
Por Manuel Gutiérrez.
En estas horas, el oro parece haber dejado por fin de ser el gran protagonista de la historia, el parámetro de valor monetario, de la estabilidad. La humanidad, en cambio se apresta a revivir ciclos que vienen desde antes de la era cristiana, y como daño implícito la posibilidad de la depreciación, deflación y las grandes depresiones. El oro esclavizó por 300 años como patrón la economía mundial.
Aún existen ganadores del premio Nobel de economía, Robert Mundell, 1999 que piensan que el oro volverá a regir, auguran un regreso de la dictadura áurea como moneda universal su falta “acosará la humanidad” de momento el monstruo vive en el calabozo.
Sigue activo el pensamiento de George Shaw cuando advirtió: “Al elegir entre la estabilidad del oro y la inteligencia del gobierno, opta por el oro” que ofrece credibilidad. El oro puede causar dinero caro, y el dinero caro una menguada actividad económica, con desempleo elevado, pero la tendencia mundial va en sentido contrario, flujos de crédito barato un tanto sombríos.
El metal sigue siendo para las dudas, un bálsamo de Fierabras (Quijote de la Mancha) capaz de volver a pegar un caballero partido de la mitad. De la misma forma, milagrosa, el oro es para la imaginación un remedio en que su acumulación garantiza la fortaleza de una moneda, o de una economía, aunque la población pase hambre
Las famosas reservas del metal solamente son conocidas por unos cuantos privilegiados, que tienen que ver con la moneda, con el Banco principal de una nación, o con la Tesorería del mismo no se usan en otra cosa que como tesoro inmóvil.
La causa científica de esa conducta económica está en el pensamiento de David Ricardo y de David Hume, que propiciaron la idea de que la certeza de un sistema económico, estaba en un culto al oro, el cual al acumularse en las reservas subterráneas de una nación, determinaría el valor de su moneda, y sería el reflejo de las actividades comerciales, con su incremento o su disminución, al partir a otras reservas como forma de pago. Eso se reforzó con el pensamiento de John Locke.
Fue en 1949 en Bretton Woods, cuando John Maynard Keynes, que como economista intento corregir esa equivocación en Inglaterra, país padre de la idea del patrón oro que viene desde la Biblia y la adoración de becerros de oro. Keynes indicó con Harry White, de la Tesorería de los Estados Unidos, que el “oro es una consecuencia de la prosperidad, no la causa de esta” y modificó la vigencia de ese sistema.
Parecería que el inmutable y maleable y dorado metal, no padecería los ciclos de la economía, pero un sistema económico y sus decisiones tienen el poder de extinguirlo. En 1999 el país con más oro del mundo, era y sigue siendo la India, con la posesión en ese año de 9 mil toneladas de oro…utilizado por los hindús, que lo disfrutan, en joyería, aretes, pulseras, collares, anillos, para ellos es una forma de demostrar la riqueza.
Se ha pensado que el oro puede ser un valladar contra la inflación. Pero lo obstinación por obtenerlo, puede deformar la más sólida económica, y generar inflación. La producción moderna, hace palidecer el oro recabado en su tiempo por España en América, y el colmo fue cuando las compañías mineras sometieron al mercado de futuros, la anticipadaproducción del metal. Esto cuando se produce su abundancia…propicia la baja de su precio.
Sólidos bancos se han afirmado en el metal como ancla pero muchos han perecido. Charles de Gaulle, era un presidente de Francia, Mariscal de la Segunda Guerra Mundial, que intentó la restauración del patrón oro en el mundo, con la preponderancia de Francia en medio del terror mundial, incluido el dólar al que intento doblar con el franco.
De Gaulle, que tomaba medidas radicales por la grandeza de Francia, que son recordadas por su exaltación en Quebec, en que reclamó la hegemonía francesa – algo que sucede a mandatarios cercanos a nosotros, en un mitin en que se emocionó por la exaltación nacionalista- lo que causó su expulsión, no grato por la soberanía británica, revivió algo que sigue siendo frontera entre los francos y sajones en Canadá.
De Gaulle, manifestaba que el oro, era signo de soberanía, y que el mundo debería retornar a las reservas para respaldar el papel. No hablaba de convertibilidad, el principio por el cual el papel moneda es factible cambiarse por metal aúreo, idea restringida sólo a instituciones, pero en la vida práctica es factible si se compra o vende, como adquirir centenarios en México.
La consecuencia del intento degaullista, fue la normatividad en las limitaciones de venta porque la banca mundial comenzó a liberar grandes cantidades de metal, su reserva nacional comenzó a perder.
Este bajó en su valor hasta un 60 por ciento. El mundo de inundó de 3 mil toneladas de oro liberadas por los sistemas financieros del mundo, o mejor dicho, de las potencias de siempre, porque fue la forma de terminar un intento llamado la “cuarta guerra mundial”, en que la especulación hizo que el oro alcanzara 850 dólares por onza, en 1980.
La increíble subida tuvo final en 1999 con descenso a 300dólares la onza, pero parecía la vuelta del oro como rector actualmente es de más de 32, 941.20 pesos mexicanos por una onza, y un valor de 66,460 pesos por un kilo (Que en tiempos de Porfirio Díaz, una moneda onza de oro era moneda circulante, que tiempos).
La riqueza cambio de manos a velocidades asombrosas, una revolución incruenta, desatada por la ambición de especular y ganar más con el oro, que arrastró a miles de norteamericanos y europeos una gran depresión, para acomodados que no se notó por el bienestar del capitalismo.
Parecería una conspiración mundial, la cuarta guerra mundial, como se conoce, precisamente planeada, rigurosamente ejecutada, en que la finanza era el fin de la política pública. Nixon, y luego, Regan actuó con su comisión de control del oro.
La Banca Suiza, los “Gnomos”de Zurich -que al igual que en Harry Potter, en Gringotts- custodiaban fortunas oficiales, privadas, sucias, en cuentas anónimas, (antes inviolables) decidió poner orden en la gran conflagración del oro.
Su reacción lo mismo que la relación económica entre Francia y Estados Unidos, anularon el sueño de De Gaulle llevado a especulación en 1980 y luego reventó la burbuja.
Suiza optó por vender, y por romper con el patrón oro en valor de la moneda, que a partir de esa fecha oficial se sustentaría en el mercado de cada nación, su producto interno bruto, su balanza de pagos, sus cuentas de exportación e importación.
Sin embargo no era nada nuevo, algo que aplicó con la pérdida de oro del Reichbank, en la crisis del Weimar, Jalmar Horace Schachts, el banquero y ministro de economía de Hitler, que puso fin a la hegemonía del patrón oro en el inicio de los años de 1932, pese a ser un dictador, Hitler nunca jugó con la estabilidad del marco y ni en la guerra, interfirió los esfuerzos de productividad bélica que confió al Arquitecto Albert Speer y nunca le falto dinero a los nazis, en plena guerra, algo hicieron bien con su economía.
Extraño que el dictador no arruinara el trabajo de los expertos en economía. Por algo el presidente López Obrador declaró que Hitler hizo arbitrariedades, porque le dejaron un país con una altísima inflación…
Capaz de meter a Adolfo Hitler como referencia, López, pese a su dirección personal en la guerra, moviendo generales y frentes como una partida de ajedrez contra todo mundo, evitó a jugar con la economía, o no hubiera durado tanto Alemania en la guerra.
Schachts fue absuelto en Nuremberg y Speer finalmente tuvo una pena relativamente corta y vendió sus memorias. Estos personajes demostraron que se podía romper con el patrón oro mundial y enseñaron que un sistema económico es más que una acumulación metálica. Keynes, de hecho advirtió eso desde el joven siglo XX, tal vez si lo leyeron.
En mayo de 1999, luego de una tradición de más de 300 años, que se remonta hasta antes de Enrique VIII, Inglaterrala madre del patrón oro se sumó al cambio. Disminuyó su reserva a 715 toneladas, y vendió 415 con una pérdida de un 4 por ciento en cada cotización.
Con ello puso fin a la era de Montagu Norman, el frío financiero del Banco de Inglaterra que engatuzo a Churchill, y lo alineó en la obsesión del oro, Inglaterra fue capaz de tener el mejor crédito del mundo, a la par de un millón y medio de desempleados y grandes penurias de la población, luego de la gran guerra y a lo largo de la historia británica.
Montagu fue capaz de sacrificar a Inglaterra a la inflación y al desempleo, y lo volvió a hacer después de la segunda guerra. Pero la era de Keynes, estaba por comenzar y al final de cuentas, reflexionó de sus empeños como banquero aúreo: “ No logramos nada” dijo al final de la aplicación de sus teorías junto a Otto Neumeyer, otro profeta del oro. Una causa paralela fue la inflación que de 1960 a 90 impuso variables en cada país.
Así fue como llegamos a Bretton Woods, sin patrón oro en el mundo actual, pero el oro sigue brillando y es referencia de valor todavía más. Quiza sería bueno hacer un AMLO de oro con una onza y dárselo a cada ciudadano….total es un estado que “regala”.
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