Por Laura Gutiérrez Franco
En la política, hay silencios que ahogan y declaraciones que, de plano, desnudan las peores intenciones del centralismo. Lo ocurrido esta semana con las declaraciones del Gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, tras recibir su alta médica por apendicitis no es solo una actualización de su estado de salud; es la radiografía de cómo el Gobierno Federal mantiene bajo llave los recursos de infraestructura para el estado, mientras la oposición local de Morena frota las manos buscando rentabilidad electoral a costa de los grifos vacíos o con agua sucia de los ciudadanos.
Un llamado de respeto sin sumisión: “Yo le creo a la Presidenta”
El tono del Gobernador fue claro, sumamente respetuoso y alejado de cualquier confrontación directa con la Presidenta Sheinbaum. El mandatario estatal fue enfático: no busca pleitos. Atendiendo el comentario de la mañanera donde se sugirió que las cosas se arreglan mejor con una llamada que con declaraciones, el Gobernador ya levantó el teléfono. Sabe que la Presidenta tiene una agenda compleja y esperará pacientemente la respuesta.
El respeto hacia la figura presidencial es absoluto, pero la cortesía política no le impide al gobernador recordar una realidad contundente: en lo que va de este sexenio, Jalisco no ha recibido un solo peso de la Federación para proyectos de infraestructura hídrica.
“Hasta el día de hoy, lo que yo dije el lunes es completamente cierto: no ha habido un solo peso de la federación para proyectos de infraestructura para Jalisco en este sexenio. Ninguno.”
Incluso proyectos clave que se prometieron con urgencia —como la ampliación de la carretera a Chapala de cara al Mundial de Fútbol— siguen congelados. El Mundial está por concluir y el fideicomiso con Fonadin sigue sin firmarse por pura burocracia federal.
El portazo de Conagua y el verdadero problema técnico
La gran contradicción llegó por cuenta del director regional de la Conagua, quien con una ligereza alarmante cerró de golpe la posibilidad de que la Federación aporte recursos para solucionar el problema del agua en la entidad. Es una lástima que un funcionario de mediano nivel contradiga la palabra de la propia presidenta, quien en su última visita a Jalisco prometió apoyo para los proyectos hídricos y de movilidad.
Hay que entender la raíz del problema para que no nos vendan espejitos:
* El agua no es un problema de ayer: La potabilización en Jalisco arrastra un rezago de tres décadas. La Planta Potabilizadora Número 1 (PT1) tiene 40 años funcionando sin ampliaciones ni rehabilitaciones mayores.
* Abasto vs. Distribución: Las grandes obras del sexenio pasado (como El Zapotillo) se enfocaron en el abastecimiento de las cuencas, pero de nada sirve tener agua acumulada si no se cuenta con la infraestructura para potabilizarla y distribuirla adecuadamente a la Zona Metropolitana de Guadalajara.
* La solución de fondo: Los dos proyectos presentados formalmente a Conagua hace un año —el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara y la ampliación de la PT1— requieren una inversión conjunta de 17 mil millones de pesos. Proyectos técnicos que hoy la Federación pretende ignorar.
Mientras el dinero federal no llega, el estado implementará un plan de emergencia de 100 millones de pesos a partir del próximo lunes para entregar pipas, vales para garrafones gratuitos y plantas potabilizadoras móviles en las colonias más afectadas del SIAPA.
El agua como botín político y la pasividad naranja
Es aquí donde la narrativa se vuelve perversa. La oposición, liderada principalmente por Morena, ha encontrado en la crisis del agua su mina de oro de cara a los próximos comicios. En lugar de sumarse a la exigencia de que la Federación libere los recursos que le corresponden a Jalisco, los liderazgos de Morena prefieren que el problema continúe.
Para la oposición, mantener las tuberías secas o con agua sucia es asegurar votos. Prefieren usar la necesidad del ciudadano como un ariete político para golpear al gobierno estatal, apostando al desgaste social en lugar de buscar soluciones colectivas. Condenar a los jaliscienses a la escasez con el único fin de construir un capital electoral es de una bajeza ética incuestionable.
Por otro lado, la defensa desde lo local luce desdentada. Los diputados de Movimiento Ciudadano, y en específico sus diputadas en el Congreso, han mostrado una alarmante tibieza. En momentos donde se requieren posicionamientos firmes, llamados enérgicos y un bloque legislativo sólido que defienda el presupuesto de Jalisco frente al centro, lo que se percibe es un vacío de liderazgo y discursos que no logran hacer mella en la opinión pública.
¿Qué sigue?
La propuesta del gobierno estatal está sobre la mesa de los diputados locales. Si no hay recursos federales, se buscarán alternativas a través de esquemas de asociación público-privada (como los CMRO: Construcción, Mantenimiento, Rehabilitación y Operación), sin privatizar el SIAPA, tal como se ha hecho en grandes obras federales como el Tren Maya.
Primero se analizará lo técnico y luego el financiamiento. Esperemos que el Congreso de Jalisco actúe con madurez y que los diputados de la oposición recuerden que antes de pertenecer a un partido político, se deben a los ciudadanos que hoy abren la llave y no encuentran más que aire o agua sucia. El agua no debe ser un botín; es un derecho.
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