La opinión de Violeta Moreno Haro
Me parece que el caso de Guadalupe Taddei exige mirar más allá de su renuncia. Cambiar a quien encabeza el INE puede resolver una vacante. Recuperar la confianza requiere explicar qué ocurrió dentro de una institución que debe exigirles cuentas a todos los partidos.
Taddei presentó su renuncia mientras la Auditoría Superior de la Federación investiga posibles irregularidades en contrataciones y conflictos de interés. Las responsabilidades deberán acreditarse. Pero la exigencia política es clara: conocer quién decidió, quién autorizó, quién revisó y qué controles funcionaron o dejaron de funcionar.
Hay una consecuencia que me preocupa: una autoridad electoral cuestionada por el manejo de su dinero puede perder capacidad para fiscalizar el dinero de los partidos. Cada sanción corre el riesgo de convertirse en un intercambio de acusaciones. El fiscalizado encuentra cómo desacreditar al fiscalizador, aunque la sanción esté bien sustentada.
Esa es una forma de debilitar la autonomía. Un instituto puede conservar sus atribuciones legales y, al mismo tiempo, quedarse sin autoridad moral pública para ejercerlas. Entonces, el costo de una contratación irregular, si se demuestra, rebasa el dinero involucrado: compromete la confianza con la que se organiza la competencia política.
Morena en el gobierno tendrá que demostrar, en el relevo, cuánto respeta la independencia que dice defender. La oposición deberá exigir garantías verificables y resistirse a convertir la negociación en otro reparto de posiciones. Un nombramiento acordado entre partidos puede producir tranquilidad entre dirigentes sin ofrecer ninguna certeza adicional a los ciudadanos. Por lo tanto debemos como ciudadanos estar muy pendientes de quien pretenden que llegue al INE.
Yo pondría una condición: que quien llegue pueda investigar lo ocurrido sin deberle protección a nadie. Y que encontremos contratos accesibles, criterios de adjudicación claros, conflictos de interés declarados y consecuencias cuando se incumplan las reglas. La confianza necesita documentos que podamos revisar.
También hace falta recuperar algo de pudor político: entender que administrar una institución pública obliga a ponerse límites a sí mismos, antes de que llegue el escándalo.
Los ciudadanos necesitamos un árbitro capaz de incomodar a cualquier partido. Si después de Taddei cambia el nombre y permanecen las condiciones que permitieron esta crisis, habremos cambiado la fotografía mientras el problema sigue sentado en la silla.
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