna grúa gigante por aquí, otra por álla, pero el esplendor regresó a Dresde que se ufana de sus Lindt, de su chocolate líquido que es un sólido líquido cremoso que te levanta la tapa de los sesos, aunque seas adicto. Es un paraíso chocolatero y de buena comida.
Arte, belleza, total, no es esto un espacio de turismo, pero todo resulta asombroso más con el ambiente navideño y una suave música coral de fondo. Parece una coreografía de Disney, pero acá todo es genuino, esa es diferencia de Europa.
La resurrección de Dresde, marca algo muy interesante: El espíritu humano refleja el toque divino en el arte, en la monumentalidad. De nuevo Dresde es la Florencia del Elba.
Los monstruos del bombardeo sólo triunfaron temporalmente, con la historia y con el tiempo, la ciudad resucitó y ahora no puede dejar de verla.
Sobre todo si puedes imaginar el daño que hicieron 1,100 aviones en un raid de locura, que me alegra ver que fue vencida la saña innecesaria. Quizás el destino del hombre no este perdido, si te asomas a Dresde, triunfa la esperanza.
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